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Full text of "La revolución de la independencia del Paraguay"

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INDEPENDENQA DEL PARAGUAY 






LA REVOLUCIÓN 



INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY 



BLAS GARAY 



ooc o ^-^o 



MADRID 

EST. TIP. DE LA VIUDA É HIJOS DE TELLO 

IMPRESOR DK CÁMARA DE S. M. 



C. de San Francisco, 4 

1897 




< 



CAPÍTULO PRIiMERO 



REVOLUCIÓN DE BUENOS AIRES 



Situación crítica de España.— Noticia que de ella se tiene 
en el Río de la Plata.— El Virrey Cisneros: su manifies- 
to del 1 8 de Mayo. — Agitación pública.— Convocación 
del Cabildo abierto del 22: deposición del Virrey é ins- 
titución de una Junta de Gobierno por él presidida. — 
Descontento con que se la recibe. —El Cabildo la exhor- 
ta á que mantenga su autoridad. — Definitiva destitu- 
ción del Virrey; establecimiento de la Junta Provisional 
Gubernativa. 



La conquista de España parecía tocar á su 
término. Las huestes que sustentaban el trono 
del usurpador José 1, triunfaban por todas par- 
tes, y los ejércitos españoles marchaban de de- 
rrota en derrota. 

Los franceses, después de haber «logrado 
forzar el paso de la Sierra, tan justamente 
creída el antemural de las Andalucías, y de- 
rramándose sus tropas por aquellas fértiles 
provincias como un torrente que iodo lo arras- 



6 
tra, han llegado hasta las inmediaciones de la 
real isla de León, con el objeto de apoderarse 
de la importante plaza de Cádiz y del Gobierno 
Soberano que en ella ha encontrado su refu- 
gio.» (i). 

Poco tiempo fué menester, para que se cono- 
ciesen en las colonias de América estas infaus- 
tas nuevas, tan distantes de la inmarcesible glo- 
ria que las armas españolas habían de conquis- 
tar dentro de breve plazo en aquella misma 
guerra. Trá jolas y las difundió en Montevideo 
el 13 de Mayo de 1810 una fragata mercante in- 
glesa (2), y de ahí se propagaron rápidamente 
por todas las provincias. 

Buenos Aires, la capital del virreinato, ve- 
nía experimentando terrible y sorda fermenta- 
ción, y estas noticias fueron la chispa destina- 
da á prender fuego á la hoguera. El incendio 
estalló inmediatamente y con fuerza incontras- 
table. 

D. Baltasar Hidalgo de Cisneros y La Torre 



( 1 ) Manifiesto del Virrey Cisneros, que fué la causa 
ocasional de la Revolución de Mayo. Véase este documento 
en el Registro Nacional de la República Argentina, tomo I, 
pág. I , en donde está publicado. 

(2) Manifiesto de Cisneros, ya citado. Véase también 
á Mitre, Historia de Belgrano tomo I, pág. 506. 



7 
Ceijas y Jofre regía entonces los destinos del 
virreynato del Río de la Plata, que la Junta 
central de Sevilla le concedió el ii de Febrero 
de 1809 (i). Hermanábanse en él la prudencia 



(i) a. J. Carranza, en la nota (pág. 38) del libro 
impreso con el título de «Descripción histórica de la antigua 
provincia del Paraguay, por D. Mariano Antonio Molas.» 
Muy discutible cosa son la paternidad y el titulo de esta 
obra, que en dos ejemplares manuscritos que de ella se 
conservan, no tiene nombre de autor y sí únicamente el 
de Descripción de la Provincia del Paraguay. He publicado 
ya las muchas razones que existen para creer que no per- 
tenezca á Molas; pero no porque, en ausencia de datos que 
por ahora no tenemos, hayamos de considerarla anónima, 
merece menos crédito, pues está por regla general muy 
bien informada. Mis citas se refieren á la edición paragua- 
ya de 1880. (Imprenta de La Reforma,) 

Quien desee más amplias informaciones sobre la Des- 
cripción, puede consultar uno de los artículos de crítica 
publicados por y. de P. (D. Manuel Gondra), en el diario 
La Patria, de la Asunción, en los últimos días de Mayo y 
en los primeros de junio de 1894; la carta mía, datada en 
Madrid á 15 de Septiembre de 1896, dirigida á mi ¡lustre 
amigo el Excmo. Sr. Dr. D. Telmo Ichaso, antiguo Mi- 
nistro del Interior y de Hacienda de Bolivia, y Enviado 
extraordinario y Ministro plenipotenciario de su patria en 
el Paraguay y en la República Argentina, acreditado hoy 
en el mismo carácter ante este último país, carta que vio 
la luz en La Opinión en 3 de Noviembre de 1896; la que 
me escribió desde la Asunción D. Manuel Gondra, publi- 
cada en El Pueblo, número del 9 del mismo mes, y la con- 
testación que yo di á este mi querido amigo, que ha apa- 
recido también en La Opinión, núm. 648, corrcspondien- 



8 
y el valor, cualidades que se dan frecuente- 
mente unidas en los hombres de privilegiado 
espíritu, y es indudable que, si ellas solas hu- 
biesen bastado á hacer triunfar la causa de la 
metrópoli, suya habría sido la victoria. Con 
ánimo sereno vio cómo germinaban las ideas 
de libertad en los más esclarecidos patriotas; 
cómo iban ganando prosélitos en las masas 
populares; cómo se agitaban éstas, halagadas 
con la idea de darse un gobierno propio; pero 
más principalmente movidas del odio que por 
su situación privilegiada los europeos las inspi- 
raban, y vio también las fuerzas propias, y com- 
parándolas con las de la naciente revolución, 
que era impotente contra ella. Pero no por eso 
se entregó en brazos del desaliento: conven- 
cido de la imposibilidad de dominarla por la 
fuerza, echó mano á la habilidad: «apeló al 
único arbitrio que le quedaba: anticiparse en 



te al 27 de Enero de este año. A todo lo cual, sólo tengo 
que agregar un dato, confirmatorio de los que ya aduje en 
la última carta para probar que Molas estaba preso en el 
tiempo en que fué escrita la Descripción, es á saber, el 
testimonio del ciudadano paraguayo D. Manuel Pedro de 
Peña, que asi lo afirma terminantemente en un artículo ti- 
tulado Sucesos posteriores á la dictadura de Francia y ante- 
riores á la de Lópe:(, inserto, creo, en La Tribuna, de Bue- 
nos Aires. 



9 
parte á los deseos del pueblo para prevenir por 
este medio la revolución y retardarla, si era po- 
sible.» (i). No ocultó, pues, ninguna de las 
desconsoladoras novedades que acababan de 
saberse, y el i8 expidió una proclama, en que, 
al abrigo de una aparente abdicación, buscaba 
asegurarse en el poder. cEn el desgraciado ca- 
so—decía — de una total pérdida de la penín- 
sula y falta del Supremo Gobierno, no tomará 
esta superioridad determinación alguna que 
no sea previamente acordada en unión de to- 
das las representaciones de esta capital, á que 
posteriormente se reúnan las de sus Provincias 
dependientes, entre tanto que, de acuerdo con 
los demás virreynatos, se establece una repre- 
sentación de la soberanía del Señor Don Fer- 
nando Séptimo.» (2). Era cel más prudente me- 
dio de consolar á los buenos; de calmar la in- 
quietud de los ilusos; de desengañar á los se- 
ducidos, y de quitar todo pretexto á los mal- 
vados; pero ella no produjo en los últimos el 
efecto deseado: la obra estaba meditada y re- 
suelta.» (3). El pueblo exigió que se convocara 



(i) Mitre, loe. cit. 

(2] Manifiesto de Cisneros^ ya citado. 

(3) Informe de Cisneros datado á 22 de Junio de 1810. 



10 

un Cabildo abierto ( i ), que tomase providencias 
sobre los obscuros destinos de la patria; pro- 
curase conjurar los males y desastres que la 
amenazaban, y determinara sobre la forma del 
Gobierno que había en lo sucesivo de regirla. 
El Ayuntamiento se hizo el vocero de estos 
deseos, y pidió al Virrey {21 de Mayo) el per- 
miso para satisfacerlos. No se atrevió Cisneros 
á negarle, y autorizó la convocación; pero pre- 
viendo ya los sucesos que iban á desarrollarse 
muy luego, exhortó al Cabildo á esforzar, de- 
cía la respuesta que le dio el mismo día, «to- 
do el celo que lo caracteriza y distingue, á fin 
de que nada se ejecute ni acuerde que no sea 



MS. Arch. Indias, cit. por Mitre, Historia de Belgrano, 
tomo I, pág. 307 (notaj. 

(i) Todo cuanto en adelante diga sobre las ocurren- 
cias de Buenos Aires y las sesiones de sus Cabildos en los 
días transcurridos entre el 21 y el 25 (inclusives) de Ma- 
yo, está tomado de las actas de esa ilustre Corporación, 
que fueron publicadas en el Registro Nacional de la Re~ 
piíblica Argentina^ tomo 1, págs, 2 á 22, y por Angelis, 
Actas capitulares (tomo 111 de su Colección). El Archivo 
Americano reproduce en su núm 6 el acta del 25 de Ma- 
yo (pág, 85]. Puede consultarse también sobre esto mismo 
á Mitre, ob. cit., capítulos IX y X; á López, Historia de 
la República Argentina, tomo 111, cap. I, y las circulares 
emanadas del nuevo gobierno, que se mencionan más 
adelante. 



II 

en obsequio del mejor servicio de nuestro ama- 
do Soberano el Sr. D. Fernando Vil, integri- 
dad de estos sus dominios, y completa obe- 
diencia ai supremo gobierno nacional que lo 
represente durante su cautividad.» 

Entre tanto, la conmoción popular subía de 
punto, hasta que la calmó, pero sólo en muy 
pequeño grado, la noticia de la prudente acti- 
tud del Virrey. El Cabildo abierto, á que fué 
citada «la parte principal y más sana del pue- 
blo», se reunió el 22, á las nueve de la maña- 
na, presidido por el Ayuntamiento, que le 
proclamó y recomendó huyera tsiempre de 
tocar en cualquiera extremo, que nunca deja 
de ser peligroso.» Largas y airadas réplicas, re- 
flejo de los encontrados odios que aún pugna- 
ban por contenerse, pero que estaban próxi- 
mos á estallar con toda su violencia, turbaron 
la serenidad de las deliberaciones, hasta que 
las puso término la votación. Pasadas las doce 
de la noche, la Asamblea resolvió dejar para 
el día siguiente el escrutinio y la subscripción 
del acta; pero el resultado no podía ser dudo- 
so, y así fué que, invocando las ocurrencias 
sobrevinientes, no esperó el Cabildo la nueva 
reunión, y en las primeras horas del 23 acor- 
dó proceder al recuento de los sufragios, como 



12 

en efecto lo hizo, tresultando, á pluralidad 
con exceso, que el Excmo. Sr. Virrey debe 
cesar en el mando, y recaer éste provisional- 
mente en el Excmo. Cabildo hasta la erec- 
ción de una Junta que ha de formar el mismo 
Excmo. Cabildo en la manera que estime con- 
veniente, la cual haya de encargarse del man- 
do, mientras se congregan los Diputados que 
se han de convocar de las provincias interio- 
res, para establecer la forma de gobierno que 
corresponda. Y los Señores (del Cabildo), tra- 
tando de conciliar los respetos de la Autoridad 
Superior con el bien general de estas intere- 
santes provincias, propendiendo á su unión 
con la capital y á conservar franca la comuni- 
cación con las demás del continente, cuyo ob- 
jeto jamás ha podido perderse de vista, acor- 
daron que, sin embargo de haber, á pluralidad 
de votos, cesado en el mando el Excmo. Sr. Vi- 
rrey, no sea separado absolutamente, sino que 
se le nombren acompañados, con quienes haya 
de gobernar hasta la congregación de los Dipu- 
tados del Virreynato.» 

Hubo Cisneros de avenirse á este acomoda- 
miento, ya que no tenía cómo resistirle, y el 24 
resolvió el Cabildo «que continúe en el mando 
el Excmo. Sr, Virrey, D. Baltasar Hidalgo de 



13 
Gisneros, asociado de los señores; el Dr. D. Juan 
Nepomuceno de Sola, Cura rector de la parro- 
quia de Nuestra Señora de Monserrat, de esta 
ciudad; el Dr. D. Juan José Castelli, Abogado 
de esta Real Audiencia Pretorial; D. Cornelio 
de Saavedra, Comandante del Cuerpo de Pa- 
tricios, y D. José Santos de Inchaurregui, de 
este vecindario y comercio; cuya Corporación 
ó Junta ha de presidir el referido Sr. Excelen- 
tísimo Virrey, con voto en ella, conservando 
en lo demás su renta y altas prerrogativas de 
su dignidad, mientras se erige la Junta gene- 
ral del Virreynato.» Los Comandantes de los 
Cuerpos de la guarnición se conformaron con 
este arreglo; pero el pueblo, que esperaba algo 
más radical, no lo apreció del mismo modo; 
se amotinó al conocerlo; arrancó de las pare- 
des los carteles que promulgaban la instalación 
de la Junta, y ésta se vio precisada á dimitir 
aquella misma noche, para que el Ayuntamien- 
to pudiera poner sus ojos en personas que me- 
reciesen la confianza pública, de que carecían 
los electos. 

Quiso el Cabildo dar punto á sus compla- 
cencias y contemporizaciones, é intimó á la 
Junta de gobierno que ejerciese la autoridad 
que había jurado mantener, y (fde la cual, le 



14 
decía en oficio del 25, no tiene V. E. facultad 
para desprenderse ; teniendo V. E. las fuer- 
zas á su disposición, está en la estrecha obliga- 
ción de sostener su autoridad, tomándolas pro- 
videncias más activas y vigorosas para contener 
esa parte descontenta; y de lo contrario, este 
Ayuntamiento hace responsable á V. E. de las 
funestas consecuencias que pueda causar cual- 
quiera variación en lo resuelto.» 

La agitación crecía: el pueblo se agolpaba á 
los corredores de las casas capitulares y repre- 
sentaba al Ayuntamiento, por medio de dipu- 
tados, que en manera alguna consentiría la 
permanencia de Cisneros en el poder, y menos 
aún que estuviese á su cargo el mando de las 
armas; los Comandantes, consultados por el 
Cabildo, que deseaba saber si los tenía de su 
parte, para decidirse á emplear la fuerza y ha- 
cer respetar sus deliberaciones, declaraban 
«que no sólo no podían sostener el Gobierno 
establecido, pero ni aun sostenerse á sí mis- 
mos ni evitar los insultos que podrían ha- 
cerse al Excmo. Cabildo.» Pidióse entonces 
por éste á Cisneros que hiciese «absoluta di- 
misión del mando», y el Virrey la hizo. Pero 
ya no se limitaban á su deposición las miras 
de los revolucionarios, quienes, acusando al 



í5 
Ayuntamiento de haber usado infielmente los 
poderes que le fueron concedidos, se los reti- 
raron, delegándolos en una nueva Junta PrO' 
visionaU presidida por D. Cornelio Saavedra, 
y de la cual eran Vocales el Dr. D. Juan José 
Castelli, el Licenciado D. Manuel Belgrano, 
D. Miguel de Azcuénaga, el Dr. D. Manuel Al- 
berti, D. Domingo Mateu y D. Juan de Larrea, 
y Secretarios los Dres. D. Juan José Passo y 
D. Mariano Moreno, y que, aceptada por aquél, 
se instaló ese día mismo en nombre de Fer- 
nando Vil, en cuya representación empezó á 
gobernar, mientras llegaba la resolución del 
Congreso, que iba á ser inmediatamente con- 
vocado. 



CAPITULO II 

RESISTENCIA DEL PARAGUAY CONTRA 
LA JUNTA PROVISIONAL 

Resistencia opuesta por algunas provincias al reconocimien- 
to de la Junta Provisional de Buenos Aires. —Actitud hos- 
til del Paraguay: misión de Espinóla: odiosidad de este 
personaje: su torpeza: su fracaso —Convocación y reu- 
nión de la Junta General de la Provincia: sus acuerdos: 
comunicación hecha de ellos á la Junta Provisional.— 
Preparativos bélicos del Gobernador del Paraguay.— 
Tentativas é intimaciones de lajunta de Buenos Aires 
para hacerle acatar su autoridad. — Supremacía del Ca- 
bildo de la Asunción. —Disposiciones de resistencia con- 
tra Buenos Aires. — Negativa de reconocimiento de la 
Junta Provisional por parte del Perú. 

La Junta Provisional el 27 de Mayo, y el 
Cabildo de Buenos Aires el 29, dirigieron cir- 
culares á las provincias (i), exhortándolas á 

(i) En la Descripción de la Provincia del Paraguay, ya 
mencionada, están transcriptas ambas (págs. 57 y siguien- 
tes). Véanse además El Paraguayo Independiente, tomo I, 
pág. 4> y el Registro Nacional citado, tomo I, pág. 25, que 
contiene la del 27. 

2 



i8 
reconocer el nuevo gobierno y á enviar sus 
diputados á la capital. «El pueblo de Buenos 
Ayres, decía el Cabildo, no pretende usurpar 
los derechos de los demás del virreynato: pre- 
tende, sí, sostenerlos contra los usurpadores.» 
Pero no todos interpretaron en igual sentido 
aquella transcendental revolución, en que no 
habían tenido parte, y de la cual sólo poste- 
riormente fueron avisados, ni produjo en ellos 
el mismo efecto la disposición de la Junta á 
someterlos por la fuerza. El Paraguay y Mon- 
tevideo se resistieron á prestar la reclamada 
obediencia. D. Bernardo de Velasco, á la sa- 
zón Gobernador Intendente del Paraguay y 
Misiones, reunió el Cabildo de la Asunción para 
escuchar su parecer sobre el oficio de la Junta, 
y el ilustre Cuerpo, al cual se hallan vincula- 
das las más gloriosas tradiciones de nuestra 
vida política colonial, informó el 26 de Junio 
«que tratándose de un asunto extraordinario 
de la mayor gravedad, y en cuya resolución se 
interesaba toda la provincia, convenía proce- 
der con toda madurez y circunspección, cono- 
ciendo fielmente su voluntad, y que para ello 
se convocase una asamblea general del clero, 
oficiales militares, magistrados, corporaciones, 
hombres literatos y vecinos propietarios de 



19 
toda la jurisdicción, para que decidiesen lo que 
fuese justo y conveniente.» (i). 

De acuerdo con este dictamen, el Goberna- 
dor y el Cabildo contestaron el 17 de Julio á la 
Junta de Buenos Aires que «considerando la 
grabedad del asunto, y q.e su desicion no debe 
ser obra de su particular discernim.to sino del 
voto meditado de toda la Provincia represen- 
tada en los Diputados de sus Villas, Poblacio- 
nes y principales vecinos, ha acordado cele- 
brar un Congreso general el 24 del corr.te para 
resolver tan importante y delicada materia, de 
cuyo resultado daremos á V. E. oportuno avi- 
so.» (2). Otra nota, en parecidos términos con- 
cebida, fué pasada en la misma fecha á los 
«Sres. Reg.te y Oydor.s de la R.i Audiencia de 
Buenos Ayres.» (3). 

Fácil era prever ese resultado. El espíritu de 
independencia, de que siempre dio el Paraguay 



(i) MS. del Archivo Nacional: bando del 28 de Junio, 
que es la convocatoria para la asamblea; El Paraguayo 
Independiente, tomo I, pág. 4; Du Graty, La République 
du Paraguay, pág. 64. 

(2) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires; 
El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 4, y el Registro 
Nacional de la República Argentina, tomo I, pág. 56, que 
trae integro este oficio. 

(3) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires. 



20 

patentes pruebas, se sublevó contra toda idea 
de anexión ó sometimiento al nuevo gobierno 
implantado en la capital del virreynato, así que 
por las convocatorias para el Congreso se co- 
nocieron sus miras, y la elección que la Junta 
efectuó en D. José de Espinóla y Peña, Coro- 
nel del regimiento voluntario de milicias de 
Costa abajo, para mensajero suyo y portador 
de sus pliegos, no hizo, al contrario de lo que 
con ella se había esperado conseguir, otra cosa 
que agravar la malquerencia inspirada por su 
causa. No eran los talentos diplomáticos la 
cualidad sobresaliente en Espinóla, ni sus an- 
tecedentes en el Paraguay le recomendaban á 
las simpatías populares. «Hombre ordinario, 
violento, arrogante, ambicioso é ignorante» (i), 
según el testimonio de un contemporáneo, «no 
había, al decir de otro, un viviente más odiado 
de los paraguayos.» (2). Instrumento del tiráni- 
co é inmoral Gobierno de D. Lázaro de Ribe- 
ra, tirano él mismo y codicioso, su paso por la 
Comandancia de Villa Real y su frontera le se- 



(i) Descripc. Prov. Parag., cit,^ pág. 39. 

(2) «Notas del Dr. D. Pedro Somellera sobre la parte 
del Ensayo histórico, relativa á la revolución del Paraguay.» 
Publicáronse como apéndice de la obra de Rengger, ed. 
Buenos Aircs^ 1883. Véase pág. 189 (nota). 



21 

ñaló á la execración de los moradores de aque 
departamento, y los otros empleos que ejerció, 
á la de toda la provincia, de la cual se había 
visto precisado á salir casi huyendo (i). Según 

(i) El odio que al nombre de Espinóla perseguía esta- 
ba justificadísimo. Favorito de Ribera, partícipe de sus 
inmoralidades, lo fué también de su desprestigio. Expira- 
do el plazo por que había sido Espinóla provisto Subdele- 
gado de Santiago, consiguió Ribera con sus amaños que 
se lo prorrogaran por un quinquenio más, sin llenar nin- 
guno de los largos trámites y numerosos requisitos que las 
previsoras, pero muy mal observadas, leyes coloniales es- 
pañolas exigían para la reelección. Por esto y «porque son 
repetidas las quejas que se me han dado, dice el Marqués 
de Aviles en su oficio del i8 de Agosto de 1799, del des- 
pótico Gobierno del mismo Espinóla acerca de los servi- 
cios de su particular ínteres en que emplea á los natura- 
les, usurpación de sus terrenos, y otras vejaciones, y vio- 
lencias que les infiere», mandaba el Virrey al Gobernador 
que averiguara su conducta y se la hiciera reformar, «en 
inteligencia, agrega, de q.e repitiéndose las quejas de su 
proceder, y calificadas en suficientes términos, le haré 
cesar en dicha subdelegacion, y procederé á lo demás que 
corresponda en Justicia.» A consecuencia de esta orden, 
se hizo una investigación secreta con las autoridades de 
los pueblos del mando de Espinóla, que le resultó en todo 
favorable, sin duda porque nadie osaba desafiar la ira del 
protegido de Ribera y porque muchos de los declarantes 
tendrían su parte en los abusos de que habla el oficio men- 
cionado. Envalentonado con su fácil triunfo, Espinóla se 
quejó amargamente al Virrey de la poca consideración que 
se le guardaba, y declaró su firme propósito, nunca cum- 
plido, de renunciar á todos sus empleos, así que, justifi- 



22 

informaba de él Velasco, su carácter le hacía 
«poco apropósito p." obtener mando», por- 
que era «de la clase de aquellos, que manifes- 



cada su conducta, pudiera hacerlo sin menoscabo de su 
buen nombre. (Consta todo esto en el expediente de la 
pesquisa, que existe en el Archivo del Gobierno de Bue- 
nos Aires, vo), 27, núm, 44.) Cesante Ribera, le sucedió 
Velasco, cuya honradez era incompatible con los hábitos 
de Espinóla, y habiendo llegado á sus oidos «los tristes la- 
mentos de los Pobladores de Villa R.i hasta entonces 
oprimidos por el despótico manejo del expresado Coronel, 
que tenia en comisión aquella Comandancia,.... y estando 
bien convencido de las extorciones que en todos tiempos 
ha causado á los infelices abusando de su poder», le re- 
emplazó con D. Carlos Genovés, cambio que acogieron 
con júbilo todos los moradores del departamento. (MS. del 
Archivo del Gobierno de Buenos Aires: oficio de Velasco al 
Virrey Cisneros en 20 de Agosto de 1807.) Pero Espinóla, 
gracias á sus intrigas, consiguió que se le restituyera su 
puesto por el Virrey Marqués de Sobremonte en provi- 
dencia de 15 de Diciembre de 1806 (MS. del Archivo del 
Gobierno de Buenos Aires: oficio de Velasco á Cisneros, fe- 
chado el 19 de Mayo de 1810), «de cuyas resultas, dice 
Velasco en su citado oficio de 20 de Agosto de 1807, 
se halla en el dia aquella Villa en su antigua lastimosa si- 
tuación como todo se manifiesta del Exped.^ que paso 
á manos de V. E. en nueve foxas útiles». Posteriormente 
fué otra vez separado Espinóla de aquel cargo y sustituí- 
do por D. Francisco María Rodríguez; y entonces pasó 
á Buenos Aires á gestionar su reposición, lo que, sabido 
por el Cabildo, dio lugar á que en Marzo de 18 10 repre- 
sentara al Virrey en su contra, «por q.o no conviene al 
servicio de ambas Magestades, y bien de estos leales vasa- 



23 

tando demasiada sumisión á los Gefes superio- 
res, se indemnizan de lo que padece su amor 
propio con el despotismo y opresión de los su- 
balternos é inferiores — y agrega,— esta ha sido 
su conducta de que tengo repetidas prue- 
bas.» (•). Pero supo, haciendo valer la posición 
que había ocupado y su alta jerarquía militar, 
seducir á la Junta de Buenos Aires, á la cual 
juró inmediatamente obediencia, y ésta, cre- 
yendo conquistar en él un valioso elemento y 
auxiliar de sus planes, le dio el empleo de Co- 
mandante general del Paraguay en una cre- 
dencial secreta, en que se le autorizaba á remo- 
ver del mando á Velascoy suplantarle (2). Así 
provisto, Espinóla llegó á Villa del Pilar, en 



líos, que el referido Gefe obtenga este, ni algún otro man- 
do, politico, por sus procederes», y también por ser su ca- 
rácter «nada adequado a mandar». (MMSS. del Archivo 
del Gobierno de Buenos Aires.) Enterado de las pretensio- 
nes de Espinóla, escribia también Velasco al Virrey que 
«su solicitud ademas de ser intempestiva es poco deco- 
rosa á esa Superioridad, que ocasionará un disgusto gene- 
ral en esta Provincia si accediera á ella». (MS. del Archi- 
vo del Gobierno de Buenos Aires: oficio cit. de 19 de Mayo.) 

(i) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires: ofi- 
cio reservado de Velasco al Virrey Cisneros, datado tam- 
bién el 19 de Mayo de 1810. 

(2) Descripc. Prov. Parag., pág. 39; Zinny, Historia 
de los Gobernantes del Paraguay^ pág. 222. 



24 

donde convocó á los individuos del Cabildo, 
los obligó á reconocer y jurar la Junta Provi- 
sional y expidió órdenes citatorias para reunir 
tropas en que apoyarse y que enviar á Buenos 
Aires (i), siendo en tal grado su conducta tor- 
pe, que alarmó á toda la campaña, subleván- 
dola con las voces de que iba á hacerse un nu- 
meroso reclutamiento para socorro de la Junta 
Provisional, lo que obligó á Velasco á expedir 
un bando el 2 de Julio (2), á fin de tranquili- 
zar á sus habitantes, asegurándoles que «si 
llega el caso de que esta Fiel Provincia tenga 
que usar de las armas para hacer respetar los 
dros. de Nuestro legitimo Monarca el Sr. D.n 
Fernando Séptimo (que Dios guarde) su Go- 
vernador y los principales vecinos nos pon- 
dremos al frente, y participaremos de la gloria 
que nos proporcionará el valor, Patriotismo, y 
fidelidad que en todo tiempo han manifestado 
estos Provincianos, quando se les ha puesto 
en la necesidad de defender sus hogares. » 

Del Pilar, Espinóla pasó á la capital, en don- 
de entregó los oficios de que era portador, á 

(i) MS. del Archivo Nacional: nota del 29 de Enero 
de 1812 á la Junta Provisional de Buenos Aires; Descripc. 
Prov. Parag,, pág. 39; Zinny, ob. cit., pág. 222. 

(2) MS. del Archivo Nacional. 



25 

excepción de su credencial secreta; mas co- 
metió la imprudencia de mostrarla á alguien, 
que se apresuró á denunciarle (i). 

Comprendió Velasco que al aceptar la remo- 
ción del Virrey, decretaba la suya propia, como 
su natural consecuencia, y el nombramiento 
de Espinóla le confirmó en sus sospechas so- 
bre las intenciones absorbentes y poco leales 
de Buenos Aires. Intimó, pues, al emisario 
porteño que se retirase para Villa Real, en don- 
de se proponía tenerle recluido (2); pero Espi- 
nóla supo componérselas de tal suerte, que en 
vez de tomar aguas arriba, siguió el río para 
abajo (3). Velasco despachó entonces en su 
persecución, el 10 de Julio, con doce indivi- 
duos de tropa, al Teniente Rafael Zavala Ro- 
dríguez Peña; en Villeta le informaron que el 
Coronel había pasado ese día con sus compa- 
ñeros por ahí, arrastrando gentes y caballos, y 
yendo en su seguimiento en cuatro canoas, en- 
contró su barco anclado en el Timbó, del lado 
del Chaco. Zavala no se atrevió á intimarle 
que se diera preso, porque sabía que estaba el 



(i) Descripc. Prov. Parag., pág. 40; Zinny, loe. c¡t, 

(2) Descripc. Prov. Parag. y Zinny, loe. cit. 

(3) Descripc. y Zinny, loe. eit. 



26 

fugitivo bien provisto de armas, é indignado 
de su cobardía el Sargento de artilleros Pedro 
Fernández (i), consiguió que le entregara la or- 
den para cumplirla él. Éste requirió entonces 
los auxilios del Comandante de Armas de 
Neembucú: los obtuvo, haciéndose responsa- 
ble de las consecuencias, y llegada la noche, 
se dirigió al buque de Espinóla, mas no logró 
capturarle. El enviado de Buenos Aires mató á 
un cabo de artillería, de nombre Tomás Sans, 
é hirió á dos soldados más (2), actos que poco 



(i) Fernández debía de merecer muy favorable con- 
cepto á los principales jefes del ejército paraguayo. Fe- 
rrar, en una comunicación á Velasco, datada en Neem- 
bucú á 6 de Octubre de 1870, dice: «Conviene mucho el 
q.e esté en esta el Sarg.t» de Artillería D.» Pedro Fern.^ y 
el Sarg.t» D.» Mari." Mallada, el i.** p.» enseñar y correr 
con la Artillería, y el 2." p.* q.® enseñe el ejercicio á la 
gente, p.« que en caso de haver alg.» nobedad atender a 
qualqui.a punto que llame la atens."!» (MS. Arch. Nac.) 
Por su parte, Velasco, al dar á Elío cuenta de la batalla de 
Tacuary, escribe: «Al amanecer del 9 empezó el fuego de 
la artillería, que con un pequeño trozo de tropa había 
quedado en la costa del Norte de dicho río, frente del 
campamento enemigo, para llamar la atención hacia aquel 
punto, que mandaban el comandante de caballería D. Juan 
Antonio Caballero, y el sárjente veterano de artillería Pe- 
dro Fernández» CD^cn^c, pág. 76). 

(2) MS. del Archivo Nacional: informe del Comandan- 
te de Neembucú, Sebastián Esteche, 



27 

después fueron durísima, cruelmente venga- 
dos, porque hecho prisionero su hijo Ramón 
en Paraguary, fué degollado, y su cabeza, pues- 
ta en una pica, paseada por los caminos y pre- 
sentada á Velasco: tal era la odiosidad que esta 
familia inspiraba (i). 

Escapó Espinóla, y fué en su fuga prorrum- 
piendo en terribles amenazas y anunciando la 
expedición conquistadora, quemas tarde trajo 
Belgrano, por todo lo cual dirigió Velasco á 
los Comandantes y Comisionados de los pue- 
blos de Costa abajo la circular de 18 de Agos- 
to, en que declaró á aquel mal patriota, sus- 
penso del mando que á su graduación corres- 
pondía, advirtiendo que «se tendrá por sospe- 
choso de complicidad al que le obedezca, au- 
xilie, ó de cualquier modo perturbe la pública 
tranquilidad con las especies, que divulgó diri- 
gidas á desunir los ánimos, y á formar Partidos 
perniciosos.» (2). 

(i) Parte de Velasco al Gobernador de Montevideo, 
D. Gaspar Vigodet, sobre la batalla de Paraguary, publi- 
cado en la Descripc. Prov. Parag., pág. 75; carta de Bel- 
grano al Presidente de la Junta Provisional, publicada 
también en esta obra, pág. 80; Memoria de Belgrano so- 
bre su campaña en el Paraguay, en la misma, pág. 93; Mi- 
tre, ob. cit., tomo I, pág. 379. 

(2) MS. del Archivo Nacional. 



28 

Entre tanto, obediente el Gobernador al pa- 
recer del Cabildo, expidió el 28 de Junio un 
manifiesto, en el cual comunicó al pueblo que 
«por quanto para proceder con la madurez 
y circunspección devida al reconocim.to de 
la Junta Provisional Guvernativa instalada en 
Buen.s Ay.s á consecuencia de la abdicación 
del mando hecha por el Exmo. Sor. D.n Bal- 
thasar Hidalgo de Cisneros, y elección de Di- 
putado que deve pasar á aquella Capital como 
Representante de esta Prov.* p.* tratar del Go- 
v.no que en nombre del Sor. D.n Fernando 
Séptimo deba establecerse mientras duren las 
actuales circunstancias: se ha acordado en Ca- 
v.do celebrado con mi asistencia el veinte y seis 
del corr.te la combocacion de una Junta gral. 
que se congregará el dia quatro de Julio próxi- 
mo á las ocho de la mañana en las casas R.s de 
Gov.no, y se compondrá del Rv.do Obispo, Cle- 
ro, Corporaciones, Gefes, Magistrados, y de los 

prales. vecinos de esta Prov.* y ninguno de 

los citados pueda escusarse de asistir á la men- 
cionada Junta sin incurrir en la negra nota de 
indiferente p.r el serv.° del Rey Nro. Sor. D.n 
Fernando Séptimo, y felicidad de la Patria,» { i ). 

(i) MS, del Archivo Nacional 



29 

El plazo era muy breve y grande la trans- 
cendencia de la cuestión que iba á ser debati- 
da en el Congreso. Importaba, pues, mucho 
que ninguno de los pueblos de la República 
dejara de enviar sus representantes, y para que 
pudiesen concurrir todos cómodamente, fué 
su reunión postergada, por bando de 2 de 
Julio, hasta el 24 del mismo (i). 

Juntos en este día los invitados en el Colegio 
Seminario, con la presencia del Cabildo, y pre- 
sidida la asamblea por Velasco, se leyó una 
proclama en que la Municipalidad de la Asun- 
ción explicaba los motivos de la convocatoria; 
daba cuenta de las últimas nuevas déla Pe- 
nínsula, favorables á la causa nacional, y acon- 
sejaba las providencias que creía necesario 
tomar para hacer frente á los apremios de la 
situación y mantener ilesos los derechos y po- 
sesiones del nuevo Monarca (2). 

El Congreso general de la provincia, por 
unánime aclamación de más de doscientos vo- 
cales que asistieron á él, desestimando el pa- 
recer del Dr. D. Gaspar Rodríguez de Francia, 



(i) MS. del Archivo Nacional. 
(2) Está publicada íntegramente en la Descripc. Prov. 
Parag,, pág. 40. 



30 
que opinaba que la autoridad del gobierno es- 
pañol en el Paraguay había caducado (i), adop- 
tó y sancionó las proposiciones del Cabildo, y 
resolvió «que inmediatamente y sin disolverse 
esta Junta se proceda al reconocimiento y so- 
lemne Jura del Supremo Consejo de Regencia 
Legitimo Representante de Ntro. Soberano el 
Sor. D. Fernando Séptimo, respecto á que se- 
gún los incontestables documentos que se han 
leydo y tenido presentes, no puede dudarse de 
su legitima instalación y reconocimiento por 
las Prov.as de España, Naciones aliadas y hasta 
en este mismo continente. Que se guarde ar- 
moniosa correspondencia y fraternal amistad 
con la Junta Provisional de Buenos Ayres, sus- 
pendiendo todo reconocimiento de superiori- 
dad en ella hasta tanto que S. M. resuelva lo 
que sea de su soberano agrado en vista de los 
Pliegos que la expresada Junta Provisional 
dice haber embiado con un oficial al Gov.no 
Soberano legitimam.te establecido en España 
y del parte que se dará por esta Prov.a Que 
en atención á estarnos asechando la Potencia 
vecina según manifiesta la misma Junta, dis- 
ponga Ntro. Gov.or y Comand.te Gral. se for- 

(i) Somellera, Notas á Rengger (pág. 200, ed. 1883.) 



31 
me á la mayor brevedad una Junta de Guerra 
para tratar y poner inmediatamente en exe- 
CLicion los medios que se adapten para la de- 
fensa de esta Provincia que en prueba de su 
ñdelidad al REY está pronta á sacrificar las 
vidas y haciendas de sus Habitantes por la con- 
serbacion de los dominios de S. M. Que se dé 
cuenta al Supremo Consejo de la Regencia y 
se conteste á la Junta Provisional de Buenos 
Ayres con arreglo á lo resuelto y acordado en 
esta Acta que original se archivará para per- 
petua memoria.» (i). Hecho el juramento, se 
disolvió el Congreso, decretando el Goberna- 
dor un Te Deumé iluminaciones por el acier- 
to con que se expidió (2}. 

Apresuróse Velasco á poner en conocimien- 
to de la Junta Provisional estas determinado • 
nes, comunicándoselas, conjuntamente con el 
Cabildo, por oficio del 27 de Julio (3), y el 

(1) MMSS. del archivo Nacional: oficio de la Junta 
al Cabildo en 26 de Julio; bando del 27; Dcscripc. Prov. 
Perag., pág. 42; El Paraguayo Independiente, tomo I, pá- 
gina 4; Zinny, ob. cit., pág. 223; Du Graty, ob. cit., 
pág. 64. 

(2) MS. del Archivo Nacional: bando del 24. 

(3) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires, 
Está reproducido íntegro en el Registro Nacional de la Re- 
píiblica Argentina, tomo I, pág. 57. Véase además El Pa~ 



32 

mismo día hizo pregonar un manifiesto en que, 
después de participarlas también al pueblo, 
aconsejaba que «se evite toda discusión y con- 
troversia sobre puntos ya decididos por el jui- 
cio general de la Provincia, en el concepto que 
se considerará como Reo de estado á el que 
directa ó indirectamente por Escrito ó de pa- 
labra intente perturbar la tranquilidad publi- 
ca, formando corrillos y persuadiendo ideas 
contrarias ó que debiliten la preinserta deter- 
minación.» (i). Empezó luego sus bélicos apres- 
tos, y en 30 de Julio publicó otra proclama, en 
que anunciaba á los paraguayos que había lle- 
gado el momento de alistarse «para quando la 
Patria los necesite»; que él sería el Comandan- 
te del cuerpo que se formara, dándose un se- 
gundo para su gobierno económico; que su 
fuerza efectiva será la de «todos los ciudada- 
nos y abitantes sin distinción de patricios ni 
forasteros: Todos, decía, somos españoles y 
todos hermanos, y todos tenemos la mas sa- 
grada obligación de trabajar y morir por la 
Patria.» Acreditaba también de parte suya al 



raguayo Independiente, tomo I, pág. 4, y Du Graty, ob. 
cit., pág. 64. 
(i) MS. del Archivo Nacional. 



33 
Capitán D. Garlos Genovés, y de la del Cabildo 
al Regidor D. José García del Barrio, para que 
empezasen «á formar la lista y reseña de los 
Individuos de esta Ciudad, tomando raz.n al 
mismo tiempo de las armas que tengan los 
particulares.» (i). Y firme en estos propósitos, 
expidió el decreto de 8 de Agosto, en el cual 
dispuso que no se gastase pólvora ninguna 
en cohetes ni fuegos artificiales, por haberse 
de necesitarla toda para la defensa de la Pro- 
vincia; prohibió á los almacenes que la ven- 
dieran á los particulares; que se disparasen 
tiros en la ciudad, y que se transitara por las 
calles después del toque de queda, bajo aper- 
cibimiento de una multa de veinticinco pesos 
plata los españoles, y para la gente de co- 
lor (da pena arbitraria que se halle arregla- 
da,» (2). 

Por este tiempo se recibieron dos oficios cir- 
culares de Buenos Aires, datados el 18 de Ju- 
lio, «relatibos á las calidades q.e deben con- 
currir en el Diputado que se nombre para 
miembro de esa Junta, y son las mismas que 
se prescriben en la R.i Orden de 6 de Octubre 



(i) MS. del Archivo 'Nacional. 
(2) MS. del Archivo Nacional, 



34 
de 1809.» (i). Pero el Ayuntamiento, respetan- 
do las anteriores decisiones de la Provincia, 
contestó el 18 de Agosto: «este Cavildo les dará 
el devido cumplim.to luego q.e S. M. lo orde- 
ne, como se acordó en la Junta General de 24 
del pasado, de que se avisó á V. Ex.* parti- 
cipándole aora para su satisfacción, y con- 
suelo, que haviendose recivido la R.i Cédula 
original de la erección del Supremo Consejo 
de Regencia, fha. en la R.i Isla de León á 24 
de Febrero ultimo dirigida á este Illmo. Pre- 
lado, se reconoció, y publicó de nuebo este 
Gov.no Soberano, á cuyas ordenes se halla su- 
misa y sujeta toda esta Provincia.» (2). 

Al día siguiente de escrita en la Asunción 
esta nota, la Junta Provisional firmaba otra en 
Buenos Aires, dirigida al Gobernador, al Ca- 
bildo y al Obispo del Paraguay, y que consti- 
tuía una especie de ultimátum. «Prescinda 
V. S. de su interés personal, dice; cierre los 
ojos á todo temor de q.e peligre su empleo, ó 
padesca su individuo; y entonces quiza no se 

(1) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires: 
contestación del gobierno paraguayo á la Junta Provisio- 
nal, fecha del i8 de Agosto. Está publicada en el Registro 
Nacional de la República Argentina, tomo 1, pág. 68. 

(2) Oficio ya citado. 



35 
presentara el nuevo sistema tan terrible, como 
ahora pretende pintarlo. 

«La Junta, añade, requiere á V. S. por ulti- 
ma vez que se una á la Capital, que dexe obrar 
á el Pueblo libremente, que reconosca la de- 
pendencia establecida por las Leyes, y que pro- 
mueva la remisión del Diputado, para la cele- 
bración del Congreso, que debe tranquilisar á 
estas Provincias. Si V, S. persiste en su perti- 
nacia, será responsable ante Dios y el Rey de 
los males, que se preparan.» (i). 

Supo el Cabildo sacar partido de las críticas 
circunstancias á que los sucesos reducían al 
Gobernador, para aumentar, á expensas de 
éste, su poder, hasta llegar á sobreponérsele 
por completo, exigiendo que nada hiciera sin 
su acuerdo (2). Así vemos que Velasco le con- 
sulta en todas las cuestiones: le hace subscribir 
los oficios dirigidos á Buenos Aires; subordina 
al de aquel cuerpo su propio criterio en mu- 
chas materias; acepta que se le adjunten en el 
despacho dos cabildantes: el Alcalde de primer 
voto, Dr. D. Bernardo de Haedo, y el Alférez 

(i) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires: 
circular del 19 de Agosto de 1810. 

(2) Somellera, Notas citadas, pág. 190, nota; Zinny, 
ob. cit., págs. 221 y 227; Mitre, ob. cit.,tomo I, pág. 352. 



36 
Real Regidor de primer voto y asiento, D. Ber- 
nardo de Árgana (i), y en las dos últimas oca- 
siones en que las necesidades de la guerra le 
obligaron á salir á campaña, en él depositó el go- 
bierno, repartiéndose sus individuos las comi- 
siones del mando por ramos (2). La postrer vez 
quedó así la administración de la Provincia en- 
comendada á un «Triumbirato de los Capitula- 
res, q.e se abrogaron toda la autoridad conce- 
dida á la Municipalidad.» (3). Constituyéronle 
el ya nombrado Haedo, D. Antonio Recalde y 
D. José Carissimo (4). Mas no fué esta sumisión 
tan absoluta que el Gobernador no hiciera pre- 
valecer alguna vez sus prerrogativas. «V. S. no 
estará ageno, decía la Junta Superior Guber- 
nativa del Paraguay al Ayuntamiento en oficio 
del 13 de Enero de 1812, de que D.n Bernardo 
Velasco sin embargo de que se sometió ente- 
ramente á la voluntad del Cavildo, depositan - 



(i) Somellera, Notas citadas, pág. 190, nota. 

(2) MS. del Archivo Nacional: oficio de 19 de Febre- 
ro de 1812, dirigido por la Junta Superior Gubernativa 
del Paraguay á la Junta Provisional de Buenos Aires. 

(1) MS, del Archivo Nacional, citado en la nota an- 
terior. 

(4) MMSS. del Archivo Nacional: bandos del Cabildo 
Gobernador en 23 de Enero y 12 de Marzo de i8i i. 



37 
do y transmitiendo en él toda la autoridad en 
las quatro causas de justicia, Policía, Hacien- 
da y Guerra, pervirtiendo enteramente el or- 
den succesorio prevenido en R.i Cédula de 13 
de Julio de 179G: supo vindicarla y hacerla 
valer quando el mismo Ilt.e Ayuntam.to le 
pidió audiencia publica en Nov.re de 1810. 
V. S. también sabria entonces que á presencia 
de los Gefes militares, quedó persuadido y 
convenido que p.r su representación no podia 
alargar la mano á tanto.» (i). 

Al mismo tiempo, constituía Velasco la Junta 
de Guerra que el Congreso dispuso fuera for- 
mada, y ésta acordó enviar al Gobernador á las 
Misiones de la otra banda del Paraná á extraer 
de ellas las armas que hubiese disponibles (2). 
A punto de partir á esta comisión, «mandó 
desocupar el colegio seminario para cuartel ge- 
neral; cerró el puerto; hizo parar el tráfico del 
comercio; equipó y pertrechó algunos buques, 
y los destinó á guardar la boca del río Para- 
guay, y cubrió todos los pasos del Paraná con 
milicianos sin sueldo y á expensas de los veci- 



(i) MS. del /archivo Nacional. 
(2) Descripc. Prov. Parag., pág. 42; Zinny, ob. cit. 
pág. 223. 



38 
nos del Pilar sin distribución alguna, para que 

ni de acá ni allende pasase nadie ; confinó 

á Borbón á algunos ciudadanos y á un religio- 
so eclesiástico, que se habían insinuado adictos 
al sistema de Buenos Aires. Y habiendo pues- 
to en movimiento todos los resortes que creyó 
propios para poner en estado de mediana de- 
fensa á su provincia inerme, marchó acelera- 
damente, escoltado de cien hombres, al Para- 
ná, hasta el pueblo de Candelaria, dejando en 
su lugar en la Asunción al coronel de milicias 
de Costa arriba, don Pedro Gracia, comandan- 
te político y militar de la villa de Icuámandy- 
yú, para que en su ausencia activase el alista- 
miento y acuartelamiento de tropas, como lo 
verificó, creando y nombrando oficiales hasta 
el grado de capitán.» (i). 

Hallábase Velasco en la campaña, cuando 
el 8 de Septiembre se recibieron los documen- 
tos de que constaba la negativa de las ciudades 
peruanas, dependientes de la Audiencia de 
Charcas, á reconocer la Junta de Buenos Ai- 
res (2). Aquel mismo día proveyó Gracia un 

(i) Descripc. Prov. Parag., loe. cit. Véase también 
Zinny, loe. cit. 

(2) MS. del Archivo Nacional: nota de D Vicente 
Nieto Navarro de Mendoza Monroy y Villafane, Mariscal 



39 
bando, que se publicó al siguiente, para que 
«llegando á noticia de todos el estado de aque- 
llas Provincias y sus onrados y fieles sentimien- 
tos se animen los nuestros á obrar con la ener- 
gia y fidelidad que nos es caracteristica y na- 
tural en obsequio de la unión en que deven 
vivir y obrar los fieles vasallos del Rey.» (i). 

No esperaron algunas provincias argentinas 
el definitivo rompimiento con el Paraguay para 
principiará hostilizarle, embarazando y aun im- 
pidiendo completamente el comercio fluvial. 
La de Corrientes, mal satisfecha con detener 
los buques mercantes que venían destinados á 
nuestros puertos, embargaba todos los frutos 
que llevaban á vender en su jurisdicción los 
pobladores de Neembucú. A tal punto alcan- 
zaron sus demasías, que Velasco ordenó con- 
tra aquella ciudad una expedición naval que, 
llevando por Comandante á D. José Antonio 
Zavala, salió el 21 de Septiembre de 1810 y 
regresó á los diez y nueve días con ocho bar- 
cos, hasta entonces detenidos una legua más 
abajo del fondeadero de Corrientes. He aquí 

de Campo de los Reales Ex.c'o», Presidente de la Real 
Audiencia de Charcas, Capitán General de la Provincia 
del Plata, y Comandante general de las del Perú. 
(1) MS. del Archivo Nacional. 



40 
en qué términos narraba después la empresa la 
Junta Superior Gubernativa: «La mandada por 
Zabala no fué costeada absolutam.te p.r el Co- 
mercio, ni tampoco se despachó á su solicitud, 
sino en fuerza de mandato del citado Velasco, 
el qual desde Misiones con fha. del i5 del mis- 
mo mes de Septiembre previno al Coronel 
'Gracia q.e p.r medio de las Lanchas de fuerza 
q.e se hablan armado p.* la seguridad de nras. 
embarcaciones, ocupase hasta elParaná,q.e era 
el verdadero limite, y división de esta Prov.* 
Como la marina mercantil anteriorm.te habia 
ofrecido todos sus Buques p/ la defenza de la 
Prov.% se valió de tres el Gov.no interino, en- 
trando igualm.te una de las Cañoneras: la tri- 
pulación, y marinería no fué costeada, ni pa- 
gada p.r el Comercio: del mismo modo no dio 
salario ni gratificación p.^ treinta y ocho Ar- 
tilleros, quarenta soldados de las Tropas de 
Curuguaty, y diez pardos fusileros q.e fueron 
en la expedición naval. Es verdad q.e p.r el 
ínteres q.e tenían varios Comerciantes de 
q.e se removiese la estagnación q.e padecían 
sus haciendas, dieron alg.** contribución vo- 
luntaría p.^ q.e se abreviase, con cuyo fondo 
se racionó la Tropa, y Tripulación en los diez 
y nueve días expresados; tanto estos como los 



41 
quarenta y nueve Miñones, que también ca- 
minaron, no tuvieron señalam.to^ ni se les pagó 
sueldo p.r cuenta del Rey, ni del Comercio: del 
Quartel salieron sesenta y nueve Plazas, cuyo 

Prest se abonó p.r la Real Hacienda » (i). 

Cuando acababa de partir esta expedición, 
recibió el Gobernador interino oficio del Co- 
mandante de Neembucú, D. Jaime Ferrer, data 
del mismo día 21 de Septiembre, quien parti- 
cipaba el inminente peligro en que se encon- 
traban el Alcalde de primer voto de Corrientes, 
Dr. Cariaga, y tres sujetos más de esa ciudad, 
por haber sido preso un correo que dirigieron 
al Gobernador del Paraguay: «estos berdaderos 
Españoles son perdidos sino se acude á su so- 
corro, pJ su fidelid.d se ben así», añadía Fe- 
rrer (2). En consideración de lo cual, Gracia 
adoptó las disposiciones de que nos informa 
la siguiente respuesta, dada ti 24: «Con esta 
fha, doy orden al Xefe de la Expedición q.e 
marchó p.* Corrientes para q. e poniendo to- 
do empeño procure libertar á esos vecinos 
honrados de Corrientes, y leales vasallos de 



(i) MS. del Archivo Nacional: oficio del 19 de Febre- 
ro de 1812, ya mencionado. 
(2) MS. del Archivo Nacional. 



42 

nro. Soberano, que es de presumir estén opri- 
midos y padeciendo por la iniquidad de nros. 
enemigos. 

•También doy orden al mismo Xefe de que 
si los Correntinos q.e habitan de esta parte del 
Paraná quisiesen jurar obediencia á esta Ca- 
pital los deje en sus poseciones, con la precisa 
condición de reconocer primero el animo de 
ellos si están adictos, ó no á nra. causa, p.*^ 
q.e si no lo estubiesen, expulse á todos sin usar 
ning.^ consideración con ellos. 

•Respecto á que hé dado orden q.e el Ten. te 
D.n Fulgencio de Yegros ocupe la Guardia de 
Curupayty con su tropa, me avisará Vmd. si 
los puntos quehá ocupado dho. oficial asocia- 
do al Sor. Alc.de de i.er Voto son igualm.te, ó 
mas interesantes q.e la dha. Guardia, y si 
Vmd. tiene fuerza suficiente p.^ cubrir todos 
esos puntos, p.* en caso que no tenga mandar- 
le de aqui la tropa neces.* á fin de q.e todos 
los puntos interesantes estén bien resguarda- 
dos.» (i). 

El 28 del mismo mes comunicaba Ferrer á 
Gracia: «Acabo de tener noti.* p.r el Alc.de y 
Comand.te de la Guardia de Curupaythy en 

( I ) MS. del Archivo Nacional. 



43 
q.e me avisa de haver tomado D.n Fulg.o Ye- 
gros el paso de Itathy haciendo prisionero al 
Comand.te Piris tan perjudicial p." nosotros 
q.e bastante daño nos estubo aciendo, aun- 
q.e no tengo hasta ahora parte de él p.* dar á 
V. S. razón individual. 

))La Guardia del Curupayty citado con 40 
hombres y el Alc.de de i.r Voto pasa este dia 
á incorporarse con el Comand.te Yegros p.*^ 
q.e los dos juntos tomen los otros dos pasos 
q.e faltan seg.n se lo prevengo.» (i). 

No parece que Zavala dirigiera con mucho 
acierto la campaña que le fué encomendada. 
Acerca de ella escribía el Comandante de 
Ñeembucúal Gobernador interino: da Provin- 
cia ya pudo estar sin daño alguno tomada, y 
por la mala disposición casi se frustró la traida 
de los Buques, que ya estaban aguas abajo, 
y si el Comand.te hubiese sabido su obliga- 
ción no las hubies.n traido, p.r haverse hecho 
divisar de Corrientes á la tarde la Expedi- 
ción 

»... Acabo de saver p.r Yegros, añadía, q.e 

(1) MS. del Archivo Nacional. La captura de Pirís no 
había sido aún confirmada el 2 de Octubre; pónela en 
duda Gracia en la respuesta dada ese dia á Ferrer. (MS. 
del Archivo Nacional.) 



44 
los Correntines piden la guardia del Curupayty 
y de ning." manera conviene el q.e se les en- 
tregue antes si reforsarla como corresponde 
p.r ser un punto muy interesante, y camino 
donde debe pasar alg.** Expedís. n » (i). To- 
dos adivinaban, pues, los propósitos que más 
tarde quiso poner por obra la Junta Provi- 
sional. 



(i) MS. del archivo Nacional: oficio de Ferrer á Gra- 
cia, datado el 6 de Octubre de 1810. 



CAPITULO III 



EXPEDICIÓN DE BELGRANO 



Descontento de los aporteñados del Paraguay provocado 
por las disposiciones de Velasco. —Honrosa resistencia 
de éste. —La Junta Provisional encomienda á Belgrano 
la conquista del Paraguay. — Tentativas de la Junta para 
prestigiar su causa en esta Provincia.— Belgrano inicia 
su campaña. — Proclama á los pueblos de Misiones. — 
Invasión de nuestro territorio. —Plan y medidas de re- 
sistencia de Velasco.— Avistanse ambos ejércitos: fuer- 
zas y condiciones de uno y otro. 



Poco tiempo después regresó el Gobernador 
á la ciudad con las escasas armas que encon- 
tró en Candelaria y demás pueblos jesuíticos, 
y continuó sus preparativos guerreros (i). Pero 
muy pronto comenzó á revelarse en algunos 
el disgusto que estas disposiciones les causa- 
ban. Los partidarios de Buenos Aires, los que 

(i) Descripc. Prov. Parag., pág. 42. 



46 

deseaban la sujeción del Paraguay al dominio 
de aquella su antigua colonia— y los había, 
aunque parezca inverosímil,— veían con malos 
ojos las precauciones que Velasco tomaba con- 
tra sus antipatrióticas tendencias. El Congreso 
del 24 de Julio autorizó al Gobernador á for- 
mar un ejército para resistir á Portugal, y has- 
ta entonces todas sus medidas iban encamina- 
das á impedir la invasión porteña (i): de ahí 
que nacieran el descontento y la animosidad 
en aquellos que creían que la felicidad de la 
Provincia era incompatible con la separación 
de Buenos Aires, ó que la miraban con pesar 
por razones menos respetables. 

La historia tiene que agradecer al último go- 
bernador español el que, movido de su ambi- 
ción ó de sus buenos deseos, allanara de este 
modo el camino de nuestra segregación del 
resto del antiguo Virrey nato. Bondadoso, pro- 
bo, penetrado de grande respeto por los dere- 
chos de la Provincia, siquiera haya sido débil 
en ocasiones para reprimir los abusos de sus 
allegados: estos títulos de Velasco á nuestro 
respeto, no valen nada ante la consideración 
de que dirigió todos sus pasos á disponernos 

(i) Descripc. Prov, Parag., págs. 42 y 43. 



47 
para resistir las miras absorbentes de Buenos 
Aires. Acaso puedan sus actos parecer intere- 
sados y su mérito disminuir ante un criterio 
histórico de estoica impasibilidad; desnatura- 
lizó, no hay duda, la letra de las resoluciones 
del Congreso, aunque parece obedeció fiel- 
mente su espíritu; pero con entera sinceridad 
confesemos también que pesan, y deben y han 
de pesar siempre muy poco en nuestro ánimo, 
los ocultos propósitos que le guiaban, si algu- 
no abrigó que no fuera digno de aplauso, al 
tener en cuenta el hecho para nosotros los pa- 
raguayos capitalísimo, de que su oposición á 
la Junta Provisional, en el terreno de la diplo- 
macia en un principio, en los campos de bata- 
lla más tarde, echó los primeros cimientos en 
que había de asentarse el edificio de la inde- 
pendencia nacional. 

La decisión de no someterse al gobierno de 
Buenos Aires, era en Velasco firme, y vino á 
robustecerla un oficio en que el gobernador de 
Montevideo le daba cuenta de cómo el Virrey 
Cisneros le advertía que eran arrancadas por 
la violencia las firmas que puso á las circula- 
res de recomendación para el reconocimien- 
to de la Junta, y exhortaba á las autoridades 
á sostener con todo tacto los derechos del 



48 
Rey (i). Velasco tuvo entonces un nuevo mo- 
tivo, aparte los votos del Congreso, para man- 
tenerse en la actitud adoptada y negar á la 
Junta toda superioridad. 

Vigodet, por otro lado, no dejaba de hosti- 
garle en igual sentido, y lanzó el 13 de Noviem- 
bre de 1810 una proclama á los paraguayos, con 
el objeto de alentarlos á perseverar en su resis- 
tencia. «La fidelidad de vuestra conducta, les 
decía, en medio de las agitaciones de la Pro- 
vincia, y el acierto de las disposiciones de vues- 
tro respetable Gobernador, son el asunto de la 
admiración de este generoso Pueblo, que os fe- 
licita, y aplaude en los transportes de su regoci- 
jo. La identidad de sentimientos estrechando 
los vínculos de fraternidad, y unión entre los 
havitantes de ambas Provincias, producirá re- 
cursos para contener á los rebeldes, restablecer 
el orden, y desempeñar la mas sagrada de las 
obligaciones del juramento de lealtad al mejor 
de los Monarcas. Seguid, hijos dignos de la 
Nación Española, seguid valientes la senda de 
la virtud para entrar triunfantes al templo de 



(i) MS. del Archivo Nacional: nota de Velasco al Ve- 
nerable Deán y Cabildo Eclesiástico en 10 de Octubre de 
1 8 10, notificándolos de esta comunicación. 



49 
la Gloria. Montevideo, este pueblo beneméri- 
to, a quien tengo la suerte de presidir, os au- 
xiliará en vuestros trabajos para participar de 
vuestra dicha, ó sacrificar con vosotros, el ul- 
timo aliento en las aras de la Patria. Que vea el 
universo que el valor de los Pueblos America- 
nos tratando de sostener la causa de la Nación, 
no es inferior al heroísmo de sus hermanos de 
la Metrópoli, defendiendo su libertad é inde- 
pendencia; y que la Gloria de vuestro nom- 
bre escrito en la lista de los héroes sea el pa- 
trimonio mas brillante de vuestra descenden- 
cia.» (i). 

La Junta Provisional no parecía, sin embar- 
go, resignada á permitir que tan fácilmente se 
le escapara la suspirada provincia, después de 
haber creído tenerla ya segura en sus manos. 
Ni la enseñó nada el fracaso de Espinóla, ni 
los aprestos de Velasco le parecieron otra cosa 
que alardes de fuerzas, cuya resistencia mere- 
cería muy poca consideración, dado caso que 
llegase á oponer alguna. Espinóla, que ansia- 
ba vengarse de Velasco y acarrearle desazones, 

(i) En mi Colección figura un ejemplar, impreso en 
hoja suelta en aquella época, de este manifiesto, encabe- 
zado asi: Proclama. El Gobernador de Montevideo á los ha- 
vitantes del Paraguay. A él me refiero. 

4 



50 
al propio tiempo que disminuir la mala impre- 
sión producida por su torpeza, convenció á la 
Junta Provisional de que su causa contaba en 
el Paraguay con numerosos prosélitos, que, 
oprimidos y atemorizados por el gobernador y 
los funcionarios españoles, no osaban mani- 
festar sus ideas con franqueza, como lo harían 
así que contasen con el apoyo de una expedi- 
ción armada (i). Aviváronse con esto los de- 
seos de la Junta, quien el 24 de Septiembre 
de 1810 extendió al Paraguay los poderes que 
tenía concedidos á su vocal, el licenciado Don 
Manuel Belgrano, para operar en la Banda 
Oriental, con orden de iniciar inmediatamente 
su campaña en nuestro territorio (2). 

Lo mismo la Junta que Belgrano y los es- 
critores argentinos que en esta expedición se 
ocuparon, han intentado siempre negar su ob- 
jeto verdadero, que no era otro que la con- 



(i) Descripc. Prov. Parag,, pág. 43; Memoria de Bel- 
grano, ya citada, en la Descripc. Prov. Parag,, pág. 85; 
Nota del argentino General Paz á la Memoria anterior, en 
la misma, pág. 95; Mitre, ob. cit., tomo I, pág.||^52. 

(2) Mitre, Historia de Belgrano^ tomo I, pág. 351. La 
resolución de enviar un ejército al Paraguay habla sido 
adoptada en el mes de Agosto, según refiere Belgrano en 
su Memoria (17 de Marzo de 18 14), publicada en la Des- 
cripción de la Provincia del Paraguay (véase pág. 85). 



5i 
quista de la Provincia. Decía aquélla á la del 
Paraguay en oficio del 28 de Agosto de 181 1, 
que convencida de las pérfidas intenciones de 
las autoridades españolas, enemigas de los de- 
rechos de los pueblos americanos, «consideró 
de su obligación instruirlos con noticias efec- 
tivas del peligro que les amenazaba, convidar- 
los á unirse con ella y ofrecerles fuerza pro- 
porcionada para hacer respetar su voluntad 
contra los impotentes connatos de la tiranía, 
que intentaba esclavisarlos. Con este destino 
se destacaron las Expediciones dirigidas al 
Perú y á esa Provincia. Nada fué mas contrario 
á las intenciones de este Govierno, q.e hos- 
tilizar á los Pueblos; y tubo no pequeña amar- 
gura quando el Sor. Vocal Representante 
D.n Manuel Belgrano expuso que le era inevi- 
table emplear la fuerza para disipar las preocu- 
paciones con que el Gov.or Velasco tenía im- 
buida á esa Prov.* El resultado es el mejor 
comprobante de las sinceras intenciones con 
que obraba este Govierno Nada ha dista- 
do tantg de las intenciones de esta Capital y 
Govierno provisional como la ambición de do- 
minar á los demás Pueblos.)) (i). 

(i) MS. del Archivo Nacional. 



5^ 

Mas no eran, ciertamente, éstos los propó- 
sitos de aquella Junta. Bien á las claras los de- 
nuncian algunas de las comunicaciones de 
Belgrano. Véanse, si no, los párrafos siguien- 
tes, entresacados de las ya publicadas: 

e Desde que atravesé el Tebicuary no se me 
ha presentado ni un paraguayo, ni menos los 
he hallado en sus casas; esto, unido al ningún 
movimiento hecho hasta ahora á nuestro fa- 
vor, y antes por el contrario, presentarse en 
tanto número para oponérsenos, le obliga al 
ejército de mi mando á decir que su título no 
debe ser de auxiliador, sino de conquistador 
del Paraguajr.y> (i). 

«V. E. se convencerá, en vista de cuanto le 
he referido, que es de precisión decretar la ¿"om- 
quista del Paraguay, para que S. M. el Se- 
ñor D. Fernando VII no lo pierda.-» (2). 

«Quiera Dios que sea feliz, para que pueda 
venir con todos y entrar á la conquista de los 
salvajes paraguayos, que sólo se pueden con- 
vencer ájuer:{a de balas. 

(i) Oficio del 16 de Diciembre de 181 1, copiado por 
Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 373. No puede haberse pro- 
nunciado más honrosa apología de los paraguayos que la 
contenida en las palabras transcriptas. 

(2) Oficio á la Junta, datado el 24 de Enero de 181 1. 
Está reproducido en la Descripc. (V. pág. 70.) 



53 

«Cuando menos necesito mil quinientos in- 
fantes y quinientos de caballería ^¿3ír¿i la, em- 
presa de la conquista del Paraguay » (i). 

4 Recuerdo Únicamente que V. E de- 
jaba á mi elección la conquista del Para- 
gticiy 

»Gon este motivo he conferenciado larga- 
mente con Rocamora, y convinimos en que 
la conquista del Paraguay, si acaso no entra 
por los partidos que he hecho á Cabanas, es 
obra muy larga » (2). 

Esto en cuanto atañe á la expedición de 
Belgrano; y cuanto á la constancia con que los 
gobiernos de Buenos Aires persiguieron este 
ideal de someternos á su dominación, y á la 
poca lealtad de que hicieron gala en sus rela- 
ciones con el Paraguay, bueno es tener en 
cuenta que mientras la Junta argentina escri- 
bía en las instrucciones de sus comisionados 
Belgrano y Echeverría esto que sigue: có.° Se 

insinuará con sagacidad y destreza sobre 

que la provincia del Paraguay debe quedar 



(i) Carta confidencial del 31 de Enero al Presidente 
de la Junta. (V. la Descripc, págs. 79 y 80, y Mitre, 
ob. cit , tomo I, págs. 582 y 583.) 

(2) Oficio del 14 de Marzo á la Junta: Descripc, pá- 
ginas 83 y 84, y Mitre, ob. cit., tomo 1, págs. 593 y 396. 



54 
sugeta al Gobierno de Buenos Aires, como lo 
están las Provincias Unidas^ por exigirlo así 

el interés común de todas » (i); declaraba á 

la Junta Superior Gubernativa: «Sz es la vo- 
luntad decidida de esa Prov.(*, governarse 
j)or si, y con independencia del Gov.^o provi- 
sional, no nos opondremos á ello » (2); y que 

á la vez de manifestarse de todo en todo con- 
forme con que «cualquier reglamento, forma 
de gobierno ó constitución que se dispusiese en 
dicho congreso general (de las Provincias Uni- 
das del Río de la Plata), no deberá obligar á 
esta Provincia (del Paraguay) hasta tanto se 
ratifique en junta plena y general de sus ha- 
bitantes y moradores» (3), oficiaba á sus ya 

( 1 ) Instrucciones que deberá observar el Representante 
de este Superior Gobierno con la Asunción del Paraguay: 
V. Descripc, pág. 97; Mitrc^ ob. cit., tomo II, pág. 689. 

(2) MS. del Archivo Nacional; El Paraguayo Indepen- 
diente, tomo I, pág. 12; Poucel, Le Paraguay Moderne, 
pág. 85. 

(3) El Parag. Indep., tomo I, pág. 10. Ésta es la cuar- 
ta de las condiciones exigidas por la Junta Superior Gu- 
bernativa en su oficio celebérrimo del 20 de Julio de 1 8 1 1 . 
Después de mucha resistencia, el triunvirato argentino se 
decidió á declarar: «Este gobierno ha considerado las cua- 
tro proposiciones de V. S. como resultado de un libre y 
iusto discernimiento de los derechos de los pueblos, y cree 

Q.UE JAMÁS DEBE DUDARSE DE LOS PRINCIPIOS UNIVERSALES QUE 
FUNDAN LA CUARTA PROPOSICIÓN » (Oficio del I .° dc Oc- 



55 
mencionados representantes en estos términos: 

c( Si el sentido que arroja especialmente 

la contestación de la j^rojposición cuarta in- 
duce á comj}render favorablemente en toda su 
extensión á los intereses de aquella Provincia, 

EN EL CONCEPTO DE V. S. NO DEBE SUCEDER ASÍ. 

^)El Gobierno del Paraguay, no penetrado 
aún de los verdaderos intereses que deben dar 
impulso á sus resoluciones, nos estrecha á la 
concesión de ventajas, que después de no estar 
á los alcances de nuestras facultades, son 
egoísticas é interesadas, aprovechándose aún 
de las que reportó anteriormente. En su con- 
secuencia, se deja al discernimiento de V. S. el 
que sin perder de vista los principios adopta- 
dos en la instrucción que le confirió la Junta 
al tiempo de su misión, se maneje en este 
asunto de un modo diestro y con toda políti- 
ca, teniendo presente los intereses de nuestro 
territorio y llevando por objeto principalmen- 
te el no despertar dudas ni desconfianzas en- 
tre los paraguayos » (i). Alguien que no 



tubre de i8i i, inserto en la Descripc. Prov. Parag., pá- 
gina 98.) 

(i) Oficio reservado del i ." de Octubre de 181 1, en 
Mitre, ob. c¡t.,tomo II, pág. 23, y en la Descripc. Prov. 
Parag., pág. 97. 



56 
puede ser sospechoso de afección á nuestra 
causa, el General Mitre, ha dicho de «estas 
nuevas instrucciones que por su doble^ ha- 
cen poco honor al Gobierno ejecutivo.» (i). 

Al mismo tiempo que decretaba el Gobier- 
no de Buenos Aires someternos por la fuerza, 
acordaba también el 27 de Septiembre enviar- 
nos un comisionado con encargo de ilustrar al 
pueblo sobre la justicia de su causa. La elec- 
ción recayó en «Don Juan Fran.co Agüero na- 
tural de la Ciudad del Paraguay y residente 
en esta Capital (Buenos Aires); autorizando 
en forma competente su persona para que pa- 
sando á su Provincia, instruya á sus paisanos 
del origen, molibo y obgeto de la instalación 
de esta Junta; les manifieste ser su estableci- 
miento enteramente conforme á los principios 
de fidelidad a nuestro augusto Monarca el Se- 
ñor D.n Fernando 7.° y el único medio de 
conservar su amable dominación en estos do- 
minios atacados de mil modos por las intrigas 
y asechanzas de los Estrangeros: que les refie- 
ra el fomento que el País recive con rapidez, 
el aprecio con que se miran sus naturales, la 
distinción que se dispensa á la virtud y á el 

(i) Ob. cit., tomo II, pág. 24. 



57 
mérito, el respeto que se tributa á las Leyes, y 
la guerra que se ha declarado á los perversos 
que antes sofocaban los principios de nuestra 
felicidad. Que les recomiende las ventajas de 
nuestra unión, y los males á que el Paraguay 
quedará expuesto, si continua dividido, pues 
aislado y sin su comercio sufrirá una ruina sin 
otro termino que caer en la dominación de los 
portugueses, que se aprovecharán de su inde- 
fensión.» (i). 

Cumpliendo Belgrano las órdenes que se le 
dieron, emprendió inmediatamente sus opera- 
ciones, 'onvencido como la Junta de que ha- 
llaría en el Paraguay un fuerte partido porteño, 
que le ayudase á llevar á feliz término la con- 
quista queleencomendaron (2). Acompañaban, 
en efecto, á Belgrano algunos paraguayos, en 
quienes tuvieron más fuerza que las naturales 
inspiraciones del patriotismo, otros menos res- 
petables y dignos sentimientos; pero erró al 
creer que todos pensarían y obrarían de seme- 
jante vituperable manera, inmolando sacratí- 
simos deberes en aras de sus pasiones y con- 

(i) MS. del Archivo del Gobierno de Buenos Aires, 
Puede además verse el Registro Nacional Argentino^ que 
lo publica en el tomo I, pág. 75. 

(2) Véase su Memoria en la Descripc, pág. 85. 



cupiscencias. El mismo Belgrano confiesa que 
en tanto que muchos de sus soldados deserta- 
ban ( I ), ningún paraguayo abandonó su puesto 
para engrosar las filas de los invasores (2). Los 
únicos que en el ejército de Buenos Aires se 
contaban, habían entrado con él en nuestro 
territorio, y era su número, para honra nues- 
tra y mayor mengua suya, bien pequeño: Don 
José y D. Ramón de Espinóla, hijos del Coro- 
nel y edecanes de Belgrano (3), el intendente 



(i) Memoria de Belgrano ya citada (Descr^. Prov. 
Parag., págs. 87791). 

(2) Mem. {Descripción, pág. 92), y oficio cit. Mitre. 

(3) Cítalos Belgrano en su Memoria y en varias comu- 
nicaciones oficiales con reiteración. En la carta confiden- 
cial dirigida al Presidente de la Junta Provisional desde 
Santa Rosa á 31 de Enero de 181 1, dice así: «el gobierno 
debe mirar á Espínela y los suyos como á sus hijos predi- 
lectos, que han perdido todo por la patria: se agrega á esto 
que don José ha hecho servicios muy particulares.» (DeS" 
cripc, pág. 80; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 584.) Véase 
también El Parag. Indcp., tomo II, pág. 515, nota. 

£1 Coronel Espinóla había muerto ya, cuando salió de 
Buenos .\ires la expedición que tanto fomentó con sus fa- 
laces promesas. Así al menos lo cuentan Somellera (nota 
i Rengger, pág. 189), la Descripción de la Provincia del 
Paraguay (pág. 40), Zinny [Historia de los gobemanits del 
Paraguay, pág. 223), etc. £/ Paraguayo IndependieuU, cuya 
autoridad sería sin duda alguna decisiva, no es explícito 
en este respecto, y se contrae á decir del Coronel que 
«en Junio de 1810 hizo fuga precipitada de esta ciudad 



59 
de ejército D. José Alberto de Cálcena y Eche- 
verría (i), D. José Ildefonso Machaín (2), etc. 
A fin de desorientar á las fuerzas, que creía 

pan Buenos Aires, 7 allá moríó: sos hijos José y Ramón 

acompañaron á Be%raiio »(loc cit.) Y bien pudiera 

ser que Eqúnola, aunque no yiniese con los inTasMvs, no 
hubiera muerto tan pronto como se dice. InsfMrame esta 
duda un expediente que existe en nuestro Anüno Urna»- 
nal, dd cual consta que «D. José Esjúnola» estaba en 1812 
en el Paraguay, y fué obligado á devolver 69 cabezas de 
ganado vacuno, que llevó indebidamente de la estancia 
fiscal de San Antonio. En el expediente consta la firma de 
este D. José Eqxnola, que no prcsoita díícrencia con las 
que del Corond he visto en muchos documentos. 

Dato que puede contribuir á esclarecer el punto dodoso: 
el Espinóla de 18 12 tenia un cuñado de nombre Vicente 
Roa, á quien dio su representación. 

( I } Belgrano (ñdió á la Junta que le enviase á Echeve- 
rría, de ci^o supuesto prestigio en el Paraguay esperaba 
sacar gran partido (MS. del Arcb. Gobmo. Baemos Aires); 
pero no le sirvió de nada en este nspetíto. En Curuzú- 
Cuatiá le nombró intoidente. (Mem. dt., en la Descripc^ 

P%- 87.) 

(2) Machaín era solnino de Edievcrría. (Descripc., 
pág. 45; Carranza, nota á la Descripc., pág. 43.} Incorpo- 
róse á Belgrano en San Nicolás de los Arroyos, como sar- 
gento mayor del r^miento de caballería déla Patria, des- 
tinado al Paraguay, y aquél le nombró su mayor general 
(Mem. , en la Descrq^., pág. 86), carácter oi que cooco- 
rrió á la campaña hasta caer prisionero en Tacoary. 

Con un eosañamiento crudísimo se complace Belgrano 
en n^;ar á su segundo todo género de buenas cualidades. 
Véase lo que de él nos dejó escrito: 

«He sido desgraciado en tener un Mayor General ente- 



óo 
iban á oponérsele en el Paraná, ordenó Bel- 
grano desde Guruzú-Cuatiá al gobernador de 
Corrientes, D, Elias Galván, que le situara 300 

ramente ignorante de la facultad, y no sé si me atreva á 
decir cobarde, y oficiales y soldados con la última calidad 
en abundancia 

>>Seguramente hubiera sido rechazado, si el Mayor Ge- 
neral, á quien mandé á contenerlo, no se hubiera embos- 
cado del modo más ridículo 7 puesto á las tropas que lle- 
vaba en disposición de ser tomadas.» (Oficio dirigido á la 
Junta desde Candelaria á 15 de Marzo de i8i i: Descripc, 
pág. 85; Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 597 y 598.) 

Carranza (nota de la Descripc, pág. 44) opina que estas 
censuras son hijas de un momento de despecho. No debe 
de ser, sin embargo, cierta la suposición, cuando tiempo 
después, el 17 de Marzo de 18 14, seguía juzgándole de la 
poco benigna manera que revelan estos párrafos que si- 
guen: 

«También fui engañado en el parte con referencia al 
mayor general y sus ayudantes, como el resto de oficiales, 
que nada hicieron, los unos porque se quedaron dentro del 
bosque, y los otros porque se extraviaron 

» Un cobarde dice: ¡que nos cortan! Esto solo 

bastó para que sin mayor examen el mayor general tocase 
retirada, no se acordase de la gente que había mandado 
avanzar y se pusiese en marcha hacia nuestro campamento, 
abandonando cuanto se había ganado 

»Sea que hubo cobardía de nuestra parte, ó sea que el 
mayor general no se animó, ello es que no cumplió mi 
orden, y regresó nuestra tropa al campamento sin haber 
hecho nada de provecho. 

» En su semblante vi el terror, y no menos observé 

que lo había infundid© á todos los oficiales, comenzando 
por el mayor general.» (Mem. en la Descripc, págs. 91, 



6i 
milicianos en el Paso del Rey ó de Itaty, cerca- 
no á la confluencia con el Paraguay (i). Y ya 
más adelante, para estimular el entusiasmo de 
que á sus imaginarios adeptos creía poseídos, 



93 y 94.) Y cuenta que la Memoria termina en vísperas 
de Tacuary. Cómo hubiera salido parado el segundo de 
Belgrano del relato de esta acción, se colige por ios juicios 
transcriptos en primer término, posteriores al 9 de Marzo. 

No debió de merecer el mayor Machain opinión mucho 
más favorable á sus oficiales, que únicamente obedecían 
sus órdenes cuando lo tenían á bien. El mismo Belgrano 
y el P. Arboleya, capellán del ejército porteño, nos refie- 
ren algunos actos de gravísima insubordinación contra el 
mayor general, que hubo de soportarlos, y quedaron sin 
castigo. (Descripc, págs. 70 y 90.) Finalmente, el gene- 
ral Paz se maravilla de la docilidad y mansedumbre de 
carácter de Machain. (Descripc, 96.) 

Respecto de las opiniones de Belgrano, debe advertirse 
que quien juzgue de sus compañeros de armas del Para- 
guay por lo que de ellos dice, ha de creer que el general 
en jefe fué el único valiente, siquier no lo haya demos- 
trado mucho en Paraguary, al manifestar tanto apego á 
sus carretas y arraigarse en ellas, cosa que ya chocó á 
Paz (Descripc, pág. 96). He aquí lo que pensaba de sus 
oficiales: «tienen sus ideas muy ajenas á la carrera, y el 
honor y el patriotismo no lo conocen». (Oficio del 15 de 
Marzo de 181 1: Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 598; Des- 
cripc, pág. 85.) 

(i) Memoria de Belgrano, en la Descripción, pág. 87. 
Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 358, opina que la orden á 
Galván fué dada el 20 de Diciembre; pero esta aseveración 
improbada no puede subsistir contra el expreso testimonio 
contrario del primero. 



62 

dirigió el 29 de Noviembre de 1810 un manifies- 
to á los naturales de Misiones, declarándoles 
su propósito de libertarlos del despotismo «de 
los que han tratado únicamente, les dice, de 
enriquecerse á costa de vuestros sudores y aun 

de vuestra propia sangre Pedid lo que qui- 

siéredes, manifestándome vuestro estado, y sin 
perder instantes contraeré mi atención á pro- 
tejeros y favoreceros, conforme á las intencio- 
nes de laExcma. Junta; pero guardaos de faltar 
al respeto debido á sus justos y arreglados man- 
datos y de contribuir á las sujestiones de los 
enemigos de la Patria y del Rey, pues así como 
trabajaré por vuestra utilidad y provecho, si 
cumpliereis con vuestras obligaciones, del mis- 
mo modo descargaré la espada de la justicia 
sobre vosotros, si, olvidados de lo que debéis 
á la Patria, al Rey y á vosotros mismos, siguie- 
reis las huellas de esos Mandatarios que sólo 
tratan de la ruina de estos fieles y leales domi- 
nios del amado Fernando séptimo y de cuantos 
hemos tenido la fortuna de nacer en ellos.» f i ). 



(i) El Paraguayo Independiente, tomo II, pág. 124. 
«Se ha querido, se lee en seguida (pág. 125), reservar á la 
historia la fecha y lugar do fué escrito ese malhadado pa- 
pel; pero entendemos que ha sido en Candelaria el 29 de 
Noviembre de 18 10, siendo esta data la de su recibo ori- 



63 
Esta medida política fué completada más tar- 
de con ía publicación de un reglamento para 
el gobierno de aquellos antiguos pueblos je- 
suíticos, expedido á 30 de Diciembre de 1810 
desde el cuartel general de Tacuary (1). 

El 4 de Diciembre llegó Belgrano con su 
tropa, constante ya de más de mil plazas, á la 
costa del Paraná, frente á la isla de Apipé (2), 
de donde se proponía pasar á San Cosme, pro- 
yecto que abandonó por carecer de embarca- 
ciones en que atravesar el río (3). Encaminó- 
se, pues, á la estancia de Santa María de la 
Candelaria con el propósito de arbitrar allí los 
medios de transporte (4), y hallándose en este 
punto, sin dar de mano á sus preparativos, 
deseoso de evitarse la enérgica resistencia que 



ginal, diligenciado en aquel punto con la expresión de Por 

recibido en este día » Han incurrido, pues, en error, el 

General Mitre, al decir {Hist. Belgrano, tomo I, pág. 358) 
que esta proclama es posterior al 4 de Diciembre y aun 
al 20, y Washburn al copiarle. (Historia del Paraguay, en 
la Revista del Paraguay, año I, núm. 1 1, pág. 487.) 

(i) Puede verse este Reglamento en la Descripc, pá- 
gina 81, y en Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 586. 

(2) Mitre, ob. cit,, tomo I, págs, 357 y 358; Wash- 
burn, Historia del Paraguay. (Véase año I, núm. ii, pá- 
gina 487 de la Rev. Parag.) 

(3) Mem., en la Descripc, pág. 88. 

(4) Mem., loe. cit. 



b4 
temía encontrar, tomó el acuerdo de apelar, 
antes de requerir la espada, á los medios pa- 
cíficos, para ver de conseguir sus propósitos. 
Atraíale más la diplomacia que no el ejercicio 
de las armas, y á f e que era su preferencia jus- 
tificada, porque la duplicidad de sus manejos 
le daba en aquel terreno inmensa ventaja sobre 
los sencillos y leales paraguayos. Dirigióse, 
pues, el 6 de Diciembre al Gobernador, al 
Obispo y al Cabildo de la Asunción, invocan- 
do su patriotismo para evitar la lucha por me- 
dio de la subordinación á Buenos Aires (i), y 
el mismo día escribió al Comandante Pablo 
Thompson y á los otros jefes de los nuestros 
en la opuesta orilla, incitándolos á no resistir- 
le: «traigo la paz, la unión, la amistad en mis 
manos para los queme reciban como deben; del 
mismo modo traigo la guerra y la desolación 
para los que no aceptaren aquellos bienes.» (2). 
Terminaba pidiendo una suspensión de ar- 
mas mientras se recibía la respuesta de la ca- 
pital. 
Ofrecióse á llevar los primeros pliegos su 

(i) Mitre, ob. cit., tomo I, pág. ^6^; Washburn, 
ob. cit. (Rev. Parag., pág. 488); Memoria de Belgrano 
(Descripc, pág. 88). 

(2) Mitre, loe. cit.; Washburn (pág, 489), 



65 
secretario, el teniente coronel D. Ignacio War- 
nes, «por el conocimiento y atenciones que 
había debido á su casa el expresado gobernador 
Velasco» (i); mas las autoridades paraguayas 
con quien topó se condujeron con él de muy 
reprobable manera. El capitán D. Fulgencio 
Yegros, comandante de las partidas de observa- 
ción de la derecha, le arrestó, según parece, 
valiéndose de una felonía injustificable, y des- 
pojóle de cuanto llevaba (2); y aunque Velasco 
hubiera deseado reparar el atropello, no pudo 
impedir que Warnes fuera conducido bajo 
custodia á la capital y después enviado á Mon- 

(i) Mem., en la Descripc., pág. 88. 

[2) Mem. Belgr. en la Descripc, pág. 88, y nota del 
general Paz; parte oficial de Velasco sobre la batalla de 
Paraguary (Descripc. , pi^. 74); Somcllera, nota á Rengger, 
ed. Buenos Aires, 1883, pág. 195, nota; Descripc. Prov, 
Parag., pág. 47: «Yo vi, dice Belgrano, su sable y cintu- 

rón en don Fulgencio Yegros después de la acción del 

Tacuary.» 

En el Libro Mayor de la RJ Caxa del Paraguay para 

la Cuenta del año de 181 1 (Arch. Nac.), se lee, entre los 
«Gastos ordinarios y extraordinarios de Guerra», esta par- 
tida en pesos y reales: 

Enero 8. Entregados al ofiz.' de guardia del 
Quartel D."» Fran.oo Diaz y Ferrer p.* 
entregar al oficial D."» Ign."' Vvarnes 
por igual cant.d que le decomisaron al 
tiempo que lo prendieron 92 . 5 i/,, 

5 



66 
te video con otros prisioneros (i). Thompson, 
el comandante de las partidas de la izquierda, 
recibió al otro emisario con todo género de 
precauciones y se apresuró á hacerle regresar, 
enviando á Velasco los papeles de que había 
sido portador {2). 

Belgrano había entrado en el pueblo de Can- 
delaria sin ninguna oposición el 15 de Diciem- 
bre (3). El armisticio que había pedido existía 
de hecho, pues como aquellas tropas paragua- 
yas tenían orden de no atacar y sí la de ir re- 
plegándose al núcleo principal de nuestra ejér- 
cito á medida que avanzara el enemigo, mas sin 



(i) Somellera y Paz, notas citadas. Véase también 
del último la de la página siguiente de la Descripc. —Mi- 
tre, ob. cit., tomo I, pág. ^6^. 

(2) Parte oficial de Velasco sobre la batalla de Para- 
guary, loe. cit., y proclama de «El Gov.or del Paraguay á 
sus Habitantes», fecha en 18 de Diciembre. (MS. del 
Arch. Nac.) Este último documento dice: «el intrépido 
Xefe de la Expedición á la Ciudad de Corrientes, les ha 
dado una prueba de que no los tememos y los valerosos 
Comandantes de las Partidas del Paraná D,"» Fulgencio 
Yegros y D.*» Pablo Thompson han recivido á los Emisa- 
rios de los rebeldes de la manera mas propia para conven- 
cerlos, que aqui no tiene lugar la intriga y la falasia, úni- 
cos medios con que han pensado suplir la debilidad de sus 
fuerzas.» Véase además á Mitre, ob. cit., tomo I, pági- 
nas 363 y 364. 

(3) Memoria de Belgrano en la Descripc, pág. 89, 



67 
perderle de vista nunca, de manera que Velasco 
pudiese conocer siempre todos los movimien- 
tos de los invasores (i), no podía haber ruptu- 
ra de hostilidades, como no las iniciase Belgra- 
no. Pasáronse, pues, varios días de esta suerte, 
hasta que á consecuencia de una incursión 
qne hicieron los nuestros el 12 de Diciembre 
en el territorio ocupado por el conquistador 
argentino, éste abandonó sus negociaciones 
diplomáticas, y el 17 (2) declaró que «iba á 
pasar el Paraná, y que el europeo que tomase 
con las armas en la mano ó fuera de sus ho- 
gares, sería inmediatamente arcabuceado, co- 
mo lo sería igualmente el natural del Paraguay 
ó de cualquier otro país que hiciese fuego so- 
bre las tropas de su mando.» (3). Así lo había 



(i ) Parte ya citado de Velasco (Descripc, pág. 74). 

(2) Belgrano, en su Memoria, dice expresamente que 
esta notificación fué hecha el 18 (Descripc, pág. 89), y 
Mitre le rectifica «con presencia del oficio original, en 
que da cuenta de ello al Gobierno y que existe en el Ar- 
chivo General.» (Ob. cit., tomo I, pág, 564, nota.) El error 
de un día en que cayó aquél se extiende al de ciertas expe- 
riencias de tiro de cañón desde la banda izquierda, que da 
como efectuadas en la tarde del 19 (loe. cit.), con el propó- 
sito de amedrentar á los soldados paraguayos de la derecha. 

(3) Parte de Belgrano á la Junta desde Candelaria, en 
la Descripc, pág. 66; Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 364; 
VVashburn, loe. cit. 



68 
dispuesto la Junta, cuyas instrucciones cum- 
plía Belgrano puntualmente, mandando fusi- 
lar á los que cayeron en su poder, mientras 
los «salvajes paraguayos» trataban humana- 
mente á los prisioneros enemigos (i). 

Por su parte, el i8 expidió Velasco un ban- 
do, que denunciaba su firme propósito de re- 
chazar con la fuerza la invasión porteña: «To- 
dos sabéis, decía, que entre las Tropas de la 
desgraciada Ciudad de Buenos Ayres, vienen 
varios hijos expurios de esta Provincia. ¿Que 
fundamentos tiene esa Junta turbulenta para 
deducir que sus honrados parientes, y Pai- 
sanos habrán de seguir sus detestables ideas? 
Ellos son los primeros que vengarán la inju- 
ria que se les hace dando una prueba al Mun- 
do entero de los fieles sentimientos que les 
animan. Sabed mas, esa cabala de facciosos en 
sus sesiones sanguinarias ha resuelto y maqui- 
nado el asesinato de vuestro Governador. 
¿Acaso porque Yo dejara de existir se acabarla 
vuestra fidelidad? ¿Faltarla un caudillo que os 
condujera á la victoria y exterminara á ese 

(i) Oficio de Belgrano á 7 de Enero de 181 1 (Des- 
cripc, pág. 68), y su Memoria (pág. 87); Mitre, ob. cit., 
tomo I, pág. 369; Washburn, ob. cit. (Rev. Parag., pá- 
gina 490). 



69 
conjunto de salteadores, que invocan á nues- 
tro desgraciado Rey D.n p'ernando séptimo, y 
atacan infamemente sus Derechos, y los de sus 
fieles vasallos?.... Moriré con gusto en medio, 
de vosotros, y tendré la gloria de acabar mis 
cansados dias al frente de una Provincia heroi- 
ca y de unos Subditos amables, en cuya de- 
fenza me parece un corto sacrificio el de mi 
vida.» (i). 

El mismo día que en la Asunción se promul- 
gaba este bando, tomaba Belgrano sus dispo- 
siciones para vadear el Paraná. El 19, á las tres 
y media de la mañana, empezó el pasaje del 
ejército argentino, y al alba estaba colocada su 
mayor parte en la banda opuesta (2). Cum- 
pliendo la orden de no resistir, dada por el go- 
bernador, la corta partida de 13 hombres si- 

(1) MS. Arch.Nac: el Gobernador del Paraguaya 
sus habitantes. Centurión, Reminiscencias históricas, to- 
mo I, pág. 12, lo reproduce integramente. 

(2) Parte de Belgrano á la Junta desde Candelaria 
(Descripc, pág. 67); Mem. cit. (id., pág. 90}; parte de 
Velasco ya cit. (id., pág. 74). El parte de Belgrano aquí 
mencionado aparece en la Descripción con la fecha del i .* 
de Diciembre; pero la verdadera debe ser el 19. En efec- 
to, dase ya en él noticia del pasaje del Paraná, efectuado 
ese día, y del documento que le sigue (oficio desde Itapúa, 
del 21; se infiere que aquél es anterior á la retirada de 
Thompson, que tuvo también lugar el 19. 



70 
tuada en el Campichuelo llamado de Candela- 
ria, al mando del capitán de urbanos Domin- 
go Soriano del Monje, cedió después de dispa- 
rar algunos tiros de catión, y Thompson, que 
estaba con 40 soldados en Itapúa, abandonó su 
puesto sin combate aquel mismo día (i). 

De Candelaria salió Belgrano embarcado el 
20, y á las seis de la tarde, después de un viaje 
de poco más de dos horas, llegó á Itapúa (2). 
ilusionado con la falta de resistencia, creyó- 
se ya dueño de todo el país. A los pocos pasos 
dados hasta entonces, atribuyó excepcional y 
capitalísima importancia: eran los primeros de 
su carrera militar (3), y la aparente felicidad 
con que los dio le sedujo, y no le permitió 
ver, detrás de aquella pacífica ocupación de 
posiciones desamparadas, los desastres de Pa- 
raguary y Tacuary. «Las fuerzas paraguayas 
que guarnecían el Paraná desde Neembucú 
hasta Itapúa, eran simples divisiones de obser- 
vación. El general de los paraguayos era un 



(i) Véanse los tres documentos aludidos en la nota an- 
terior. 

(2) Oficio de Belgrano á la Junta desde Itapúa, data 
del 21 de Diciembre. 

(3) Paz, nota de la Mem, de Belgr. (Descripc., pági- 
na 96). 



71 
militar bastante entendido para cometer el 
error de pretender cerrar con tropas bisoñas la 
barrera del Paraná, exponiéndose por la larga 
línea que tenía que abrazar, ó á ser batido en 
detall, ó á tener que combatir en un campo 
elegido por el enemigo Él comprendió des- 
de luego que cuanto más se internase el ejér- 
cito patriota (quiso decir el autor porteño) y 
más se alejara de su base de operaciones, ma- 
yores serían las dificultades que tendría que 
vencer y más desastrosa sería su retirada ó su 

derrota La línea natural de operaciones 

del ejército paraguayo era el Tebicuary-Guazú, 
y ésta fué precisamente la que meditó ocupar 
el gobernador Velasco; pero careciendo de me- 
dios de trasporte para ello, reconcentró su de- 
fensa, y se situó en el punto llamado Paragua- 
ry, antiguo colegio de los jesuítas, á diez y 
ocho leguas de la Asunción.» (i). 

En su alucinación, no pudo Belgrano ha- 
cerse cargo de este sabio plan de resistencia. 
Parecióle llano el camino y le siguió, confia- 
do, más que por valor, por ignorancia, y sin 
reflexionar en lo que le esperaba después. 

(i) Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 366. También Wash- 
burn, ob.cit. (Rev.Parag., pág. 491); Parte oficial de Ve- 
lasco á Vigodet, ya mencionado. (Descripc, pág. 74.) 



72 

La guardia del Tebicuary huyó en cuanto se 
aproximó la primera división del ejército de 
Buenos Aires, mandada porMachaín, que atra- 
vesó el río el 5 de Diciembre, y el 7 estaba 
Belgrano con la segunda á tres leguas del pa- 
so (i). Las poblaciones que iba dejando atrás 
estaban desiertas, y el enemigo no parecía por 
ningún lado (2). Había llegado á Itaipá, á vein- 
tisiete leguas de la Asunción, el 11 de Enero, 
y aún ignoraba la situación de Velasco, mien- 
tras éste conocía todos los movimientos de los 
porteños (3). Así fué para aquél una sorpresa 
el enterarse, á la tarde del 15, de que sólo se 
hallaba á dos leguas del campamento paragua- 
yo. Apresuró su marcha y se adelantó con su 
escolta en la extensa llanura que llega hasta el 
Yuquerí. A dos millas de distancia, en el cerro 
Mbaey ó Rombado, cerro Porteño hoy día, se 
colocó Belgrano, y desde él pudo divisar, legua 
y media más adelante, á nuestro ejército, que 
le aguardaba en confusa aglomeración, pero 

(i) Oficio de Belgrano á la Junta en 7 de Enero de 
181 1 (Descripc, pág. 67). 

(2) Memoria de Belgrano (Descripc, pág. 91 ), y oficio 
del 1 1 de Enero (pág, 68); Washburn, ob. cit. (Rev. Pa- 
rag., año I, núm. 1 1, pág. 490). 

(3) Oficio del II de Enero cit. (Descripc, pág, 68); 
Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 370, 



73 
alentado del fogoso entusiasmo que le infun- 
día la santidad de su causa. Los soldados de 
Buenos Aires establecieron en el Rombado su 
campamento, esperando la hora de entrar en 
batalla (i). 

Grande desproporción existía en el número 
de ambos combatientes (2). Pero los hombres 

(i) Parte de Velasco c¡t. (Descripc, pág. 74); Mitre, 
ob, cit., tomo I, pág. 371; Memoria de Belgrano (Des- 
cripc, pág. 92). 

(2) Rindiendo parias á su amor propio, Belgrano, á 
la vez de exagerar extraordinariamente el efectivo del ejér- 
cito contrario, sisó no poco del suyo para hacer más no- 
table su heroísmo. En la Memoria tantas veces citada 
(pág. 92), le hace ascender únicamente á 460 hombres 
(Descripc, pág. 92]; en el oficio que desde el cerro de 
Mbaey escribió á la Junta el 16 de Diciembre, dice así: 
«he llegado á este punto con poco más de quinientos hom- 
bres» (Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 372), á los que debe 
añadirse el contingente de 200 soldados que después se 
le incorporó (Mitre, ob. y tomo cits., pág. 373); y en el 
parte de la batalla de Paraguary cuenta que únicamente 
las dos columnas de ataque sumaban 460, además de 130 
de caballería, destinados á proteger los flancos (Mitre, 
Ídem, pág 375), 78 con que se dejó estar en las carretas 
(Mem. en la Descripc, pág. 93), una partida exploradora, 
y la gente empleada en la custodia del tren, la cual hubo 
de entrar también en fuego (Mem. en la Descripc, pági- 
na 93). Resulta, pues, que la fuerza de Belgrano pasaba 
de 700. La Descripción de la Provincia del Paraguay (pá- 
gina 44) la hace subir á 1.200. 

Cuanto á Velasco, el general porteño, después de haber 



74 
de Belgrano eran de tropa escogida, disciplina- 
da, habituada ya al olor de la pólvora; tenían 
oficialidad numerosa y selecta (i); traían arma- 
mento abundante y bueno; venían animados 
por la felicidad con que hasta entonces marcha- 
ba la campaña, en tanto que los 6.000 soldados 
de Velasco, de los cuales 2.000 eran volun- 
tarios y casi todos novicios reclutados apresu- 
radamente, carecían por completo de educa- 



escrito á la Junta que tenía, según unos, 5.000, y según 
otros, 9.000 (Mitre, ob. y tomo citados, pág. 373), dijo en 
su Memoria (Descripc., pág. 92) que llegaba á 12.000. 
Somellera, compatriota de Belgrano, y, según confesión 
propia, culpable de una ignominiosa traición cometida con- 
tra Velasco, le atribuye solamente 7.062 hombres (nota 
al Ensayo Histórico de Rengger, ed. cit., pág. i92)..Paré- 
cenme más dignos de crédito los testimonios de Velasco 
(véase Descripc.^ pág, 74); Demersay [Hist.phys,, économ. 
etpolit. du Parag.^ tomo II, pág. 347); Famin [Provinccs 
Unies del Rio de la Plata: Bxienos-Ayres , Paraguay, Uru- 
gíiav, pág. 39); Rengger et Longchamp (Essaihist. sur la 
révol. du Parag., págs. 2 y 3); el P. Arboleya, capellán del 
ejército invasor (Descripc, pág. 70]; la Descripc. Prov. 
PflríZ^., y hasta el mismo Belgrano (oficio cit.), quienes 
fijan el número de esta fuerza en poco más de 6.000 hom- 
bres. Y es de advertir que cuanto dice Velasco merece 
mucho respeto, porque huye de toda exageración: su pa- 
labra es la palabra de una persona honrada, exenta de va- 
nidad. 

(i ) Belgrano salió de Buenos Aires «con cien hombres, 
los más oficiales.» (Descripc. Prov, Parag., pág. 43.) 



75 
ción militar y habían sido pertrechados con el 
escasísimo y viejo armamento que se consiguió 
recoger aquí y allá, sin que en este particular, 
ni en el de la disciplina, pudieran ser compara- 
dos con las fuerzas de Buenos Aires (i). No lo 
ignoraba Belgrano: «no son en su mayor parte 
sino bultos, decía de los paraguayos; los más 
no han oído aún el silbido de una bala.» (2). 

(i) Parte de Velasco al Virrey Ello, fecha del 28 de 
Entro (Descripc, pág. 75); Mitre, ob, cit., tomo I, pági- 
na 375. 

(2) Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 372; Mem. Belgr. en 
la Descripc , pág 92. 



CAPITULO IV 

DERROTA DE BELGRANO 

Ineficaces tentativas de Belgrano para atraerse á los pa- 
raguayos.— Situación de nuestro ejército en Paraguary. 

— Batalla del 19 de Enero: sus peripecias: cobardía de 
Velasco: victoria alcanzada por los paraguayos: alarma 
en la capital.— Retirada de Belgrano: es perseguido: 
fuerte posición, en que se coloca, sobre el Tacuary: 
batalla del 9 de Marzo: sus accidentes: capitulación y 
retirada de Belgrano: sus incitaciones revolucionarias. 

— Daños causados á la Provincia por esta expedición. 

Tres días pasaron en su actitud expectante 
ambos ejércitos, contemplándose, uno enfrente 
de otro, sin iniciar ninguno el ataque formal, 
y ensayando sus fuerzas y entreteniendo sus 
impaciencias en estériles é insignificantes esca- 
ramuzas. Sólo Belgrano intentó aprovechar 
este tiempo para propiciarse la voluntad de los 
«nobles, fieles y leales Paraguayos», haciéndo- 
les repartir en la noche del 17 (i) una hipócri- 
ta proclama, preñada de dulces palabras y de 

(i) Mcm. Belgr. (Descripc, pág. 92). 



78 
lisonjeras promesas. «Vengo, decía, de Re- 
presentante de la Exma. Junta Provisional Gu- 
bernatiba de las Provincias del Rio de la Plata 
q.e á nombre de S. M. el Sor. D. Fernan- 
do 7.^0 rige dhas. Provincias, y de General en 
Gefe del Exercito que á vista de vuestros cla- 
mores ha dispuesto p.a livertaros de la opre- 
sión en que os tienen y restituiros á vuestros 
dros. á fin de que logréis la tranquilidad, el 
sociego y goze de vuestros bienes y todas las 
franquicias que muy de antemano os tenia 
concedidas, arrancándoos todos los impedi- 
mentos que hasta aqui os han estorvado adqui- 
rir el grado de prosperidad á que por la natu- 
raleza y nuestras sabias leyes estáis dispuestos; 
pero q.e no han querido q.e obtengáis, á pe- 
sar de la voluntad del Rey, los que han estado 
encargados de vuestro gobierno, p.r haber dis- 
frutado de vuestros sudores con sus comercios 
y monopolios, y con las intrigas de que se han 
valido aun sus parientes, amigos y comensales: 
respirad ya y pedid lo que queráis de útil, de 
provechoso, de benéfico á vuestra Provincia, 
y proponedlo q.^ p.a todo ello me hallo con 
facultades.» (i). Mas queda ya demostrado 

(i) MS. del Arch, Nac, con la firma autógrafa de 



79 
cuál era el verdadero fin de la expedición: 
«Belgrano traía orden positiva de aquella Jun- 
ta, que se había abrogado la superioridad so- 
bre los demás pueblos que componían el vi- 
rreynato del Río de la Plata, de que vencida la 
oposición de Velasco, se apoderase del mando 
de la provincia, la gobernase dependiente del 
arbitrio de aquella superioridad, como repre- 
sentante de ella, y enviase diez mil hombres á 
la disposición de aquel gobierno.» (i). 

He aquí en qué ordenación estaban nuestras 
tropas distribuidas desde el 15: el centro, si- 
tuado entre el arroyo de Yuquerí y la capilla 
de Paraguary, ocupábalo con 2.000 hombres 
el coronel del 2.° regimiento de milicias re- 
gladas de Costa Arriba, D. Pedro Gracia; cu- 
bría su flanco izquierdo el teniente coronel 
del mismo regimiento, D. Manuel Atanasio 
Cabanas, colocado á la cabeza de i.ooo hom- 
bres en la banda norte del mencionado arroyo, 
y en la del sud estaba, protegiendo el flanco 
derecho, el comandante de escuadrón, D. Juan 



Belgrano. Su texto es distinto del publicado en la Descrip- 
ción de la Provincia del Paraguay, pág. 70; pero tienen 
ambos muchas frases semejantes. 

(i) Descripc, pág. 44; Peña, carta del 25 de Octubre 
de 1866 al redactor de La Tribuna. 



8o 
Manuel Gamarra. En tal nuevo orden, adop- 
tado en vista del camino que llevaba el enemi- 
go, encontróle éste (i). 

Extraña coincidencia: cuando los generales 
beligerantes se decidieron á poner término á 
aquella situación, el mismo día adoptaron este 
acuerdo, la misma hora eligieron para llevarle 
á cabo y la misma ventaja procuraron conse- 
guir sobre el contrario: la sorpresa. Desvaneci- 
das todas las esperanzas de engrosar su ejérci- 
to con los desertores del nuestro, y recibido 
un refuerzo de 200 hombres que esperaba, reu- 
nió Belgrano, en la tarde del viernes 18 de 



( I ) Descripción de la Provincia del Paraguay, pág. 44; 
parte oficial de Velasco á Vigodet (Descripc, págs. 74 y 
75). No pudiendo Velasco ir á cerrar el paso del Tebi- 
cuary por la falta de medios de transporte, reconoció el 4 
de Diciembre el terreno de Yaguarón, á donde llegó ese 
día, y resolvióse á esperar á Belgrano en esa posición, que 
era la entrada del valle y estaba resguardada con el Caa- 
ñabé y sus pantanos. Repartió, pues, su ejército entres di- 
visiones,, y situó la primera, mandada por Gracia, en 
Apuai; la segunda, mandada por Cabanas, en Paraguary, y 
la tercera, mandada por Gamarra, en la falda del cerro 
de Aruai. Mas como supiera el ii que el enemigo mar- 
chaba por el camino de Ybycuí á caer sobre Cabanas, hizo 
que aquella misma noche acudiera Gracia á sostenerle; y 
cuando se enteró de su establecimiento en el cerro Mbaey, 
dispuso también la concentración de Gamarra, que la lle- 
vó á cabo el mismo día 15. (Véase el parte citado.] 



Diciembre, un cónclave compuesto del mayor 
general y los capitanes, y consultó con él sobre 
la conveniencia de acometer á los paraguayos. 
La conformidad fué unánime, y resuelto el 
ataque para la madrugada del día siguiente, el 
vocal de la Junta Provisional proclamó á sus 
soldados y los distribuyó en dos divisiones, 
constantes la primera de 220 hombres y dos 
cañones de á 2, y la segunda de 240 con dos 
cañones de á 4, quienes debían ser precedidas 
de una columna exploradora y protegidas en 
sus flancos por 130 de caballería, mientras 78 
hombres y algunos milicianos, con el general á 
la cabeza y dos piezas de á 4, quedaban guar- 
dando las carretas (i). 

A hora de las tres de la mañana el mayor 
general Machaín, que dirigíala empresa, puso 
su tropa en movimiento. La noche antes Ve- 
lasco habíalo también todo dispuesto para asal- 
tar á los invasores al amanecer, por manera 
que se vieron los nuestros en los primeros ins- 
tantes de su marcha, á las cuatro de la maña- 
na, sorprendidos por las partidas de explora- 



(i) Parte de Belgrano á la Junta y su Memoria CD¿5- 
cripción, págs. 69, 92 y 93); Mitre, ob. cit., tomo 1, pá- 
ginas 373 y siguientes. 

6 



82 

ción de los porteños, que inmediatamente ini- 
ciaron el fuego. Este tropiezo inesperado cau- 
só en el centro de las fuerzas paraguayas, que 
recibió la arremetida del enemigo, el más de- 
sastroso efecto. Velasco, que estaba en él, ce- 
diendo á su propio terror ó al de los oficiales 
que le acompañaban, perdió la cabeza, y olvi- 
dando las promesas del i8 de Diciembre, pre- 
cedido del mayor general Juan Cuesta, «aban- 
donó su Puesto, huyó ignominiosamente, y 
fué por Parajes extraviados á ocultarse en la 
Cordillera llamada de los Naranjos, de donde 
no volvió hasta que se le avisó, que los nues- 
tros hablan ganado la acción. A su exemplo se 
dexa comprehender lo que executarian otros, 
especialmente sus mas adheridos, fatalidad que 

pudo ocasionar nuestra derrota » (i). 

Gracias á la confusión que así se produjo, los 
soldados de Buenos Aires, introduciéndose en 
el campo paraguayo, vencieron la principal ba- 
tería nuestra, desbaratando á los que la guar- 
daban, aunque sin capturarles ningún cañón, y 
llegaron hasta el pueblo de Paraguary, en don- 

(i) MS. del Arch. Nac: oficio dirigido por la Junta 
Superior Gubernativa en 26 de Septiembre de 181 1 al 
embajador español en Rio de Janeiro, Marqués de Casa- 
Irujo. 



83 
de se apoderaron de los carros de municiones 
de guerra y de boca, que tenía allí Velasco, y 
hasta de la escribanía de éste, que la abandonó, 
al huir, con todos sus papeles (i). Mas disipada 
la primera impresión de sorpresa por el ino- 
pinado ataque ocasionado, comienzan los pa- 
raguayos á reaccionar: Gamarra y Cabanas, 
con sus divisiones, envuelven al enemigo y le 
hacen numerosas bajas; Machaín, poco dueño 
de sí, procura en vano reorganizar su tropa, 
ya completamente desmoralizada, y antes pre- 
cipita, que no retarda la derrota, un auxilio 
que Belgrano envía á su segundo, pues tomán- 
dole por fuerzas nuestras destinadas á cortarle 
la retirada, Machaín, perdida completamente 
su serenidad, no puede impedir la fuga de los 
suyos, porque el terror ha hecho presa en to- 
dos. Más de cuatro horas duró el combate, que 
costó á nuestro ejército treinta y nueve ó se- 
senta y tantas bajas de toda especie, y al argen- 
tino 120 prisioneros y 10 muertos, quedados en 
el campo, aparte de los heridos, salvados en 
hombros. Entre los prisioneros hallábase un 
sargento santafesino, Estanislao López, Uama- 



(i) MS. del Arcb. Nac,: oficio de 19 de Febrero de 
1812, ya citado. 



84 
do á ser gobernador de la provincia de su naci- 
miento y á desempeñar importante papel en 
las luchas civiles argentinas (i). 

La principal gloria de la jornada le cupo, en 
primer término, al comandante de escuadrón 
D. Juan Manuel Gamarra. Por eso Velasco, á 
pesar de la parquedad en elogios que se nota 
en sus partes oficiales, en los cuales no hace 

(i) Consúltense, sobre la batalla de Paraguary, el par- 
te oficial de Velasco [Descripc, pág. 75), y el de Belgrano 
(pág. 69} y su Memoria (pág. 93); á Mitre, ob.cit., tomo I, 
págs, 375 y siguientes; la Descripc, Prov. Parag., páginas 
44 y 45; Demersay, ob. cit., tomo II, pág. 347; López, 
Historia de la República Argentina, tomo III, págs. 349 y 
siguientes; Washburn, ob. cit., en la Rev. del Parag. ^ 
año I, núm. 1 1, págs. 493 y siguientes; Famin, ob. cit., 
pág. 40; Arcos, La Plata, pág. 271; Somellera, notas y 
obra citadas, págs. 192 y siguientes, etc., etc. No quiero 
insistir en rectificar ciertas absurdas exageraciones; pero 
he de reproducir una opinión que, por venir de quien vie- 
ne, merece entero crédito, cuando no es contraria al Pa- 
raguay. Aludo á Washburn, quien dice de la acción de 
Paraguary: «Esta batalla era importante, como que afec- 
taba el porvenir del Paraguay; pero cuando consideramos 
la pequeña cantidad de muertos y heridos, parece una cosa 
muy insignificante y les hace muy poco favor á los invaso- 
res. Estando mejor armados y mejor disciplinados que los 
paraguayos, que tenían para oponer á ellos poco más que 
el valor audaz y su experiencia, era de suponerse que hu- 
bieran dejado un gran número de sus enemigos muertos ó 
heridos sobre el campo de batalla.» [Rev. Parag., pági- 
na 494.) 



«5 
especial mención de nadie, cita, sin embargo, 
á Gamarra, de quien escribe que amando biza- 
rramente una división en Paraguary» (i), y Ca- 
banas, al pedir refuerzos desde Tacuary para 
atacar de nuevo á Belgrano, recomienda espe- 
cialmente al gobernador que se los envíe con 
Gamarra (2). Por eso también el célebre Pres- 
bítero Amancio González y Escobar, en el ser- 
món de gracia que predicó en la Iglesia Cate- 
dral con motivo de esta victoria, dice «los 

dos insignes y valientes héroes, Yegros y Ga- 
marra, movidos de un mismo espíritu y celo, 
defendieron la provincia del Paraguay del ge- 
neral Belgrano, que quería subrogarla á la si- 
nagoga de Buenos Aires»; y más adelante aña- 
de; «el valeroso capitán don Manuel Gamarra 
acometió intrépido al ejército contrario, lo 
derrotó y venció, mereciendo por tan célebre 
triunfo el ilustre epíteto de vencedor y azote 
de los contrarios.» {3). 
' La inesperada cobardía que Velasco mostró 



( 1 ) Oficio al Virrey, datado el 23 de Marzo [Descripc. . 
pág. 76). 

(2) Parte citado {Descripc, loe. cit.) 

(3) Centurión, Reminiscencias históricas, tomo I, pági- 
nas 374 y 377- 



86 
en Paraguary fué fatal para su causa (i): ha- 
bíase anunciado á sí mismo en sus proclamas 
como un héroe, que sólo deseaba se presentara 
la ocasión oportuna para hacer á sus provin- 
cianos el sacrificio de su vida; sus antecedentes 
militares daban fundamento á la fe con que se 
acogían estas protestas; el cariño y respeto de 
que gozaba, constituían alicientes poderosos 
para procurar no desmerecer en el concepto 
de los paraguayos; y, sin embargo, llegado 
aquel instante, fué la pusilanimidad la nota 
característica de su conducta, y su fuga ver- 
gonzosa y el abandono cobarde de su puesto 
en los momentos de mayor peligro, las haza- 
ñas únicas que pudo inscribir en su hoja de 
servicios. 

Por eso fué tan fecunda en resultados la ac- 
ción de Paraguary: no estaban todavía extir- 
padas las profundas raíces que echaron en la 
conciencia del pueblo las doctrinas y la revo- 
lución de los comuneros; aún recordaba el Pa- 
raguay los gloriosos días de su historia y aque- 
llas liberales instituciones, que le fueron arre- 
batadas en castigo de la novedad y la audacia 
de sus concepciones políticas; el sentimiento 

(i) Zinny, ob. cit,, pág. 226; Famin, ob. cit,, pág. 40. 



B7 
de la independencia renacía con mayores bríos 
en el corazón de los patriotas, y la victoria de 
Cerro Porteño exaltó esas ideas, dando á la 
provincia la medida de sus fuerzas, enaltecién- 
dola á sus propios ojos, con la convicción de 
que podía realizar sus aspiraciones y susten- 
tarlas con el vigor de sus armas, tan feliz y 
honrosamente ensayadas, con ser bisoñas é 
inexpertas y con haberlas faltado en el más di- 
fícil trance el ánimo sereno, que las encaminara 
por el camino más llano á conquistar el triunfo. 

El prestigio que el gobernador pudo conse- 
guir con este motivo, y de que tan necesitado 
se iba viendo, recayó íntegro en los jefes pa- 
raguayos. Así, en el momento transcendental 
en que la revolución hubiera de operarse, Ve- 
lasco iba á encontrarse abandonado del único 
apoyo con que quizá contara, á no existir aque- 
lla circunstancia para él desdichadísima: el 
apoyo del ejército, que le despreciaba por su 
falta de valor, y respetaba á aquellos jefes en 
quienes miraba á los salvadores de la patria y 
á los defensores de sus hogares. 

La capital sufrió también terribles momen- 
tos de consternación al saber cómo había em- 
pezado la batalla. El mayor general Cuesta, 
que huyó antes que Velasco, trajo á ella aquel 



mismo día (i) la noticia de que nuestra derro- 
ta era total, y comunicada tan fatal nueva por 
persona á quien su cargo obligaba á no aban- 
donar el campo de la acción sino después de 
perdida toda esperanza, «se alarmó la ciudad, 
y los capitulares se embarcaron, y muchos de 
los españoles con sus caudales, con intento de 
pasar á Montevideo.» (2). «Diez y siete buques 
se cargaron de familias y propiedades: todo era 
llanto y congoja; las personas que no podían 
embarcarse, se internaban en los bosques, y 
éste fué el método que siguieron las gentes de 
la campaña, sorprendidas de las primeras no- 
ticias, á pesar del lenguaje de Belgrano » (3). 

El pueblo de la Asunción, mientras tanto, le- 
jos de abatirse ante la inminencia del peligro, 
invadía el cuartel de armas y municiones, y 
extraía de él las que hallaba á la mano, pre- 



(1) MS. del Archivo Nacional: bando del Cabildo go- 
bernador en 23 de Enero, ordenando se devuelvan las ar- 
mas y municiones que se extrajeron del cuartel «en la 
confusión de las infaustas noticias esparcidas en esta Ciu- 
dad el dia 19 del corr.t«»> 

(2) Descripc , pág. 45; Mitre, ob. cit,, tomo I, pági- 
na 376. 

(3) Parte de Velasco á 28 de Enero {Descripc, pági- 
na 75). 



89 
parándose á defender la libertad de su Provin- 
cia hasta donde pudiera hacerlo (i). 

Belgrano «tuvo ocasión y tiempo de retirar- 
se y retroceder sin oposición ninguna hasta 
Misiones, porque nuestro Exercito, aunque 
victorioso estaba sin General, y sin Cabeza que 
tomase disposición alguna.» (2). A las tres y 
media de la tarde, á la vista del enemigo, que 
no pensó en hostilizarlas, emprendieron la 
marcha las reliquias del ejército invasor (3), di- 
rigiéndose al Tebicuary, en cuya línea pensaba 
Belgrano hacerse fuerte (4). Tres días empleó 
en pasarle, y ya en la otra banda, se le reunie- 
ron 150 hombres más y un escuadrón de caba- 
llería. Después de dos jornadas de descanso, 
trasladó su campamento á Santa Rosa, á don- 
de llegó afines de Enero, y de Santa Rosa, la 
persecución cada vez más activa de los para- 
guayos, y las noticias recibidas de Buenos Ai- 
res, le determinaron á acercarse todavía más 



(i) MS. del Archivo Nacional, ya citado. 

(2) MS, del Archivo Nacional: oficio á Casa-Irujo. 

(3) Mem. de Belgr. en Descripc, pág. 94; Mitre, ob. 
y tomo cits., pág. 380. 

(4) Oficio de Belgr. , del 1 9 de Enero, ya cit. (Descripc. , 
pág. 69), y su Mem. (Descripc, pág. 94); Mitre, ob. y to- 
mo cits., pág. 381; López, ob. y tomo cits., pág. 354. 



90 
al Paraná, atravesando entonces el Aguapey y 
el Tacuary, en cuya margen del Sud, en posi- 
ción estratégica ventajosa, que él creía inex- 
pugnable, se estableció con 400 hombres que 
le quedaban, después de una nueva desgracia- 
dísima distribución que de sus tropas hizo (i). 
Entre tanto, Velasco había sido generosa- 
mente llamado por sus oficiales y reintegrado 
en el mando del ejército, sin embargo de ha- 
berse mostrado tan indigno de él (2). Ofrecía- 
sele de este modo excelente ocasión para lavar 
la deshonrosa mácula de Paraguary, yendo en 
persona contra los fugitivos; pero «lejos de 
marchar á esta empresa, se retiro al Pueblo de 
Yaguaron, donde se mantuvo entretenido en 
diversiones » (3), hasta que le llegó la nue- 
va de nuestra segunda victoria. Limitóse, pues, 
á destacar en persecución de Belgrano la van- 
guardia de nuestro ejército, al mando del ca- 
pitán D. Fulgencio Yegros, protegido en su re- 
taguardia por la división de Cabanas (4). Sea 



(i) Mitre, ob. cit., tomo I, págs. 380 y 381. 

(2) Descripc, pág. 45. 

(3) MS. citado: oficio á Casa-Irujo. 

(4) Partes de Velasco á Vigodet y á Elío CD^cn^í:., 
págs. 75 y 76); Mitre, ob, y tomo cits., pág. 386; Des- 
crip. Prov. Parag., pág. 45. 



91 
porque Yegros no se diese mucha prisa, ó por- 
que Belgrano pusiera demasiada en su retira- 
da, no pudo aquél divisar á ésie sino después 
de haber ya cruzado el Tebicuary, y entonces 
resolvió esperar la reunión de Cabanas; y 
cuando la reunión tuvo lugar, todavía perdie- 
ron ambos jefes algunos días en dar descanso 
á sus soldados, refrescar la caballada y compo- 
ner el montaje de un cañón, mientras nues- 
tros botes cañoneros, mandados por el coman- 
dante D. Ignacio Aguirre, ocupaban el Paraná 
y cerraban los pasos de Itapúa y Candela- 
ria (i). Continuando Cabanas su marcha, lle- 
gó también al Tacuary, y al observar las ven- 
tajas naturales de la posición del enemigo, no 
quiso aventurar un ataque de dudoso éxito y 
pidió refuerzos á Velasco, y que se los enviase 
con Gamarra. El gobernador vino entonces de 
la capital á Yaguarón, desde donde el 25 de 
Febrero despachó á Gamarra con 400 hom- 
bres, de caballería en su mayor parte, y tres 
cañones al mando de D. Pascual Urdapilleta, 
contingente que, gracias á una rápida mar- 



(1) Parte de Velasco al Virrey, Descripc, pág. 76; 
Mitre, ob. y tomo cits. , pág. 38 1 ; Mem. Belgr. en Descrip- 
ción, pág. 94. 



92 

cha, pudo incorporarse el 7 de Marzo á Caba- 
nas (i). 

Belgrano había sabido sacar partido de todos 
los accidentes del terreno para hacerse más 
fuerte. Su frente era el arroyo, ó mejor dicho, 
río Tacuary, profundo é impetuoso, y le defen- 
dió con cuatro piezas, que barrían completa- 
mente con sus fuegos el camino que conducía 
al vado, el cual camino, por ser estrecho y 
flanqueado de bosques espesísimos, no dejaba 
lugar, para que se desplegaran las tropas; antes 
bien, las obligaba á marchar como por un tu- 
bo. Protegía su derecha vasta selva virgen, im- 
penetrable trinchera; á su izquierda tenía un 
bosquecillo, en que puso en emboscada dos 
cañones para impedir el acceso de la escuadri- 
lla paraguaya, y á su espalda se extendía una 
planicie, sembrada de isletas, que constituían 
otros tantos puntos de apoyo. Cerca del paso 
se elevaba un montículo, centro de las de- 
fensas, llamado desde entonces el Cerrito de 
los Porteños, lo mismo que el de Paragua- 
ry (a). 



(i) Parte de Velasco citado (Descripc.^ pág. 76); Mi- 
tre, ob. y tomo cits., pág. 386. 

(2) Mitre, ob. cit., tomo I, pág. 384, 



93 

Cabanas, el jefe de los nuestros, había com- 
prendido la imposibilidad de vencer, acome- 
tiendo sólo por el frente, á un enemigo colo- 
cado en tan poderosa posición, y ordenó la 
apertura de un sendero en el bosque y la cons- 
trucción de un puente á una ó dos leguas más 
arriba del campamento contrario, obra llevada 
á cabo en dos jornadas por el comandante 
general de caballería, D. Luis Caballero, quien 
murió por consecuencia de las fatigas de este 
trabajo, hecho en medio de los ardientes ca- 
lores del verano y sin tomarse punto de repo- 
so. Y esto concluido, el 8 de Enero hizo que 
los botes de fuerza se situaran conveniente- 
mente para obrar, y lo dejó todo preparado 
para el ataque del día siguiente. 

El 9, antes de amanecer, i.ooo hombres, 
mandados por Cabanas, Gamarra y Yegros y 
el comandante Urdapilleta, con seis piezas de 
artillería, pasaron el puente para llevar el ata- 
que por la retaguardia, y al venir el día, una 
pequeña partida dejada á las órdenes del co- 
mandante D. Juan Antonio Caballero en la 
banda septentrional, frente al campamento 
enemigo, rompió contra éste, para distraerle, 
vivo fuego de cañón, que fué con igual ener- 
gía contestado. Pero Belgrano advirtió pronto 



94 
el avance de los paraguayos por la espalda, y 
despachó en su contra, con dos piezas y 130 
hombres, al mayor Machaín, que se emboscó 
en una isleta, en donde después de empeñada 
resistencia fué tomado prisionero con toda su 
tropa. Al mismo tiempo avisaron á Belgrano 
de que cuatro botes con gente armada subían 
el río para atacar su flanco izquierdo, y enton- 
ces envió á rechazarlos al mayor del detall, 
D. Celestino Vidal, y al capitán de arribeños, 
Campos, cosa que consiguieron fácilmente, y 
ocasionando á los nuestros numerosas bajas, 
mediante la posición ventajosa en que aquéllos 
estaban. 

Para ver de contener al grueso del enemigo, 
así como supo que éste se había apoderado de 
la división de Machaín, Belgrano dejó en el 
campamento 2Ó milicianos al mando del sar- 
gento Raigada, por haber «huido cobardemen- 
te los oficiales que estaban á la cabeza de esta 
tropas (i), y con 235 hombres y cuatro ca- 
ñones salió en persona al encuentro de los 
atacantes, después de hacer quemar todos sus 
papeles; cruzóse nutridísimo fuego de fusile- 



(l) Mitre, ob. y tomo cits., pág. 391. 



95 
ría, y como Cabanas intimara á Belgrano la 
rendición, contéstele, dice éste, «que las armas 
de S. M. el Sr. D. Fernando Vil no se rinden 
en nuestras manos, y que avanzase cuanto 
gustase.» Y avanzaron, en efecto, los paragua- 
yos en tal manera, que Belgrano optó por vol- 
verse atrás, y haciendo replegarse al cerrito á 
sus soldados, envió á su intendente Echeve- 
rría á solicitar una capitulación, prometiendo 
repasar inmediatamente el Paraná con su ejér- 
cito y no volver á molestar á esta Provincia. 
Consultó Cabanas el caso con Velasco, que le 
autorizó á otorgársela, como lo hizo, impo- 
niéndole la cláusula de que al día siguiente se 
pusiera en marcha; entraron así en relaciones 
ios oficiales paraguayos y argentinos, y éstos 
aprovecharon la oportunidad para inclinar el 
ánimo de aquéllos en el sentido de una revo- 
lución, que privase de todo poder al goberna- 
dor, semilla que fué á unirse á la que ya esta- 
ba germinando en el Paraguay. 

La batalla de Tacuary costó á Belgrano con- 
siderable número de muertos y heridos y 130 
prisioneros, entre ellos el mayor general y seis 
oficiales, y á nuestro ejército 16 heridos y 14 
muertos, entre los cuales se contaba el coman- 
dante de caballería, D. Gervasio Acosta, que 



96 
cayó heroicamente al pie de los cañones ene- 
migos (i). 

La capitulación fué un acto honroso para los 
vencidos, que hicieron con el valor respetable 
su desgracia, y lo fué también para los vence- 
dores, que con noble generosidad la concedie- 
ron. Véase lo que acerca de ella dice un ilustre 
guerrero argentino: «Efectivamente, no debió 
escapar ninguno, niel general mismo. Los pa- 
raguayos, á quienes las ideas de libertad é in- 
dependencia habían penetrado algo; que, por 
otra parte, no estaban enconados con el ejér- 
cito, porque no había cometido desórdenes, 
no quisieron un triunfo completo y otorgaron 
una capitulación, que no podían esperar los 
vencidos.» (2]. 

Quiso Cabanas conocer las proposiciones 
que Belgrano le ofreció, para que sirvieran de 



(i) Ver la narración de la batalla de Tacuary en el 
parte de Velasco al Virrey Elio y en el oficio que el Ca- 
bildo dirigió á este último el 23 de Marzo [Descripc, pá- 
ginas 75 y 77 respectivamente); en los oficios de Belgra- 
no á la Junta, de fecha 11 [Descripc, pág. 71) y 14 de 
Marzo (Mitre, ob. y tomo cits., pág. 592; Descripc, pá- 
gina 83); en Mitre, López, Washburn, Arcos y la Des- 
cripc. Prov. Parag., partes ya citadas. 

(2) Paz, observaciones á la Mem. Belgr. en la Des- 
cripc, pag. 95. 



97 
base á una sólida unión del Paraguay y las 
Provincias del Río de la Plata, y Belgrano se 
las sometió el lo de Marzo en ocho artículos. 
He aquí los más importantes: 

«3.'' Elegido el diputado (para el Congreso 
de que ya se habló), deberá la ciudad de la 
Asunción formar su Junta de Gobierno, según 
previene el reglamento de 10 de Febrero últi- 
mo, que acompaño en la Gacela de Buenos 
Aires del 14, siendo su presidente el goberna- 
dor D. Bernardo Velasco; 

))5.* Pido que no se siga perjuicio alguno 
á las familias de esta provincia, que siendo de 
la causa sagrada de la patria y del amado Fer- 
nando Vil, se han constituido á vivir con el 
ejército auxiliador de mi mando, ni se les ten- 
ga en menos; 

»7.* En atención á que cesan ya todas las 
hostilidades, pido á usted se ponga en libertad 
á mi oficial parlamentario D. Ignacio Warnes; 

;)8.^ Que igual favor merezcan todos los 
prisioneros que se hallan en Borbón y demás 
presidios por haber sido de la causa de la Ex- 
celentísima Junta de las Provincias del Río de 
la Plata.» (i). 

(i) Mitre, ob. y tomo cits. , págs. 397 y siguientes; 
Dcscripc.^ pág. 46. 



98 

El 1 1 de Marzo, á las tres de la tarde, se puso 
Belgrano en marcha, después de haber tenido 
ocasión de experimentar que era la conquista 
del Paraguay empresa larga y difícil. Al pasar 
por delante de nuestro ejército, recibió los ho- 
nores que las almas elevadas no escatiman 
nunca al infortunio, y Cabanas, Gamarra y 
toda la oficialidad paraguaya le acompaña- 
ron por espacio de una legua y le despidie- 
ron cariñosamente. Pero no correspondió Bel- 
grano de igual modo á tan noble comporta- 
miento. 

Su correspondencia con Cabanas rebosa, es 
cierto, de amor por «los paraguayos, sus her- 
manos», y de celo é interés por su suerte, y en 
elogios evidentemente inmerecidos é interesa- 
dos para aquél: tle amo, le decía, como al me- 
jor de mis amigos»; «repito una y mil veces, 
le escribía el i8, que soy suyo, que lo reconoz- 
co por el iris de paz, que la patria admirará, 
y nuestro monarca atenderá, y el Dios de los 
ejércitos conservará, como se lo pido, para el 
bien general de estos dominios.» Y cuanto al 
Paraguay: «haré cuanta especie de sacrificios 
sean necesarios por la paz y la unión de esta 
Provincia con las demás del Río de la Plata: 
nada me importaría morir el día que diese 



99 
esta gloria á la Patria.» (i). Pero ésta era una 
sola faz de las dos de su política: la segunda se 
revela en lo que escribe á Buenos Aires, en 
donde piensa que es de todo punto necesario 

«conquistar á los salvajes paraguayos », á 

^(esa canalla» á quien se debe impedir que 
tenga que comer para someterla más fácilmen- 
te, y acusa á nuestros oficiales y soldados de 
un desmedido interés, sólo comparable con su 
ignorancia (2). 

La noticia de la acción de Tacuary fué reci- 
bida en la capital el 1 3 de Marzo. El Cabildo 
Gobernador, satisfecho, con razón, por esta 
nueva victoria de nuestras armas, publicó in- 
mediatamente un bando, en que invitaba al 
pueblo á iluminar de noche sus casas durante 
tres días, contados desde aquél; á concurrir al 
siguiente á la iglesia catedral á dar gracias á 
Dios por el triunfo, y el 18 á las exequias que 
por los muertos cLibertadores de la Patria » se 
iban á celebrar (3). 



( 1 ) Cartas citadas de Belgrano {Descripc, pág. 72). 

(2) Véase especialmente la carta del 31 de Enero, es- 
crita desde Santa Rosa. 

(3) MS. del Arch. Nac. En el primer aniversario de 
Tacuary, los oficiales y tropa del cuartel solicitaron para 
celebrarlo permiso de la Junta Superior Gubernativa, que 



100 

La invasión de Belgrano sirvió para dar la 
medida del denuedo y decisión con que los 
nuestros saben combatir por su libertad, cuan- 
do la ven amenazada. Belgrano mismo, con 
hallarse tan dominado de la pasión, hubo de 
reconocerlo, bien que no fuera menester su 
patente para probar lo que saltaba á la vista. 
«V. E. no puede formar una idea bastante del 
estado de ceguedad en que se halla la Provin- 
cia, escribía á la Junta el 14 de Marzo: igual es 
la ignorancia de los primeros hombres de ella, 
que arrastran la multitud, siempre más igno- 
rante que aquéllos, como en todas partes, y á 
qué grado de entusiasmo han llegado, bajo el 
concepto de que, oponiéndose á las miras de 
V. E., defienden la patria, la religión y lo que 
hay de más sagrado. 

))Así es que han trabajado para venir á ata- 
carme de un modo increíble, venciendo impo- 
sibles que sólo viéndolos pueden creer: pan- 

lo concedió el mismo día 9 de Marzo, y mandó que, para 
conmemorar mejor tan plausible acontecimiento, fueran 
puestos «en libertad dos presos que no sean de mayor con- 
sideración de los que se hallan arrestados por orden de 
esta Junta Superior, y otros dos de cuenta de los Alcaldes 

ordinarios », y que además se iluminaran la gradería 

del Ayuntamiento y los corredores del Palacio del Go- 
bierno. 



lOl 

taños formidables, el arroyo á nado, bosque 
inmenso é impenetrable, todo ha sido nada 
para ellos, pues su entusiasmo todo les ha alla- 
nado. Qué mucho! si las mujeres, niños, vie- 
jos, clérigos y cuantos se dicen hijos del Para- 
guay están entusiasmados por su patria...» (i). 
Pero si reportó la Provincia mucha gloria de 
su triunfal campaña, ella le ocasionó igual- 
mente grandes perjuicios, que la fueron más 
sensibles que pudieron serlo á ninguna otra, 
por la pobreza en que siempre estuvo «Se- 
ria difícil hacer á V. E., dice la Junta en su 
oficio del 26 de Septiembre de 1811 al Marqués 
de Gasa-lrujo, el quadro de los males, ruinas 
y perjuicios que la ha ocasionado. Se gastaron 
sobre cien mil pesos de la Real Hacienda, se 
puso en movimiento, y se hizo marchar á mas 
de diez mil hombres, todos á costa de ellos 
mismos y con total abandono de sus particu- 
lares ocupaciones y atenciones, pues aunque 
se formaron algunos cuerpos á sueldo, nunca 
se les efectuó la paga. El trasporte y manteni- 
miento de tanta gente, y de los aprestos de 



(i) Descripc, pág. 83: oficio de Belgrano á la Junta 
Gubernativa de Buenos Aires en 14 de Marzo de 181 1. 
Véase también Zinny, ob. cit., pág. 226. 



102 

guerra, se hicieron también á expensas de los 
demás vecinos. Ganados, Ga valladas, y Garrua- 
ges todo se tomaba y quitaba por fuerza, ó de 
grado, y todo se consumia, ó se perdia sin 
paga, sin compensación, y sin arbitrio. Si á 
todo esto se agregan los daños inevitables, que 
forzosamente debia causar el Excto. contrario, 
y al mismo tiempo la falta de todo comercio 
con los muchos frutos del Pais estancados sin 
giro, ni esperanza ó medio de tenerlo: puede 
V. E. figurarse á qué apuro y desolación lle- 
garla la Provincia.» (i). 

En el bando del Gomandante y Oficiales del 
cuartel de esta plaza (9 de Junio) se lee tam- 
bién: «la Provincia ha tenido que sufrir los 
muchos daños y males consiguientes á una 
guerra civil, y el comercio de sus muchas pro- 
ducciones y frutos ha quedado obstruido y 
aniquilado. Se han consumido y desaparecido 
mas de cien mil pesos de la real hacienda. Las 
tropas se han dejado privadas del justo y de- 
bido estipendio de muchos meses » (2). 



( I ) MS. del Archivo Nacional. 

{2) MS. del Archivo Nacional, copiado en la Descripc. , 



CAPITULO V 

LA GÉNESIS REVOLUCIONARIA 

Nuevas medidas preventivas del Gobierno.— Ingratitud de 
Vclasco hacia el ejército. — Empréstito patriótico.— 
Remisión de los prisioneros á Montevideo. — Ocupación 
de Corrientes por el Paraguay.— Fermento revolucio- 
nario: conspiraciones fracasadas: terreno propicio que 
encuentran las nuevas ideas en esta Provincia.— Opi- 
niones favorables á la anexión á Buenos Aires. 

Aunque el aspecto que la lucha empeñada 
con Buenos Aires presentaba, era completa- 
mente favorable al Paraguay, así por la nin- 
guna simpatía que el ejército invasor encon- 
tró en la Provincia, como por el entusiasmo 
con que se hizo el alistamiento de las tropas 
que habían de oponérsele y el éxito de la pri- 
mera batalla, no por eso Velasco y el Cabildo 
cesaron en sus previsoras disposiciones. El 7 
de Febrero de 181 1, á raíz del triunfo de Pa- 
raguary, publicó el gobernador un bando para 
que fuesen entregadas todas las armas de fue- 



104 
go que poseyeran los habitantes, y en particu- 
lar las tomadas al enemigo el 19 de Enero (i); 
y el 12 de Marzo el Ayuntamiento, que interi- 
namente ejercía el gobierno, ordenó á todos 
los corregidores, cabildos y administradores de 
los pueblos de indios y á los jueces comisiona- 
dos, jefes militares y demás autoridades de los 
pueblos de la campaña, que prestaran todos 
los auxilios que les pidiese, á D. Agustín Ma- 
ría Antunes, encargado de establecer una fá- 
brica de pólvora, por ser necesario que la Pro- 
vincia se proveyese á sí misma de aquellos ele- 
mentos indispensables á su defensa, que no 
podía recibir del exterior, aislada como estaba 
á causa de su fidelidad al Rey (2). 

El mismo día 13 de Marzo, que se supo en 
la Asunción la noticia de la última victoria, 
partió Velasco «á poner en orden la frontera 
del Paraná y los pueblos de Misiones» (3), y 



(i) MS. del Archivo Nacional. 

(2) Con efecto: la fecha del bando original (MS. del 
Arch. Nac.), subscripto por el triunvirato de Haedo, Be- 
doya y Caríssimo, es la del 12. No obstante, del oficio del 
Cabildo á Eiío, ya tantas veces traído á cuento, se colige 
que Velasco no salió de la capital hasta el 13, y que el 
día anterior comunicó al Ayuntamiento la llegada del Vi- 
rrey á Montevideo. 

(3) Oficio del Cabildo á Elío (Descripc, pág. 77). 



io5 
llegado á Tacuary, licenció al ejército sin paga 
alguna; se hizo tributar honores que no mere- 
cía, á costa de los arruinados municipios, y 
únicamente recompensó á D. Fulgencio Ye- 
gros, á quien, por su acendrado realismo, as- 
cendió y nombró gobernador de Misiones, de- 
jándole con 200 hombres en Itapúa, mientras 
él, Velasco, volvía á la capital (i). Una vez 



(i) Descrip. Prov. Parag., págs. 77 y 78; Somellera 
(Rcngger, Ensayo hisiór., págs. 194 y 196). Conviene es- 
tablecer con exactitud la verdadera jerarquía militar de 
Yegros, á quien comúnmente se cree General; pero el gra- 
do más alto á que llegó fué el de Brigadier, con que, á 
la par de Francia, le agració en 12 de Octubre de 1813 el 
Congreso inaugurado el 30 de Septiembre, al nombrarle 
cónsul. (Véase mi Comp. Elem. de Hist. del Parag. , pági- 
na 176.J 

Ya queda dicho que en Septiembre de 1810 Yegros 
era un simple teniente. Después de Paraguary le hallamos 
de capitán, y de teniente coronel en las actas del Con- 
greso del 17 de Junio de 181 1. Lo que falta es saber si es- 
te grado le obtuvo en una sola vez por los méritos hechos 
en Tacuary, ó si fué precedido del ascenso á comandante. 
Lo primero es inverosímil, porque importarla haber sal- 
tado un punto del escalafón, y ni consta que Yegros se 
distinguiera particularmente en la última batalla, ni pa- 
rece creíble que Velasco, que escatimó las recompensas al 
extremo de no premiar los servicios del jefe que la diri- 
gió. Cabanas, ni de otros muchos meritísimos oficiales, 
se mostrara con Yegros tan injustificadamente pródigo 
(por muy fervoroso realista que fuese), á trueque de sus- 



io6 
aquí, expidió un bando (i8 de Abril) en que, 
después de felicitar por sus triunfos á los pa- 
raguayos, les decia: «Vivid contentos: reposad 
en el seno de vras. familias, y no temáis pade- 
cer la suerte de Vuestros vecinos los Correnti- 
nos q.e arrastrados de los insurgentes, han ido 
á ser victimas en la Campaña del Uruguay; á 
la sazón q.e su capital abandonada la tiene á 
discreción el Gomand.te de nra. Esquadra 
D.n Jaime Ferrer que se halla fondeado en el 
Puerto de aquella Ciudad. Esta Provincia es 
ilustrada y fuerte, y la divina Provid.^que ve- 
la sobre su conservación, cada dia nos depara 
medios que la hacen inaccesible. No penséis 
q.e vro. mérito ha de quedar en el olvido; to- 



citar descontentos, más peligrosos entonces que nunca. 
Estas consideraciones, reforzadas por la partida que si- 
gue, tomada del Libro Mayor varias veces citado, consti- 
tuyen una casi prueba completa en favor de la segunda 
hipótesis: 

Abril 6.— Importe de los Viveres q.e se han 
comprado y remitido al Pueblo de 
Itapua p.* gasto y consumo de la 
tropa q.e se halla en aquel destino 
al mando del Gomand.te en Xefe 
D.tt Fulgencio Yegros y gente de 
marina situada en la misma altura 
sobre el Rio Paraná 398,2 l/2 



107 
dos mis esfuerzos desde este momento se redu- 
cen á elevarle al Gov.no Soverano de las Cor- 
tes que en nombre de Nro. Monarca el Sor. 
D.n Fern.do y.° rige España y sus Indias. Todos 
serán dignam.te recompensados: dedicaos en- 
tre tanto al cultivo y cuidado de vras. hacien- 
das. Ocurrid á mi si alguno os oprime, y ha- 
llareis la Justicia de un Padre que os ama, y 
que no quiere mas premio que acabar sus dias 
de simple particular entre vosotros, cuio va- 
lor, docilidad, y amable carácter nos ha pro- 
porcionado el maior galardón y gloria que 
pueden dar las naciones mas poderosas del 
mundo. No sois mis esclavos como dicen los 
infames Livelos de Buenos Ayres; sois mis hi- 
jos compañeros y amigos. Ellos son verda- 
deram.te los Esclavos de un Govierno arvitra- 
rio, tiránico y Despótico.» (i). 

El 19 de Abril convocó Velasco á las auto- 
ridades, para que el 27 de mañana concurrie- 
sen á la Casa de Gobierno á jurar de nuevo 
por único y legítimo Rey á D. Fernando VII, 
y por él á la Soberanía de la Nación, represen- 
tada por los Diputados de las Cortes Genera- 
les de Enero y Junio de i8io, ordenando al 

(1) MS, de\ /írchivo Nacional, 



io8 
propio tiempo los festejos con que se solemni- 
zaría este suceso, así en la capital como €n las 
villas y demás poblaciones de la Provincia (i), 
é hizo pregonar que para mantener el estado 
de defensa del Paraguay «desde este dia se 
abre en Gaxas un empréstito Patriótico, baxo 
la Hipoteca de las fincas y Ramos de Real Ha- 
zienda que elijan los Prestamistas, asi para la 
seguridad de sus Capitales como para el pago 
del seis por ciento que se les abonará religio- 
samente, quedando á su arbitrio sacar los prin- 
cipales luego que tranquilizadas las cosas, ten- 
ga esta Thesoreria fondos bastantes, ó bien 
continuar percibiendo el expresado premio, 
cuya satisfacción se hará á los Interesados en 
las Reales Caxas, donde presenten ios Docu- 
mentos ó Cartas de crédito que se darán á los 
Capitalistas por los Ministros de Real Hazien- 
da con arreglo á lo resuelto por su Magestad 
en Real Orden de doce de Marzo del año pa- 
sado de mil ochocientos nueve.» (2). 

No obstante que Cabanas prometió á Belgra- 
no la libertad de los prisioneros porteños (3), 

( 1 ) MS. del Archivo Nacional: bando. 

(2) MS. del Archivo Nacional. 

(3) Carta de Cabanas á Belgrano, en 10 de Marzo 
(Descripc, pág. 47), 



109 
Velasco no se curó de esta promesa, y los 
hizo trasladar á la Asunción, en donde los 
empleó en las obras públicas y los tuvo en un 
barco en medio del río, mientras se preparaban 
los que habían de llevarlos á Montevideo (i). 
Contratóse la conducción con D. Francisco 
Fornell (2), que ajustó en 2.700 pesos la de seis 
oficiales y iqS de tropa, entre sargentos, cabos 
y soldados {3); y al mismo tiempo despachó el 
gobernador al sargento mayor D. Carlos Ge- 
novés (4) con una misión ante el Virrey Elío, 
que, llegado á Montevideo el 12 de Enero de 
181 1 (5), se había dado prisa á restablecerla 
comunicación fluvial con el Paraguay y á soco- 
rrerle con cinco oficiales, fusiles y municiones, 
enviados á la Bajada del Paraná con un ber- 
gantín y dos faluchos armados en guerra (6). 



(i) Descripc, pág. 47: Somellera (Rengger, cd. cit., 
pág. 195). Consta que se les destinó á las obras de la Ri- 
bera en el Libro Mayor cit., partida del 9 de Abril. 

(2) N. Fournier, catalán y capitán de urbanos, dice 
Somellera 'Reng., pág. 193]; pero el nombre auténtico, 
según documentos oficiales, es el que doy yo. 

(3) Libro Mayor cit., partida del 9 de Abril. 

(4) Libro Mayor cit., partida del 29 de Marzo. 

(5) López, ob. cit., tomo III, pág. 371. 

(6) Oficio cit. del Cabildo de la Asunción al Virrey 
[Descripc, pig.-j-j). 



no 
Respondiendo, además, á las hostilidades 
iniciadas por Buenos Aires, y para precaverse 
contra una segunda agresión, Velasco ordenó, 
después de la capitulación de Tacuary y con- 
siguiente retirada de Belgrano, que fuese ocu- 
pada la ciudad de Corrientes, como hacía ya 
tiempo lo aconsejaba el Capitán D. Jaime Fe- 
rrer, Comandante de Ñeembucú (i). Éste se 
presentó con catorce buques delante de Corrien- 
tes, y el í7 de Abril de i8i i intimó al teniente 
gobernador, D. Elias Galván, que en el término 
de dos horas contestase si se declaraba aliado 
de la Provincia del Paraguay, «reconociendo 
como ella reconoce á la Soberanía de España, 
é Indias en el Congreso de las Cortes, y al Se- 
ñor Don Francisco Eliu por Virrey del Rio de 
la Plata», y prometiendo á los habitantes «de- 
fenderlos por las armas del Paraguay, contra 
qualquiera tentativa de Buenos Aires en el con- 



(i) Ya en el oficio del 6 de Octubre de 1810, dirigido 
á Gracia, decía Ferrer; «Es muy importantisimo q.e se 
tome Corrientes p.r muchos motibos con el fin de que 
quede toda la costa sin rriesgo alg." p.' lo q.e se intente 
hacer ó mand.r de Montevideo, obligándome, el tomarla 
sin costo casi alguno y quitar alg.o» traidores que hay en 
aquella Ciud.d de manera que tomada que sea tomaran 
estos las armas en nro. fabor, q.» est.» con mucho deseo 
de estar sugetas a la Provincia »(MS. del Arch. Nac] 



III 
cepto que si dan Usía lugar con su obstina- 
ción á que use de mis fuerzas para reducirlos 
á su deber y si no se aprovechan de este ulti- 
mo requerimiento que hago, decía, conducido 
de los principios de humanidad, y deseoso de 
que se restablesca el antiguo orden, y sosiego, 
esperimentaran el mas sebero castigo, y serán 
tratados como rebeldes.» (i). No fué posible 
hallar en ninguna parte á Galván, que había 
huido en cuanto se presentó el peligro, y el 
Cabildo, inmediatamente convocado para re- 
solver lo que debía hacerse en tan apurado 
trance, viéndose sin fuerzas con que oponer 
resistencia, contestó aquel mismo día á Ferrer 
su intimación de reconocimiento de D. Fer- 
nando Vil, declarando que «resulta que este es 
el principal objeto de ambos goviernos, y que 
todos seguimos a un fin con prOtexta por nues- 
tra parte de nunca bariar de proposito; sin em- 
bargo si Usia no es conforme con la conducta 
de este Pueblo puede disponer lo que sea de 
su agrado en el supuesto de que hallándose 
indefenso y sin fuerza alguna, no tiene Usia 
que temer oposición, ni resistencia alguna á las 



(i) MS. del ylrch. Nac. Véase además El Paraguayo 
Independiente, tomo I, pág. 5, y Zinny, ob. cit,, pág. 224. 



112 

disposiciones que estime justas, y combenien- 
tes, y para qualesquiera que fuesen este Ilustre 
Cavildo interpone á Usia sus respetos para que 
Providencie la mayor moderación, y quietud 
en sus gentes asegurándole de la docilidad y 
sosiego de este Pueblo.» (i). En mérito del pa- 
cífico sometimiento de las autoridades de la 
Ciudad, desembarcaron en ella las tropas pa- 
raguayas por el puerto de La Rosada^ y la 
ocuparon el misaio día 17, y el 20 fué formal- 
mente jurado el Supremo Consejo de Regencia 
del Reino, después de lo cual, estando el Ca- 
bildo reunido, á las cinco de la tarde, se pre- 
sentó Ferrer en su sala, pidió que se le ense- 
ñaran dos tomitos que envió la Junta de Bue- 
nos Aires, y resultando ser ellos el Contrato 
Social, de Rousseau, se acordó quemarlos (2). 
Mientras de esta manera rechazaba Velasco 
al enemigo exterior y procuraba ponerse á cu- 
bierto de nuevas tentativas suyas, no perdía 
tampoco de vista á los que desde el Paraguay 
intentaban dar en tierra con su poder. Las ideas 
revolucionarias, que germinaban entonces casi 
espontáneamente en toda la América, tenían 



(i) MS. dc\ archivo Nacional. 
(2j MS. del Archivo Nacional, 



ÍI3 
terreno más propicio en el Paraguay que en 
ninguna otra de las colonias españolas. Hallá- 
base el gobernador empeñado en los prepara- 
tivos de la guerra, cuando descubrió ciertos 
planes subversivos, y para ahogarlos en su 
cuna «confinó á Borbón algunos ciudadanos 
y á un religioso eclesiástico, que se habían in- 
sinuado adictos al sistema de Buenos Aires», ó 
sea á reformar el gobierno y hacer que tuviese 
origen en la voluntad nacional (i). Pero no 
fueron suficientes estos rigores para concluir 
con sentimientos é ideas tan tenazmente arrai- 
gados. Velasco llegó á recibir noticia de que 
se conspiraba en su contra, y el 7 de Enero 
de 181 1, en Yaguarón, donde estaba su cuartel 
general, «informado que el Administrador de 
este Pueblo D.n Juan Manuel Granze, á inten- 
tado seducir á varios individuos, inclinándoles 



(i) Descripc. Prov. Parag., pág. 42. El escritor pa- 
raguayo Peña dice igualmente en una de sus cartas á La 
Tribuna de Buenos Aires, la del 9 de Octubre de 1866: 
«El último gobernador español del Paraguay, el Brigadier 
D. Bernardo de Velasco, destinó (á Olimpo) como á pre- 
sidio á varios ciudadanos notables de Asunción, entre ellos 
un reverendo religioso porteño franciscano, apellidado 
Vaca, por haberse declarado adictos á la revolución de 
Buenos Aires del año de 18 10.» La petición de Belgrano 
anteriormente transcripta robustece estos testimonios. 



114 
á seguir el partido de los insurgentes», mandó 
que se le procesara. De las informaciones prac- 
ticadas por el Capitán D. José Teodoro Fer- 
nández, Ayudante de Órdenes, resultó Granee 
culpable de haber predicado la necesidad de 
rendirse sin resistencia á Belgrano, «que viene 
á sacarnos del cautiverio, y opresión en q.e 
nos tienen los Europeos» (i), con lo cual se 
mejoraría el estado de la provincia y podrían 
tener mando los paraguayos. Granee fué preso 
y remitido á la Asunción á mediados del mismo 
mes de Enero, y hallándose en la cárcel, el 4 
de Abril, se denunció otra nueva conjuración, 
fraguada por D. Manuel Pedro Domeque, Don 
Manuel Hidalgo y D. Marcelino Rodríguez, 
para «atropellar la Guardia del Cuartel, ma- 
tando á los que se resistiesen y apoderarse de 
todos los presos que hay en él haciéndose 
dueños asi mismo de las armas y municiones 
que existen en el Parque de Artillería existente 
en dicho Cuartel y con ellas y su gente apo- 
derarse á viva fuerza del Barco en que se hallan 
los prisioneros y reunidos todos pasar á la 



(i) MS. del Archivo Nacional. Véase también la Nue- 
va Revista de Buenos Aires^ año IV, tomo XII, entrega 47, 
pág. 456. 



115 
casa de los Señores Jueces, y después á la del 
Señor Obispo á sacarlos á todos sin decir con 
que objeto» (i), para lo cual tenían designada 
la madrugada del 6 de Abril. Pero uno de los 
comprometidos en la empresa, José Antonio 
Agüero, retrocedió en los últimos momentos 
y dio parte de lo que se fraguaba al Alcalde de 
primer voto, á las diez de la noche del día 4, y 
en la mañana siguiente el Cabildo Gobernador 
envió á D. Francisco Fornel, al Capitán de 
Artillería D. Antonio Zavala y otros, á prender 
á Domeque, como lo hicieron, sometiéndosele 
á un proceso, que instruyó el regidor Don 
Francisco Riera. 

El mismo día de la delación de Agüero, el 
Dr. D. Juan de la Cruz Bargas comunicó al 
regidor D. José García del Barrio noticias que 
había recibido de un atentado que se proyec- 
taba contra el gobierno, y á la vez para dar li- 
bertad á los prisioneros porteños, mezclando 
en sus deposiciones el nombre del alférez aban- 
derado D. Vicente Ignacio Iturbe, como la 
persona por quien lo supo, aunque haciendo 



(i) MS, del Archivo Nacional. Véase también la Nue- 
va Revista de Buenos Aires, tomo XII, entrega 48, corres- 
pondiente á Marzo de 1885, pág. 622. 



n6 
constar que éste no entraba en el comj)lot. La 
denuncia produjo el encarcelamiento de varios 
de los conjurados (i). 

Mientras así se conspiraba en la capital, Don 
José de María, notado por su estrecha amistad 
con Domeque, buscaba prosélitos á la conju- 
ración en la Villa Real, teniendo de auxiliares 
en este empeño al cura D. José Fermín Sar- 
miento y al Dr. D. José Mariano Báez, quienes 
sostenían «que la Junta de Buen.s Ay.s no po- 
día reconocer á la Regencia por suprema auto- 
ridad, y que el fin de aquella era libertar de la 
esclavitud á los americanos, y que el Sor. Go- 
vernador Intend.te D." Bernardo de Velasco 
p.r sus fines particulares no habia dexado 
obrar con libertad al pueblo el dia veinte y 
quatro de Julio del año próximo pasado en el 
Colegio, para si se debia, ó no reconocer dha. 
Junta de Buenos Ayres, la que con razón y 
justicia se habia instalado; y que la causa de 
no haber sido reconocida por la Provincia del 
Paraguay, no era otra mas que de quatro Pi- 
caros que se hablan asociado con el Sor. Go- 

(i) MS. del Archivo Nacional: proceso original de la 
conspiración. Véase también sobre ella Rodríguez, Revista 
Nacional de Buenos Aires , diri^da por Carranza, tomo XIII, 
pág. 177, año 1891. 



117 
v.or para sostener sus empleos, sin que ningu- 
no de estos fuesen capaces de libertar á dicho 
Sor. Gov.or de la próxima ruina que le amena- 
zaba.» (i). 

Pero no consiguieron estas ideas abrirse paso 
en aquella conservadora población; tuvo Ve- 
lasco noticia de la propaganda que en ella se 
hacía, y el 29 de Abril dio comisión al Dr. Don 
José García Oliveros, abogado de la Real Au- 
diencia de Buenos Aires, para procesar á los 
culpables, á la vez que ordenaba al cura Sar- 
miento que se presentase ante él inmediata- 
mente, y escribía al Comandante de Villa Real, 
D. Francisco de Quevedo, que si no lo verifi- 
cara con la prontitud mandada, lo enviase 
preso bajo segura custodia (2). La revolución 
de Mayo concluyó con todas estas causas. 

Estos hechos desmienten por completo á 
cuantos piensan con Somellera que «la única 
verdadera é inmediata causa que influyó (en 
los paraguayos, para que la revolución se pro- 
dujera), fué la inoculación que recibieron en 
Tacuary, dos meses antes que se sintiera su 
efecto», y que «puede decirse, y se dirá con 



{ i ) MS. del Archivo Nacional. 
'2) MMSS. del Archivo Nacional. 



ii8 
verdad que el General Belgrano en Tacuary 
en Marzo de 1811 preparó la revolución, que 
esialló en la capital en Mayo del mismo 
año.)> (1). Contrariamente á tal afirmación, 
atestigua la historia que las ideas revoluciona- 
rias tenían ya abierto camino, y constituían 
materia de desazones para el Gobierno, mucho 
antes que Belgrano se comunicara con los ofi- 
ciales paraguayos. No se había dado aún nin- 
guna batalla contra los invasores, cuando ya 
opinaba y sostenía el Dr. Francia en la asam- 
blea del 24 de Julio de i8i0((que había caduca- 
do el gobierno españobí; cuando eran deporta- 
dos á Borbón algunos patriotas que deseaban 
implantar en el Paraguay el mismo sistema por 
que se regía Buenos Aires; cuando caía preso 
Granee, porque predicaba la alianza con los 
porteños, que vienen á redimirnos «del cautive- 
rio, y opresión en q.e nos tienen los Europeos»; 
cuando el R. P. Fr. Fernando Caballero, hom- 
bre recio y sabio, tío de Francia, llegado re- 
cientemente de la capital del Virreinato, no 
ocultaba su entusiasmo por la bondad del nue- 
vo régimen, y fomentaba las nacientes aspira - 



(1) Nota al Ensayo histórico de Rengger, editado en 
Buenos Aires, pág. 194. 



119 
ciones de los patriotas (i); cuando en la Villa 
Real de la Concepción, de María, el P. Sar- 
miento y el Dr. Báez propagaban que la Junta 
de Buenos Aires tenía el sublime propósito de 
«libertar de la esclavitud á los americanos.» Y 
si hubo todos estos conatos, en los cuales no 
entró por nada la propaganda de Belgrano, 
puesto que son anteriores á ella; si las ideas 
que se efectuaron el 14 de Mayo tenían prosé- 
litos antes de Tacuary, y el profesarlas era cau- 
sa de prisiones y confinamientos, ¿es justo 
conceder sólo al General porteño el honor de 
haber preparado con su prédica los espíritus 
de los patriotas para aquella grande obra? No, 
por cierto: la historia imparcial sabrá dar á 
aquellos hechos toda la grande importancia 
que tienen, como precursores de la revolución, 
y restringir la influencia de la propaganda de 
Belgrano á los estrechos límites que la corres- 
ponden en justicia. 

Ya lo ha dicho además un eminente histo- 
riador argentino, el Dr. D. Vicente F. López, 
apreciando con imparcialidad rarísima en sus 
compatriotas la situación y espíritu de nuestro 



(1) Descripc, pág. 59; Somellera, loe. cit.; Peña, nota 
á la Descripc. , pág. 59. 



120 

país en aquella época: «Nosotros no podemos 
participar de la entusiasta leyenda con que se 
ha atribuido la revolución del Paraguay á las 
conferencias del general Belgrano con Caba- 
nas y con los hermanos Yegros. 

)>Los hombres, repetimos otra vez, no hacen 
milagros. Los que se pasman de admiración 
delante de los resultados que atribuyen á las 
negociaciones de Tacuary, prescinden de que 
las condiciones naturales del país, y las del 
pueblo paraguayo, tenían preparado ese re- 
sultado, como una consecuencia forzosa del 
tiempo, de la oportunidad y de los hombres 
mismos que contribuyeron á él. Abandonado 
á su propio declive, el Paraguay se habría de- 
clarado independiente de todos en 1811, sin la 
expedición y sin las negociaciones del general 
Belgrano.» (i). 

El pueblo paraguayo no necesitaba que na- 
die le inculcase los sentimientos de libertad, 
porque los tenía más profundamente arraiga- 
dos que ningún otro. La deposición de Cisneros 
le hizo comprender que había llegado el mo- 
mento de conquistarla, y á ello se dispuso, sin 
esperar á que viniese Belgrano á despertarle. 

(i) López, Historia Argentina, tomo III, pág. 366. 



121 

Como corroborante de cuanto dejo dicho, 
puedo todavía citar los siguientes párrafos de 
un compatriota, Peña, que se refieren al perío- 
do preparatorio de la revolución, y á época 
también anterior á Tacuary: «El gobernador se 
consideraba como impotente, notando el fer- 
mento de los patricios: no olvidaba los acon- 
tecimientos ocurridos en el Paraguay durante 
y después de la gobernación de Don Diego de 
los Reyes y Balmaceda, y sabía la altura en 
que se podía colocar el pueblo de la Asunción 
al recobrar sus derechos. 

«Preveía que se presentaba la ocasión de re- 
vivir el germen sofocado por tantos años, pues 
notaba que la idea no se había extinguido, y 
parecía que los paraguayos despertaban con 
la revolución del 25 de Mayo de 1810 

» Recuerdo que oía decir á mi padre años 
después que en vano había sido querer privar 
á los verdaderos patricios del pensamiento y 
voluntad que expresaron; que hicieron traslu- 
cir su proyecto; que buscaron su apoyo en la 
voluntad pública; que fué mucho lo que bu- 
llía en aquellos espíritus la idea de la sobera- 
nía del pueblo; que simpatizaron enteramen- 
te con los propósitos de Buenos Aires; que les 
abrumaba el centralismo; que su aspecto no 



122 

les asustaba ni temían la cólera y aborreci- 
miento de los absolutistas cabildantes.» (i). 

Desgraciadamente, si había quienes acaricia- 
ban la idea de constituir al Paraguay en total 
independencia de todo ajeno dominio, tampo- 
co faltaban partidarios de la anexión á Buenos 
Aires, siquier estos mismos la propusiesen so- 
bre la base de una estricta y completa igual- 
dad de los derechos de ambas provincias. Há- 
cese notar por la elocuencia y el bello estilo 
en que está concebida la extensa comunica- 
ción reservada que el 8 de Marzo de i8i i diri- 
gió un Europeo despreocupado al gobernador 
y los vocales españoles del Cabildo, refutando 
uno á uno todos los reparos puestos á aquella 
alianza, y exhortando á que fuese llevada á 
efecto, dejados á un lado intereses transitorios 
y de poca monta, y prevenciones y rivalidades 
que no debían subsistir. «¿Que victoria podra 
lograr esta Provincia sobre la de Buenos Aires, 
decía, ni aquella sobre esta, que no sea un mal 
trascendental p.* todas las de esta America? 
¿Que otra cosa puede resultar de esta des- 
unión, sino es franquear las puertas de nues- 
tra misma casa al enemigo? Recordemos de 

(l) Peña, nota á la Descripc., pág. 59, 



123 

una vez del emponzoñado letargo en que vi- 
vimos; y si no nos mueve eU legitimo interés 
de nuestra causa común, muévanos siquiera 
el desfavorable concepto q.e tendremos entre 
todas las Naciones cultas, al ver que, siendo 
una misma la causa que todos defendemos, 
p.r varios insubstanciales incidentes, vamos á 
perder el goze de nuestra libertad, en el que 
están comprendidos el suabisimo yugo á nues- 
tras leyes, el apreciable vasallaje que tributa- 
mos al mejor de los Monarcas, y quizas tam- 
bién la posesión de nuestra religión santa. 

»Con efecto no podia escogitarse un medio 
mas efectivo p.* dejar de ser españoles, que el 
de la desunión, ó el de la guerra civil en que 
por desgracia hemos sucumbido 

))La fortuna, agregaba después, haga que 
estos descargos sean oidos con la misma dis- 
posición imparcial con que yo los he referido, 
pues esta por demás la mejor razón fundada, 
quando la pasión dirige elalvedrio » Y pro- 
curando excitar el propio interés de los espa- 
ñoles: «Aun quando los Europeos pudiésemos 
por algún tiempo sostener esta trasmitida su- 
perioridad, al ñn la razón y la fuerza nos la ha 
de hacer declinar. En la ipotesi de subsistir 
España, y conservando la población arreglada 



124 

á su extensión, no ha de poder emigrar mas 
numero de sus naturales que hasta el presen- 
te: p.r el contrario, la vastedad de estos países 
hace un aumento progresivo todos los dias: el 
mayor numero en todas partes constituye las 
fuerzas; y asi aunque nuestra pretensión fuese 
fundada, al fin tendrá que ceder á esta.» (i). 

«No faltaban verdaderos patriotas, escribía 
á su vez la Junta del Paraguay á la de Buenos 
Aires en 20 de Julio de 181 1, que deseasen esta 
dichosa unión en términos justos y razona- 
bles» (2); pero ni eran de esta índole las preten- 
siones que por entonces reveló Buenos Aires, 
quien buscaba su preponderancia absoluta y 
solas sus particulares ventajas, ni estaban todas 
las voluntades encaminadas en el mismo sen- 
tido. 

(i) MS. del Archivo Nacional. 

(2) MS. del Archivo Nacional: está publicado con al- 
gunos errores en la Descripc. , pág. 63. Véase también el 
oficio de 16 de Septiembre de 181 1 á Casa-Irujo. 



CAPÍTULO VI 



EL 14 DE MAYO 

Progresos que hace la revolución: circunstancias que la 
favorecen. — La conspiración dirigida por Francia.— El 
14 de Mayo.— Sometimiento de Velasco.— Modificación 
que se introduce en el gobierno. — Medidas tomadas por 
el triunvirato. —Esfuerzos de Francia por nuestra total 
independencia. — Evacuación de Corrientes. 

Ganaba entre tanto terreno la idea de una re- 
volución que sustrajera al Paraguay del domi- 
nio español. Los jefes y oficiales que acababan 
de realzar su prestigio con su valeroso com- 
portamiento en Paraguary y Tacuary, dispo- 
nían sin reservas de las tropas. Velasco, des- 
acreditado por su cobardía; malquisto por la 
ingratitud y la injusticia con que trató á los 
defensores de la patria, licenciando al ejército 
sin pagarle, y olvidando recompensar los mé- 
ritos hechos en la campaña; y más desconcep- 
tuado aún desde que se conocieron sus reía- 



126 

ciones con los portugueses, antiguos aborreci- 
dos enemigos del Paraguay (i), estaba atado 
de pies y manos, sin recursos con que mante- 
ner su autoridad. El Cabildo carecía en aque- 
llos momentos de su antiguo influjo, y no era 
fuerza capaz de detener la vigorosa corriente 
que se iniciaba: la tradición, que le presentaba 
como el eterno denodado defensor de las li- 
bertades populares, estaba quebrantada, rota, 
por las usurpaciones de poderes y arbitrarieda- 
des que cometió en los difíciles días que aca- 
baba de pasar la Provincia, y por la debilidad 
que mostró ante las primeras noticias de la 
batalla de Paraguary. 

Belgrano supo de su parte excitar la ambi- 
ción de los más conspicuos militares paragua- 
yos y enconar la secular rivalidad entre espa- 
ñoles y criollos, señalando á éstos la injusta 
inferioridad política y aun social en que vivían. 
Era poner el dedo en una antigua herida, abier- 

(i) «Una de las concausas que dieron impulso á la 
gloriosa revolución del 14 de Mayo anterior fue la natural 
rivalidad, y antitezis que hay entre esta Provincia y los 
Portugueses, que poco apoco han ido usurpando nuestros 
terrenos, haciendas de hasta, y los mas apreciabies esta- 
blecim.tos de Minas con muerte de muchos vecinos,..,» 
MS. del Arch, Nac: oficio del 25 de Enero de 1812, di- 
rigido por la Junta del Paraguay á la de Buenos Aires. 



127 

ta siempre, pero nunca más que en aquella oca- 
sión peligrosa (i). Toda la gloria de las dos jor- 
nadas pertenecía á los paraguayos, y en cam- 
bio no tenían ninguna parte en los beneficios. 
Nada tan natural como que quedaran malcon- 
tentos, y, desgraciadamente para la causa de 
España, la conducta de Velasco no podía pro- 
vocar con mayor violencia esas prevenciones 
hostiles. ¿Qué mucho, entonces, que las as- 
piraciones revolucionarias, fomentadas por to- 
das estas favorables circunstancias, hallaran 
rápida y fácil propagación en terreno tan pre- 
parado por los recuerdos de los comuneros, 
por el espíritu de independencia dominante en 
la provincia privilegiada, y por el desprestigio 
mismo que anonadaba á Velasco? 

Los que más directamente recibieron las in- 
citaciones de los vencidos argentinos, fueron 
el Capellán D, José Agustín Molas y el capitán 
D. Antonio Tomás Yegros (2), quienes arras- 
traron sin gran trabajo á D. Fulgencio Yegros 
y á los demás oficiales, seguramente ganados 
de antemano para la causa patriótica por el 

(i) Demersay, Hisi. du Parag., tomo II, pág. 348, y 
Le Docteur Francia, pág, y, Famin, ob. cit., pág. 40; Zin- 
ny, ob. cit., pág. 226. 

(2) Descripc, págs. 47 y 48. 



128 

progreso que ella había hecho en la opinión 
en muy poco tiempo. Pero como Yegros «se 
hallaba á 70 leguas de la Asunción, donde se 
había de ejecutar la revolución convenida, y 
carecía también de conocimientos y talentos 
necesarios para dirigirla con orden, cordura y 
acierto, á fin de evitar las desgracias, horrores y 
funestas consecuencias que regularmente sue- 
len resultar de las revoluciones contra un go- 
bierno legítimamente establecido: no pudo él 
efectuarla en persona ni tan pronto como se 
deseaba. Se le habló al doctor don José Gaspar 
Francia, quien conviniendo en dirigir la em- 
presa, instruyó el plan sobre que se habia de 
ejecutar.» (i). 

El capitán D. Pedro Juan Caballero y el 
alférez D. Vicente Ignacio Iturbe, se encarga- 
ron de buscar más prosélitos en la capital y de 
asegurarse el concurso de la guarnición de los 
cuarteles (2). Todo dispuesto ya, se resolvió 

(i) Descripc. Prov, Parag.^Tpkg 48, Otros testimonios 
y argumentos que á mi juicio prueban que fué Francia el 
verdadero director de la revolución, pueden verse en el 
Apéndice A de este mismo libro. 

(2) No se lamentará nunca bastante el que no nos ha- 
yan quedado de la revolución de Mayo documentos en que 
podamos informarnos con entera certeza, para saber quié- 
nes fueron los que la prestaron su concurso. Son muy po- 



129 

esperar la vuelta de Yegros, que seguía en Ita- 
púa con sus 200 hombres, para llevar á cabo el 
proyecto. Pero no era posible guardar en ab- 
soluta reserva secreto depositado por necesidad 
en tantas personas, y así fué que empezó muy 
pronto á trascender en el público. Iturbe se 
vio envuelto en un proceso, á causa de la in- 
noble delación del abogado argentino Dr. Don 
Juan de la Cruz Bargas, y el 24 de Abril se le 
llamó á declarar cuanto supiera de la conspi- 
ración intentada. Una vez despierta la descon- 
fianza de las autoridades y puestas en aquel 
camino, los comprometidos vivían constante- 
mente amenazados, y sus planes corrían el 
riesgo de ser descubiertos y frustrados. En la 
mañana del 14, el síndico procurador de la ciu- 
dad, D. Juan Antonio Fernández, advirtió á 
Iturbe, su pariente y amigo, que Velasco esta- 



cos los nombres que se nos han transmitido. Peña [Apiiri' 
tes, en la Descripc, pág 59) dice: «los promotores fueron 
los Caballeros, los Yegros, los Iturbes, los Montieles, los 
Zarcos, los Recaldes, los Troches.» Decoud [Recuerdos his- 
tóricos, pág. 12) menciona también á Pedro Juan Caballero, 
Juan Francisco Recalde, Vicente Ignacio ¡turbe, José To- 
más Yegros, Juan Bautista Rivarola, los Montieles, Zarco 
y Troche; y Somellera [Notas á Rengger, pág. 1941, á 
Recalde, Caballero, Iturbe, los tenientes Montiel y Zarco, 
y Fulgencio y Tomás Yegros, 

9 



130 
ba ya enterado de cuál era el objeto de sus 
frecuentes reuniones en casa de D. Juan Fran- 
cisco Recalde (i). Iturbe comunicó este aviso 
á Caballero, especialmente encargado de diri- 
gir los preparativos y vigilar los actos del Go- 
bierno, y Caballero decidió adelantar la época 
fijada y realizar el movimiento, antes que se 
adoptasen disposiciones que lo hicieran impo- 
sible y pusiesen en peligro estérilmente la vida 
de los conjurados (2). La señal de alarma con- 



(i) -Descripc, pág. 48; Decoud, Recuerdos históricos, 
pág. 12; Somellera, Notas á Rengger, pág. 196. Peña, en 
sus Apuntes, citados por Carranza, dice también que, ad- 
vertido Velasco de la revolución fraguada, «contestó que 
ya todo lo sabía, pues que el teniente coronel D. José An- 
tonio Zavala le había puesto presente el proyecto comu- 
nicado por el patriota clérigo Molas, y ya había dado su 
contestación.» [Desripcc.^ pág. 59). Esta contestación, 
según se infiere de lo que añade Peña, fué que él estaba 
decidido á no resolver nada para mantener su poder y ha- 
cer abortar aquellos planes, lo cual se compadece muy 
mal con sus esfuerzos por recuperarle con auxilio de los 
portugueses. Hay que creer entonces que cuanto las auto- 
ridades sabían de la conjuración, no pasaba de sospechas 
fundadas en el rumor público é insuficientes para que se 
atrevieran á proceder contra los sindicados, á causa del 
peligro que había en poner la mano en oficiales tan pres- 
tigiosos y miembros de las principales familias para- 
guayas. 

(2) Descripc, Prov. Parag., pág, 48. 



131 
venida para reunirse en el cuartel general de 
la plaza era un repentino toque de campanas 
en la Catedral. A hora de las diez de aquella 
misma noche (i)hízola dar Caballero, y acom- 
pañado de Iturbe se adelantó con tres compa- 
ñías de infantería y tres de artilleros, tomó el 
cuartel y parque de artillería y se apoderó de 
las armas sin resistencia, pues era de los suyos 
el Capitán Mauricio José Troche, que manda- 



(i) Aunque es un punto sobre el cual no caben dudas, 
haré notar que Rodríguez^ uno de los testigos personales 
de esta revolución, afirma que tuvo lugar el 15 {Rev. Nac. 
de Buenos Aires ^ año 1891, tomo XIII, pág. 169). En cam- 
bio, en la copia manuscrita de la Descripción de la Pro- 
vincia del Paraguay, conservada en el Archivo del Institu- 
to Histórico y Geográfico del Brasil, se lee: 

«En la noche de quince de Mayo de 181 1, á la hora de 
diez poco mas ó menos, hizo (Caballero) dar la señal pre- 
venida » 

«Amaneció el dia diez y seis sin que el gobernador de- 
sistiese de su oposición » 

En la proclama transcripta en esta obra, dirigida por los 
dos consocios del gobierno al Congreso del 17 de Junio, se 
dice también: «la dichosa revolución del dia 15 de Ma- 
yo »; pero si esto último no es debido á un error de 

copia, habrá que tomarlo en el mismo sentido que estas 
palabras de El Paraguayo Independiente: «en 14 y 15 de 

Mayo se ha hecho pacíficamente la revolución » Por 

lo demás, cuantos documentos, oficiales y no oficiales, 
contemporáneos ó posteriores, conocemos, enseñan que 
ella fué efectuada el 14. 



132 

ba la guardia (i). Pronto se le unió mucha 
parte del pueblo, aumentando sus fuerzas, y 
reconocido de todos, se le aclamó Coraan- 



(i) MS. del Arch. Nac: oficio de la Junta del Para- 
guay á la de Buenos Aires, publicado con algunos errores 
en la Descripc, pág. 63. 

Si bien en la organización militar española las compa- 
ñías no constaban de un número uniforme de soldados, 
como lo prueba el Reglamento para las milicias disciplina- 
das de infantería y caballería del Virreynato de Buenos- Ay- 
res (Imp. Niños Expósitos, 1802), expedido por Carlos IV 
á 14 de Enero de 1801, tenemos, no obstante, datos para 
calcular el monto de las fuerzas revolucionarias. El art. 12 
del cap. I del citado Reglamento dispone que «habrá una 
Compañía de Milicias de Artillería en Buenos Ayres com- 
puesta de Capitán, primero y segundo Teniente, tres Sub- 
tenientes, y ciento y cinquenta plazas: dos en el Para- 
guay con los mismos Oficiales, y cinquenta plazas: y 

en ellas habrá el número de Sargentos, Cabos y Tambores 

correspondientes á su fuerza » Suponiendo que las 

compañías de infantes tuviesen la misma dotación, resul- 
tará que pasaban de 300 los que en la noche del 14 esta- 
ban con las armas en la mano en favor de nuestra inde- 
pendencia. Este cómputo me parece más exacto que el 
hecho en sus Recuerdos históricos (pág. 13) por nuestro 
¡lustre orador político D. José Segundo Decoud, mi res- 
petado jefe y muy querido amigo. 

En el ya varias veces citado Libro Mayor hay otros da- 
tos; por ejemplo, que el capitán D. Juan José Vera tenía 
á sus órdenes en el cuartel 106 individuos en el mes de 
Febrero, y seguía teniéndolos en Marzo y Abril; que el 
capitán Troche mandaba 34 curuguateños (19 Abril) y 
Cuestas (26 Abril) una compañía de fusileros. Añádase á 



133 
dante de las tropas (i). Poco después volvió el 
mayor de plaza Cabrera con ocho ó diez hom- 
bres que sacó de ronda, y fué arrestado por 
Iturbe; y pasados algunos momentos, se pre- 
sentó en el cuartel el Obispo Panes ó el P. Fray 
José Cipriano Cañete, tenido en opinión de 
santo, mandado por Velasco, que vivía en fren- 
te, á enterarse de lo que ocurría (2). Los revo- 
lucionarios enviaron entonces á Iturbe á inti- 
mar al gobernador que cesara en el mando 
hasta la reunión del Congreso general de la 
Provincia, que había de determinar sobre la 
forma de gobierno que la rigiera, y como se 
negara á darse á razón, se le propuso que admi- 
tiese dos adjuntos para actuar con ellos en el 
despacho de los negocios hasta el estableci- 
miento de la autoridad definitiva; pero ninguno 
de ambos arbitrios fué aceptado (3). 



esto que para pagar haberes vencidos de la «tropa aquar- 
telada» se le entregaron á Iturbe el 16 de Mayo 2.060 pe- 
sos, y 4.120 más el 20, cantidades que autorizan á creer 
que era numerosa. 

(i) Descripc, pág. 49; Zinny, ob. cit., pág. 229; Ro- 
dríguez, loe. cit. 

(2) Rodríguez, loe. cit.; Decoud, Rec. bist., pág. 13; 
Somellera, nota, pág. 198. 

(3) Descripc. y Zinny, loe. cit.; Decoud, Rec. hist.^ 
pág. 14; Rodríguez, Rev. Nac., tomo cit., pág. 180. 



134 

Creyeron con esto los conjurados que iba á 
ser inexcusable la lucha armada, y se dispusie- 
ron á ella. Enviáronse patrullas á recorrer las 
inmediaciones de la plaza y del cuartel; colo- 
cóse un cañón de á 6 en su patio, enfilando la 
puerta; sacóse otro á la plaza, confiándolo á 
D. Benigno Somellera, hermano del asesor de 
Velasco y yerno de Granze. Pasóse, además, 
aviso á los paraguayos, en cuyo patriotismo se 
fiaba, para que viniesen á aumentar las fuer- 
zas revolucionarias, y, con efecto, los más acu- 
dieron inmediatamente y se les repartieron ar- 
mas (i). Sólo el teniente coronel Cabanas se 
resistió á prestar su ayuda al movimiento, y 
contestó que únicamente iría, cuando le lla- 
mase el gobernador (2). 

A Velasco, sin embargo, no se le ocultó que, 

(i) Somellera, Notas á Reng., págs. 199 y 200; Peña, 
apuntes, en Descripc, pág. 60. El parentesco de Granze 
y Benigno Somellera consta en las declaraciones prestadas 
en la causa por conspiración seguida al primero, (MS. del 
^rch. Nac.) 

(2) MMSS. del Arcb. Nac.: autos del 3 y del 22 de 
Agosto de 1833, pronunciados por Francia en el expedien- 
te sucesorio de Cabanas. No tan bien parada resulta, sin 
embargo, su adhesión á Velasco de algunos párrafos de la 
correspondencia de Belgrano. A pesar de esta conducta de 
Cabanas, Francia, ya Dictador, le ascendió después á co- 
ronel. (Véanse los mismos autos.) 



135 
si bien le era dable ensangrentar la revolución, 
no llegaría nunca á triunfar sobre ella, ya que 
el pueblo y el ejército la apoyaban; y recha- 
zando el ofrecimiento de reconquistar el cuar- 
tel, hecho por algunos exaltados, á cuya cabe- 
za estaba el animoso Gamarra (i), cedió en la 
mañana del 15, viendo que las tropas salían á 
la plaza con dos piezas de artillería, decididas 



(i) Peña, Apuntes, en Descripc. , pág. 60. Gamarra era 
un acérrimo realista; pero esto no impidió que la Junta y 
los Cónsules utilizaran sus servicios. En 1813 y 1814 fue 
comandante de la Villa Real (MS. del Arch. Nac.]; mas 
no tardó en caer en desgracia. He aquí dos curiosas cartas 
inéditas, que á él se refieren, dirigidas por Francia á José 
Miguel Ibáñez, comandante de Concepción, en 12 de Sep- 
tiembre y 14 de Octubre de 18 16 (MMSS. del Arch. 
Nac): 

«Ha entregado en esta el Ten.t« Alvares al reo D.» Juan 
Man.í Gamarra y juntam.** la sumaria, q.« V. acompañó 
con oficio de 4 del corr.t« Procurara V. concluir, y remitir 
con brevedad la otra Informac. <>»>, q.e me indica al mismo 
tiempo, á fin de tomar en vista de todo la provid.» q.e 
corresponda. Hará V. también registrar y recoger de las 
habitación. 8 del citado Gamarra qualesq.r armas y mu- 
nición.», que huviese tenido, avisando me, las q.e sean » 

«Destine Vm. para armamento del Piquete de Tevegó 
los dos fusiles corrientes encontrados en Casa de Gamarra 
de suerte que tengan alli al menos una docena de buenos 
fusiles. El sable corbo solamente me enviará Vm. para los 
Dragones. Lo demás puede Vm. aplicarlo á los destinos 
que más convenga » 



136 
á poner término por un acto de fuerza á su re- 
sistencia (i). Consintió entonces en que le fue- 
ran asociados el Dr. D. José Gaspar Rodríguez 
de Francia, paraguayo {2), y el capitán D. Juan 
Valeriano de Zeballos, español, ambos perso- 
nas que habían desempeñado elevados cargos 
en el país, y se constituyó así un gobierno pro- 
visorio, «hasta tanto que en unión con los de- 
mas vecinos de la Provincia se establezca el 
régimen y forma de Govierno que deba perma- 
necer y observarse en lo sucesivo.» (3}. 



(i) MS. del Arch. Nac: oficio de 20 de Julio á Buenos 
Aires, publicado con incorrecciones en la Descripc., pá- 
gina 63; Zinny, ob. cit., pág. 230; Descripc, pág. 30. 

(2) Sobre la discutida genealogía de Francia y los co- 
mienzos de su carrera política, véase el Apéndice B. 

(3) MS. del Arch, Nac: bando del 17 de Mayo; El 
Paraguayo Independiente, tomo 1, pág. 5; Du Graty, obra 
cit., pág. 6^; Decoud, ob. cit., pág. 15. 

Fundándose en que el día en que se celebró este acuer- 
do ha sido, puede decirse, el primero de la independencia, 
propuso nuestro erudito historiador el Dr. Audibert que 
fuese el 15 y no el 14 el aniversario festejado en lo suce- 
sivo [La Independencia, pág. 21). Así lo entendieron tam- 
bién los gobiernos que siguieron ala revolución, inclusive 
el dictador Francia: numerosos vestigios hay en nuestro 
Archivo de que no era el 14 la fiesta nacional y sí el 15, 
según estaba ordenado en el decreto de 22 de Abril de 
1812. Helo aquí: 

«Debiendo ser memorables en esta Provincia los dias 15 



137 

Triunfante la revolución, se dispuso, por 
consejos del asesor de Velasco, el Doctor Don 
Pedro Somellera, dar parte de lo ocurrido á la 
Junta Gubernativa de Buenos Aires, designán- 
dose para portador de los pliegos á D. José de 
María (i). Guando en la mañana del i5, lle- 
gado Francia al cuartel, tuvo conocimiento de 
este propósito, cuenta un testigo que exclamó: 

«Ni pensarlo sería darles un alegrón á los 

porteños.» (2). Fácil le fué disuadir á Gaballe - 
ro, y al volver por la tarde Somellera, encon- 
tró que «ya se había deshecho el viaje de don 
José de María.» (3). Empezaba, pues, Francia 
á poner los cimientos de nuestra independen- 
cia y á apartar los peligros que la amenazaban 
ó pudieran más tarde amenazarla. 

Gelebróse el 1 5 la integración del nuevo Go- 

de Mayo y 20 de Junio: el primero por haber sido el de la 
Conquista de nuestra nativa libertad, oprimida cerca de 
tres siglos; y el segundo por la instalación del Govierno 
Patriótico que se erigió por unánime aclamación del Con- 
greso de toda ella: hemos determinado, que para perpe- 
tuar la memoria de tan felices y gloriosos acontecimien- 
tos, sean dias de Tabla, y gala ahora, y siempre; » 

(i) Somellera, Notas á Rengger, pág, 201. 

(2) Rodríguez, Rev. Nac, tomo XIII, pág. 182; Peña, 
Apuntes en Descripc, pág. 60, 

(3) Somellera, Notas i Rengger, pág. 204; Peña, en 
Descripc, página citada. 



138 
bierno (i); pero antes de efectuarla, Velasco, 
en su carácter de Gobernador Militar y Políti- 
co é Intendente de la Provincia del Paraguay 
y treinta pueblos de Misiones, expidió é hizo 
publicar el bando de aquel mismo día, el cual 
mandaba que «por quanto conviene á la quie- 
tud y buen ordn. que el vesindario viva reco- 



(ij La opinión generalmente admitida es la de que la 
incorporación de los consocios tuvo lugar el i6, y de ella 
participa El Paraguayo Independiente (tomo I, pág. 5). Sin 
embargo, un poco más adelante se lee en el mismo perió- 
dico (pág. 9;, refiriéndose al oficio pasado á Buenos Aires 
el 20 de Julio de 181 1 : «Después de exponer el modo co- 
mo fué instalado el Gobierno provisorio en los días 14 y 
13 de Mayo, que ya dejamos referido, continúa la Jun- 
ta » Y á la verdad, parece que, habiendo Velasco ce- 
dido á las exigencias de los revolucionarios en la mañana 
del 15, y estando, como estaban, en la ciudad Francia y 
Zeballos, no había motivo para que ese mismo día no se 
constituyese el nuevo gobierno, máxime cuando así lo exi- 
gía la propia seguridad de los innovadores, y la natural 
impaciencia por ver asegurado su triunfo les aconsejaba 
no diferirlo para más tarde. 

Dos personajes contemporáneos de aquellos sucesos, y 
que tuvieron en la revolución parte más ó menos princi- 
pal, suministran además pruebas en favor de esta opinión: 
Rodríguez, que dice que llegado Francia al cuartel en la 
mañana del 15, «de seguida fué á incorporarse al Gober- 
nador» [Rev. Nac. cit.); y Somellera, que, refutando á 
Rengger, escribe á su turno que éste «confunde la aso- 
ciación á Velasco el 15 de Mayo con la Junta que formó 
después el Congreso» (nota de la pág. 204). 



139 
gido en las noches, se tendrá entendido que el 
que de las nueve en adelante se encuentre fue- 
ra de su casa, será conducido por las Patrullas 
al Quartel del Colegio, y quando con justifica- 
da precisión salga alguno después de dha. ho- 
ra, llevará Farol, pero de ninguna manera tres 
personas juntas, y ni una de las clases de Ne- 
gros y Pardos.» (i). 

Así se llevó á cabo, sin derramar una gota 
de sangre, sin disparar un tiro, sin la menor 
violencia material contra nadie, el movimien- 
to del 14 de Mayo, al cual únicamente es com- 
parable en su transcendencia la revolución im- 
perecedera de los comuneros, que más de me- 
dio siglo antes de la francesa proclamó avan- 
zadísimos principios que sirven de fundamen- 
to á las modernas democracias, y puso por en- 
cima de todas las leyes, de todas las volunta- 
des y de todos los poderes, la ley, la voluntad 
y el poder absolutos del común, cuyo reflejo y 
emanación eran los demás. 

Establecido el triunvirato, bajo la presiden- 
cia del gobernador español, según el acuerdo 
celebrado, sus primeras medidas se encamina- 
ron á conservar la paz y quietud de la Provin- 

(i) MS. del Archivo Nacional. 



140 
cia y á precaver un intento de restauración, 
expidiendo Velasco el 17 de Mayo un bando, 
que decía: «habiendo convenido con el Co- 
mandante y oficiales del Quartel General de 
este Plaza proceder en el despacho asocia- 
do con el Doctor Don José Gaspar de Fran- 
cia y el Capitán Don Juan Baleriano de Ze- 
ballos hasta tanto que en unión con los de- 
mas vecinos de la Provincia se establezca el 
régimen y forma de Govierno que deba per- 
manecer y observarse en lo sucesivo: se dá á 
saber al Publico para su intehgencia, y de que 
en consorcio de dichos adjuntos, se ha acor- 
dado manifestar y prevenir igualmente al pu- 
blico que no han tenido por causa y por 

objeto en la presente determinación el entre- 
gar, ó dexar esta Provincia al mando, autori- 
dad y disposición de la de Buenos Ayres, ni 
de otra alguna y mucho menos el sugetarla á 
ninguna Potencia extraña: Y que todos los 
nominados muy distantes de semejantes ideas, 
no han tenido ni tienen otra que la de conti- 
nuar con todo esfuerzo haciendo los sacrificios 
que sean posibles á sobstener y conservar los 
fueros, dignidad y libertad de esta Provincia, 
reconociendo siempre al desgraciado Soberano 
bajo cuyos Auspicios vivimos, uniendo y con- 



141 
federándose con la misma Ciudad de Buenos 
Ayres para la defensa común y para procurar 
la felicidad de ambas Provincias y las demás 
del continente baxo un sistema de mutua 
unión, amistad y conformidad, cuya base sea 

la igualdad de Derechos. Que se manda 

generalmente á todos los vecinos y habitan- 
tes, y particularmente á la Compañia de Mi- 
siones y á todos los demás alistados en las Mi- 
licias, sean oficiales ó soldados, no siendo de 
la Plana mayor que en el termino preciso de 
veinte y quatro horas entreguen sin falta al- 
guna todas las armas de fuego que tengan lar- 
gas, ó cortas aunque sean propias y de su uso 
particular, ó de otro Dueño, asi como toda la 
pólvora y municiones de guerra ó plomo de 
qualquier pertenencia que sean, en la inteli- 
gencia de que á su tiempo se les restituirán las 
Armas puntualmente, y se les pagaran á sus 

justos precios la pólvora y municiones 

Que ninguno de qualquier estado, clase ó 

condición que sea, intente, ni disponga ex- 
traher de esta Ciudad ó fuera de la Provincia, 
publica ó clandestinamente, ni por via alguna, 
ninguna especie de armas, sean de fuego, ó 
bien espadas y sables, baxo el apercibimiento 
de que exigiendo imperiosamente esta Provi- 



142 

dencia la seguridad general de la Provincia, 
sera reputado qualquier Contraventor, Enemi- 
go de la Patria y tratado como tal. » (i). 

Este notable documento revela ya el influjo 
preponderante de Francia en el Gobierno. Los 
revolucionarios del 14 de Mayo no estaban en 
perfecto acuerdo acerca de la situación en que 
la Provincia del Paraguay quedaría después 
con respecto á las demás que componían el 
Virreinato del Río de la Plata. Habíalos que 
eran partidarios de la anexión á Buenos Aires, 
distinguiéndose por su porteñismo D. Fulgen- 
cio Yegros (2), y otros opinaban honradamen- 



(i) MS. dd archivo Nacional, publicado íntegramen- 
te en la Revista Paraguaya, núm. 41, correspondiente al 
20 de Agosto de 1882, págs. 56 y 57. Véase además 
Descripc, pág. 50; Zinny, ob. cit., págs. 230 y 231; Pou- 
cel, ob. cit., pág. 83; El Paraguayo Independiente, pág. 5. 

(2) Muchos, creyendo acaso un crimen de lesa patria 
afear ciertas figuras que la leyenda ha embellecido como 
no lo fué nunca el original, sostienen á pie juntillas que 
lo del porteñismo de Yegros es calumniosa invención de al^ 
gún escritor modernísimo, que la habría cometido no con- 
cibo con qué objeto. 

Yo, que tengo de la historia tan alto concepto que an- 
tes rompería mi pluma que incurrir deliberadamente en 
falsedad, deploro no poder pintar á Yegros tan grande 
como muchos le quieren; pero me inclino ante la verdad 
y la escribo, porque si es malo achacar faltas que no exis- 
ten, es también muy malo ocultar las que se cometieron 



H3 
te que no podía ni debía pensarse en sacudir 
el dominio del deseado rey, el séptimo Fer- 
nando. Hecha la capitulación con Velasco, el 
primer pensamiento que se adoptó fué el de 
comunicar el suceso á Buenos Aires, ó lo que 



y convertirse en cómplice de inmerecidas apoteosis. Y de 
que Yegros fué partidario decidido de Buenos Aires, aun- 
que por fortuna incapaz de hacer prevalecer su Consejo, 
no me cabe duda, por las razones que siguen: 

El ministro argentino Dr. D. Nicolás de Herrera comu- 
nicaba el 5 de Junio al Gobierno Ejecutivo de las Provin- 
cias Unidas: «Puedo asegurar á V. E. que la opinión de 
todos los hombres buenos é ilustrados, y de la de los mis- 
mos individuos del Gov.no está por la incorporación y embio 
de sus representantes á la Asamblea Constituyente, y aun 
se me ha dicho por el Gov.»» q.e la demora no puede exe- 
der de tres ó cuatro meses.» (MS. del Arch. Gobno. Bs. 
As.) ¿Y cuáles eran en esta época los miembros de la 
Junta? Componíanla Yegros, Francia, Caballero y Mora; 
pero el segundo está exento de toda sospecha pues el 
mismo Herrera le presenta en sus comunicaciones como 
el enemigo más tenaz de Buenos Aires, y en el colmo del 
despecho dice de él: «Este hombre q.e imbuido en las 
máximas de la República de Roma intenta ridiculamente 
organizar suGov."o por aquel modelo, me hadado muchas 
pruebas de su ignorancia, de su odio á Buenos Ay.« y de 
la inconsequencia de sus principios. El ha persuadido á 
los Paraguayos q.e la Provincia sola es un imperio sin 
igual: Que B.' Ay.« la adula y lisongea porq.e la necesita: 
Que con el pretesto de la Union trata de esclavisar el con- 
tinente: Que los pueblos han sido violentados pj el embio 
de sus representantes: Que todas nuestras ventajas son 



144 
es lo mismo, reconocer la superioridad de 
aquella Junta. Pero por fortuna sobrevino 
Francia, en cuyo concepto era la dependencia 
de Buenos Aires tan ominosa como la domi- 
nación de España. Aquel hombre de talento 
esclarecido comprendió que la revolución no 



supuestas: y hasta en sus contextaciones manifiesta su ri- 
validad; pues jamas se me ha reconocido como Embiado 
del Supremo Poder Executivo de las Prov.as del Rio de la 
Plata, sino como á un Diputado del Gov.no de B.» Ay.s, 
ni á V. E. se le atribuye otra autoridad.» (Oficio datado en 
Corrientes á 7 de Noviembre de 18 13: MS. del Arch. 
Gobno. Bs. As.) 

Somellera (Documento importante para la ilustración de 
algunas de las cuestiones de territorio entre la Confedera- 
ción Argentina y el Paraguay) también cuenta de Francia 
que «fué el primero y único quien ocupó la idea de no 
unión con Buenos Aires, la idea de una república inde- 
pendiente» (pág. 36; véase además El Parag. Indep., to- 
mo II, pág. 393). 

Rengger y Longchamp (Essai hist. cit.) escribe: «El 
doctor Francia rechazó con energía las insinuaciones de 
esta república (la Argentina, para que el Paraguay se su- 
jetara al gobierno de Buenos Aires), No sucedía lo mismo 
con su colega: para desgracia suya, Yegros inclinábase 
demasiado á escucharlas» (pág. 25). 

Y, por último, se lee en Demersay: «Francia no era 
hombre que dividiese la autoridad suprema con nadie y 
mucho menos con un colega que, cuando vinieron los emi- 
sarios de la Confederación, había manifestado el deseo de 
ver al Paraguay ligarse á ella.» {Hist., pág. 359; Le doct. 
Francia, pág. 6), 



145 
debía tener por objeto cambiar de amo, sino 
deshacerse por completo de ellos y convertir 
á la provincia en única soberana de sus pro- 
pios destinos. La inmensa energía de su alma; 
el ascendiente de su saber, sin ejemplar enton- 
ces; su perseverancia y habilidad para hacer 
que preponderase siempre su dictamen; todo 
su pensamiento y toda su acción, los puso al 
servicio de esta la más noble de las causas, é. 
inició decidida campaña contra las tendencias 
porteñistas. Caballero abandonó su idea de co- 
municar el suceso á la Junta Provisional (i); 
los porteños empezaron á ser mirados con la 
misma celosa desconfianza que los europeos, 
con quienes se les confundía en las medidas 
precaucionaos; y Somellera, que contaba con 
ejercer absoluto imperio sobre el nuevo Go- 
bierno, oía en la tarde del mismo día 15 de la- 
bios del vocal patriota, que concibió antes que 
nadie el pensamiento de nuestra total inde- 
pendencia y la hizo proclamar categóricamen- 
te antes que ninguna otra colonia hispana de 
Sud América, estas palabras, que le dejaron 
frío y le dieron á entender con toda claridad 



(i) Rodríguez, Rev. cit., tomo cit., pág. 182; Some- 
llera, en Reng., pág. 204. 

10 



146 
el fracaso de sus propósitos: «Es menester que 
cada cual sirva á su país. Usted no hace falta 
en éste, y puede ser en el 3uyo de mucha uti- 
lidad.» (i). 

El bando del 17 de Mayo fué obra exclusiva 
de Francia, y las ideas que en él se contienen, 
y que tuvo el talento de lograr que se consig- 
nasen, á pesar de la viva oposición con que se 
las recibió por algunos (2), las que informaron 
toda su política, como se ve en la correspon- 
dencia de la Junta Gubernativa en el tiempo 
en que Francia formó parte de ella. Al efec- 
tuar la revolución no se ha tenido el propósito 
de «entregar ó dexar esta Provincia al mando, 
autoridad y disposición de la de Buenos Ayres, 
ni de otra alguna y mucho menos el sugetarla 
á ninguna potencia extraña», declaraba ya el 



(i) Somellera, Notas á Reng., pág. 205, 
(2) «Es verdad q.o en los primeros días de nuestra 
revolución como nuevo consocio del Gov.no no quise adop- 
tar en el primer Bando, q e travajé las ideas de un extra- 
ño nada conformes á los dhos. indispensables de la Prov.», 
de cuyas resultas pasó irritado á ver me al Quartel un Re- 
ligioso de aquellos q.e buscando sus conveniencias y por 
sus fines particulares se meten sin la debida instrucc.o"» ni 
intelig.a en las materias políticas y de estado.» (Oficio de 
Francia á la Junta en 19 de Diciembre de 181 1: MS. del 
Arcb. Nac.) 



147 
17 de Mayo, apenas ocupado su asiento en el 
Gobierno; y ésta es la proclamación primera y 
solemne de nuestra independencia, repetida 
en todas sus comunicaciones á Buenos Aires y 
adoptada en el primer Congreso del Paraguay 
libre, reunido el 17 de Junio (i). En él se acor- 
dó que «esta provincia se gobernará por sí 
misma, sin que la Excelentísima Junta de Bue- 
nos Aires pueda disponer y ejercer jurisdicción 
sobre la forma de gobierno, régimen, adminis- 
tración ni otra alguna causa correspondiente á 
esta misma provincia», y que concurriría su 
diputado al Congreso general del Virreynato, 
«en la inteligencia de que cualquier reglamen- 
to, forma de gobierno, ó constitución que se 
dispusiese, no deberá obligar á esta provincia 
hasta tanto se ratifique en Junta General de 
sus habitantes y moradores.» (2). Es la norma 
de conducta notificada á la Junta Provisional 
el 20 de Julio de 181 1: tse engañaría cualquie- 
ra que llegase á imaginar, decía, que su in- 
tención {la de la Provincia al deponer al go- 
bernador español) había sido entregarse al ar- 
bitrio ajeno y hacer dependiente su suerte de 



(i) Descripc, pág. 56. 
(2) Descripc, loe. cit. 



148 
otra voluntad. En tal caso nada más habría ade- 
lantado ni reportado otro fruto de su sacrificio 
que el cambiar unas cadenas por otras y mu- 
dar de amo.» (i). Es la condición esencial 
exigida á los enviados del Gobierno porteño el 
9 de Septiembre, como base en que se habían 
de asentar las negociaciones posteriores: «en- 
tre tanto la Exma. Junta (se contestaba á sus 
instancias para ser admitidos) por sí misma no 
reconozca expresa y formalmente nuestra in- 
dependencia de ella en los términos propues- 
tos y acordados por nuestra provincia: cree 
esta Junta que no obstante lo agradable que 
le sería la vista de V. SS. no es llegado el caso 
de entrar oportunamente en tratado alguno 
relativo á esta misma provincia, pues que su 
indicada independencia como un derecho in- 
contestable debe asentarse por preliminar de 
toda ulterior determinación.» (2). Y es, por 
último, lo que Buenos Aires se vio obligada á 
reconocer en el tratado de 12 de Octubre de 
181 1, como un hecho contra el cual nada po- 
día, como un derecho innegable también, por- 



(i) Descripc, pág. 63. 

(2) Descripc, pág. 6^; El Parag. Indep., tomo I, pá- 
gina 1 1. 



149 
que el Paraguay estaba dispuesto á sustentarlo 
con sus armas, recientemente vencedoras. Tal 
fué la obra de Francia. 

Sin embargo de sus francas declaraciones de 
independencia, el Gobierno paraguayo, desean- 
do dar un testimonio de sus amistosos senti- 
mientos y de sus anhelos de mantener la paz y 
buena armonía con las demás provincias, or- 
denó por bando del 30 de Mayo «evacuar y de- 
xar libre la ciudad de Corrientes ocupada por 
nuestras armas, considerando que el pueblo 
ilustrado de Buenos Aires y todo el mundo 
imparcial á vista de un ejemplo singular de 
moderación y generosidad después de la vic- 
toria conseguida por las armas de la provincia, 
se convencerá mejor de la sinceridad de nues- 
tras intenciones y de que el pueblo valeroso 
del Paraguay, desplegando la energía de sus 
fuerzas, nada mas ha deseado, sino el que se 
respete su libertad; que no se trate de usurpar 
los más preciosos é inmutables derechos natu- 
rales de los hombres; y finalmente que así co- 
mo no se entromete ni se entrometerá jamás 
en el régimen interior de otras provincias, en 
la forma de su gobierno ó administración, en 
la provisión de sus cargos, ni menos en dispo- 
ner de su debilidad ó de sus fuerzas; tampoco 



1 5o 
consentirá que sin la asistencia, influjo y co- 
operación de sus representantes legítimos y sin 
la precisa igualdad de derechos por las miras 
mal entendidas del interés común ó solamente 
por la prepotencia y ambición, ó tomando 
ocasión de las convulsiones de una anarquía, 
intente someterla, ó hacerse el arbitro de su 
felicidad, despojándola anticipadamente de la 
verdadera libertad civil, inconciliable con se- 
mejante sujeción, que no la autoriza ni puede 
autorizarla la ley, especialmente sin haber pre- 
cedido algún pacto de sociedad.» (i). 



(i) MS. del Arch. Nac.; El Parag. Indep., tomo I, 
págs. 6 y 7; Poucel, ob. cit., pág. 83; Descripc, pág. 50. 



CAPÍTULO VII 



EL 9 Y EL 17 DE JUNIO 



Contrarrevolución meditada por los españoles.— Relacio- 
nes de Velasco y los portugueses.— Descubrimiento de 
estos planes: prisión del Gobernador y de los cabil- 
dantes el 9 de Junio.— Reunión del Congreso General 
de la Provincia el 17 de Junio: establecimiento de la 
Junta Superior Gubernativa: bases para la alianza con 
Buenos Aires: otros acuerdos.— Inauguración del nuevo 
Gobierno. 



No era posible que tuviese larga vidat- 
virato. La presidencia de Velasco, fruto u. ii- 
transacción hecha en el deseo de evitar el d'_rra- 
mamiento de sangre, estaba destinada á con- 
cluir tan pronto como los revoh.Tcionarios se 
considerasen bastante fuertes para derrocarle 
definitivamente. La asociación de Francia y 
Zeballos al Gobernador español era el medio 
que había de conducir á ese resultado, y Ve- 
lasco, acaso por mostrarse demasiado débil á 



152 

la presión que sobre él ejercían los cabildantes 
y sus demás allegados, dio muy luego el moti- 
vo que se necesitaba para disimular el verda- 
dero de su deposición, mientras llegaba el mo- 
mento de proclamarlo sin ambajes. 

Para oponerlos á los socorros que Belgrano 
pudiera recibir de Buenos Aires, ó para tener 
tropas de confianza en que apoyarse en el caso 
de una revolución, que su impopularidad no 
hacía imposible y que anunciaba ya el rumor 
público, Velasco, después de la batalla de Pa- 
raguary, solicitó 200 soldados del Capitán Ge- 
neral de Río Grande del Sud, D. Diego de Son- 
sa, que oficiosamente le había antes ofrecido 
auxilios. Deferente el jefe portugués á la sú- 
plica del español, hizo inmediatamente mar- 
char hacia el pueblo de San Borja i.ooo hom- 
bres, y en carta del 25 de Febrero de 181 1 lo 
comunicó á Velasco, y á la vez, «la Orden que 
tenia de su Soberano para auxiliar á las Auto- 
ridades constituidas por el s.or D.n Fernan- 
do séptimo que reconociesen los dros. de la 
s.ra Princesa D.* Carlota Joaquina á falta de 
sus Augustos Hermanos.» A raíz de Tacuary, 
le propuso además «una entrevista, pidiendo, 
que para esto le señalase el lugar y dia, aña- 
diendo, que su Embiado entonces el Capitán 



153 
Sebastian Barrete le diría muchas mas cosas 
interesantes.» Algún tiempo después, Sousa 
elevó las fuerzas situadas en San Borja al nú- 
mero de 1. 500 con abundante artillería, se puso 
personalmente á su cabeza y volvió á dar de 
todo aviso á nuestro Gobernador en carta del 
10 de Abril (i). 

En tanto que las tropas lusitanas se aglome- 
raban sobre nuestra frontera oriental, operá- 
base igual movimiento en la septentrional, en 
los establecimientos de Coimbra, y se hacían 
cada vez más frecuentes las comunicaciones 
de Velasco y Sousa. El último enviado de éste, 
el teniente de dragones D. José de Abreu, ha- 
llábase en la capital y tenía dispuesta su par- 
tida para el i5, conduciendo la contestación 
de Velasco, que rodeó este negocio de grande 
reserva, cuando estalló la revolución (2). Los 



(1) MS. del archivo Nacional: oficio ya citado, diri- 
gido en 26 de Septiembre de 181 1 por la Junta Superior 
Gubernativa del Paraguay al Embajador español en Río de 
Janeiro, Marqués de Casa-Irujo, en contestación del suyo 
de 8 de Abril á Velasco. 

(2) Bando de «el comandante y oficiales del cuartel 
general de esta Plaza á todos sus habitantes», fecha del 9 
de Junio de 181 1. Está publicado integramente en la 
Descripc. Prov. Parag., aunque no sin algunos errores. 
Además, en la copia que he consultado y que lleva la ga- 



154 
consocios se apresuraron á exigir al Presidente 
que les diera cuenta del texto de la respuesta; 
pero él les engañó enseñándoles un brevísimo 
y frivolo borrador que no condecía con el ofi- 
cio del Capitán General de Río Grande (i). 

rantía de la firma autógrafa de D. Fulgencio Yegros, no 
aparecen dos de las que vemos en la Descripc. y en El 
Paraguayo Independiente (tomo II, pág. 31). He aquí, en 
su mismo orden, los nombres de cuantos la suscriben: 
«Pedro Caballero, Fulgencio Yegros, Antonio Tomás Ye- 
gros, Mauricio José Troche, Juan Bautista Rivarola, Vi- 
cente Ignacio Iturbe, Francisco González, Juan Manue 
Iturbe, José Joaquín León, José Agustín Yegros, Pedro 
Alcántara Estigarribia.» 

En el oficio dirigido por Sousa al Conde de Linhares á 
1 1 de Mayo de 1811^ se leen estas palabras, que induda- 
blemente se refieren á Abreu: « Me propongo partir 

para el campamento de Bagé el día 17 del corriente mes 
y dirigir á la frontera de Río Grande la mayor parte de 
nuestras fuerzas, aunque antes no reciba respuesta de 
D. Bernardo de Velasco, cuya extremada dilación excede 
del retardo que se podía presumir de la demora del oficial 
que le condujo mi carta á Itapúa, mencionada en la adjun- 
ta, que me dirigió el comandante de aquel cuartel.» [Re- 
vista trimcnsal do Instituto histórico, geographico e ethno- 
graphico do Brasil^ tomo XLI, parte I, pág. 341.) 

(l) Bando del 9 de Junio cit. En oficio del 19 de Di- 
ciembre de 181 1 dice la Junta de la Asunción á la de Bue- 
nos Aires: «Las correspondencias de Montevideo con D." 
Bernardo de Velasco, y de este con los Portugueses, no 
hay la menor duda de que en los primeros movimientos de 
nra. feliz revolución se dieron al fuego por los antiguos 
mandatarios » 



i55 
Incitaba á Velasco á solicitar los auxilios de 
los portugueses el Gobernador de Montevideo, 

Vigodet, no obstante «la orden precisa de la 

Regencia de España para no consentir de modo 
alguno la entrada de dhas. Tropas Portugue- 
sas á Territorio Español por muy graves que 
sean los motivos que se aleguen, y aunque sea 
bajo el pretexto de sujetar á los Revoluciona- 
rios de Buenos Ayres.» (i). Mas como, sin em- 
bargo de haber sido ya rechazado Belgrano, 
estas negociaciones no cesasen, empezó á cun- 
dir en el público la sospecha de que estuvie- 
ran encaminadas á colocar al Paraguay bajo 
extranjero dominio ó á servir de garantía á po- 
sibles abusos del Poder; sospecha que tomó 
más cuerpo, cuando se supo que había sido en- 
viado á los establecimientos militares lusitanos 
del Norte un oñcial, viaje cuyo verdadero ob- 
jeto se disimuló con el pretexto inverosímil de 
buscar auxilios de dinero; cuando el coronel 
Gracia, comandante de Villa Real, así que 
tuvo noticia de los sucesos del 14 de Mayo, 
abandonó su cargo y se fugó también hacia 
aquellos dominios de S. M. F.; y cuando se 
paró mientes en las expresiones de los realis- 

(i) MS. del Archivo Nacional: oficio á Casa-lrujo. 



156 
tas, que insinuaban que la revolución queda- 
ría en nada y que «dentro de dos meses se 
compondría todo.» (i). 

Ocurrió en esto un acontecimiento inespe- 
rado, que vino á delatar los ocultos propósitos 
y manejos de Velasco y los españoles y á de- 
cidir la adopción de radicales medidas. El ca- 
pitán D. Blas José de Rojas interceptó en la 
Bajada una carta de Genovés, en la cual reco- 
mendaba éste al Gobernador que prosiguiera 
activamente sus planes de acuerdo con los 
portugueses; de este modo, decía, teniendo la 
costa occidental, somos los reyes de la Amé- 
rica del Sud. Esta fué la pieza de convicción: 
confirmadas todas las sospechas, el comandan- 
te y oficiales del cuartel general de la Plaza 
depusieron el 9 de Junio á Velasco y le apre- 
saron con los individuos del Cabildo de aquel 
año, peninsulares casi todos, y se ordenó que 
así se les mantuviese «hasta la resolución de 
la Junta general, que ya está próxima á cele- 
brarse. Entretanto y hasta la misma resolu- 
ción, ejercerán la jurisdicción de gobierno in- 
terino, y unidamente, los mismos dos conso- 



(i) MS. del Archivo Nacional: bando del 9 de Ju- 
nio cit. 



157 
cios, con quienes se actuaba el despacho, y 
por lo mismo serán también los presidentes de 
la Junta General.» (i). 

Posteriores descubrimientos dieron nuevo 
testimonio de la culpable inteligencia de Ve- 
lasco y los portugueses, quienes intentaron 
por varios caminos favorecerle después de su 
caída. Así, cuando inmediatamente de triun- 
far la revolución se manifestó al Capitán Ge- 
neral de San Pedro los sinceros deseos de la 
provincia para vivir en la mejor armonía, amis- 
tad y buena correspondencia con los subditos 
de S. M. F., «su contestación ha sido proponer 
la reposición de D.n Bernardo Velasco en el 
Govierno, y el reconocimiento de los dros. 
eventuales de la Sra. Princesa D.a Carlota 
Joaquina de Borbon, ofreciéndonos para este 
caso Tropas contra las agresiones de otra qual- 
quier Provincia.» (2). 

(i) MS, del Archivo Nacional: ¿>ando del 9 de Junio; 
Zinny, ob. cit., págs. 231 y siguientes, etc. 

(2) MS. del Archivo Nacional: oficio á Casa-lrujo; 
Instrucciones para los comisionados Belgrano y Echeve- 
rria, publ. en la Descripc., pág. 96 (véase art. 3.") El 12 
de Marzo de 18 12 aún escribía Sousa al Conde de Gal- 
veas: « paréceme practicable no sólo sustraer de la 

jurisdicción de Buenos Aires los territorios situados entre 
el Uruguay y el Paraná, sino también restablecer el anti- 



1 58 

La reunión del Congreso, convocado ya por 

esquelas para el 17 de Junio, día designado 

por acuerdo del 28 de Mayo (i), se llevó, en 

efecto, á cabo en esta fecha (2), «con asisten- 

guo Gobierno del Paraguay, estando ya el gobernador de 
Mato-Grosso prevenido y pronto á marchar para aquella 
provincia, asi que reciba orden mía para hacerlo.» (Rev. 
Inst. Hist. Brasil, tomo y parte cits., pág. 364.) 

Sobre estas mismas relaciones dice el oidor Cañete, pa- 
raguayo, Auditor de Guerra del Ejército Real en el Alto 
Perú, en carta que el 21 de Octubre de 181 1 dirigió á la 
Junta Gubernativa, excitándola á restituir el mando á 
Velasco y los cabildantes: «Compatriotas: vuestro Gober- 
nador D.a Bernardo de Velasco, su sobrino y el Ilustre 
Cabildo de la Asumpcion no son traydoresal rey ni á la pa- 
tria, sus hoperaciones y oficios originales, con el Exmo. 
Sor. Virrey Abascal Elío, y General en Gefe Goyoneche, 
los tienen justificados por el contrario de Leales valerosos 
é Ignocentes, pues creed q.e todos estos Seño.» han pro- 
cedido de acuerdo para pedir las tropas auxiliares Portu- 
guesas á sus ordenes, y cortar el buelo con ellas al ene- 
migo Porteño » (MS. del Archivo Nacional.) 

(i) El Paraguayo Independiente, tomo I, pág. 6; Des- 
cripc., pág. 53. Hay quien dice que esta convocatoria se 
hizo después de deg^-tuido y preso Velasco (Audibert, 
Cuestión de limites^ cap. XVI, obra inédita que existe en 
el Ministerio de Relaciones Exteriores); pero esta opinión 
es inadmisible en vista de las autoridades citadas y de que 
en el mismo bando del 9 de Junio se habla de la Junta 
General ya llamada. 

(2) Algunos autores han equivocado la fecha de la reu- 
nión de este Congreso, inducidos por el error de las actas 
publicadas en la Descripc, Prov. Parag. Por haber sido 



159 
cia y voto, no solo de un número de vecinos 
considerable, sino también de muchos princi- 
pales Individuos de las diferentes corporacio- 
nes, y de los Deputados de las Villas y Pobla- 
ciones de esta comprehension.» (i). Empezóla 
solemne sesión de la Asamblea por la lectura 
de un manifiesto de los dos miembros del Go- 
bierno, Francia y Zeballos, que explicaban los 
objetos de la convocatoria; observaban cómo 
«no hay un tribunal que cierta é indubitable- 
mente pueda considerarse como el órgano ó 
representación de la provincia»; protestaban 
su deseo de que fueran las deliberaciones com- 
pletamente libres y francas, para lo cual «los 



él el primero que se celebró en el Paraguay después de la 
revolución de Mayo, creo conveniente dejarla bien esta- 
blecida. El bando del 22 de Junio, en que la nueva Junta 
publicó los acuerdos tomados por el Congreso y las pri- 
meras disposiciones que ella adoptó, empieza así: «Por 
quanto á virtud de lo acordado mediante la mayoría y 
casi total unanimidad de sufragios en el Congreso gral 
de esta Provincia celebrado en los dias diez y siete, diez 

y ocho, diez y nueve y veinte del corriente mes » 

Además de este documento, El Paraguayo Independiente 
consigna en varias partes (tomo I, págs. 6, 7 y 240; tomo II, 
pág.522) que la primera reunión tuvo lugar el 17. Y creo 
esto suficiente, y excusado citar autoridades no oficiales, 
que nada pueden añadir ya al peso de las invocadas. 
(i) MS. del Archivo Nacional: hundo del 22 de Junio. 



1 6o 
señores comandantes y oficiales del cuartel 
general, todo lo dejan al arbitrio y determina- 
ción de la provincia, de tal conformidad que 
todos y cada uno de los que componen esta 
respetable asamblea deben considerarse en la 
más plena, perfecta y absoluta libertad de ex- 
plicar, declarar y manifestar francamente sus 
pensamientos, sus conceptos y sus votos.» 
Pero sea por el influjo del vocal Zeballos, es- 
pañol, aunque amantísimo de la provincia, 
sea porque Francia no se viera todavía con 
poder bastante para declarar abiertamente su 
patriótico propósito de sustraer al Paraguay 
de toda ajena dominación, y tratara de con- 
temporizar, mientras lo adquiría, con el par- 
tido español, que conservaba aún fuerza bas- 
tante á colocar en serios conflictos al nuevo 
Gobierno, es lo cierto que ambos vocales ha- 
cían profesión expresa de su fidelidad al Rey 
cautivo: «No por eso hemos pensado ni pensa- 
mos dejar de reconocer al Señor don Fernan- 
do VII; muy distantes de semejante idea, pú- 
blicamente por bando, hemos protestado y 
ahora protestamos nuevamente una firme ad- 
hesión á sus augustos derechos, que no son ni 
pueden ser inconciliables con los de la pro- 
vincia, dirigidos únicamente á poner los fun- 



i6i 
damentos de su conservación y de su verda- 
dera felicidad, apoyada de un sistema seguro 
y duradero. ^í (i). 

Después de haberse enterado los represen- 
tantes de la provincia del estado de ésta y de 
los anteriores acontecimientos, que produje- 
ron la deposición de Velasco y los cabildan- 
tes, acordó aplazar la votación (2), que se hizo 
en los tres días siguientes, y cuyo resultado 
fué adoptar con pequeñas adiciones el dicta- 
men de D. Mariano Antonio Molas. Quedó 
de este modo acordado que D. Bernardo de 
Velasco, así por los propósitos revelados en 
sus relaciones con los portugueses, como por 
el abandono de nuestro ejército en Paraguary, 
cesara completamente en el Gobierno y le sub- 
rogara una Junta Superior compuesta de cin- 
co miembros y un secretario. Fueron electos 
el teniente coronel D. Fulgencio Yegros, como 
presidente de esta Junta y comandante gene- 
ral de armas, y como vocales, el Dr. D. José 
Gaspar Rodríguez de Francia, el capitán Don 
Pedro Juan Caballero, el Presbítero Doctor 



(i) Esta proclama se halla copiada íntegramente en 
la Descripc, pág, 53, con las actas del Congreso. 
(2) Descripc, pág. 55. 

II 



1 62 

D. Francisco Javier Bogarín (i) y el señor Don 
Fernando de la Mora, autorizándoseles á de- 
signar ellos mismos al secretario. No debían 
ser estos cargos vitalicios ni durar más de cin- 
co años, y en lo sucesivo habíalos de pro- 
veer el pueblo en Asamblea, como la presente. 



(i) Noticias del Dr. Bogarín, anteriores á su elección 
de miembro de la Junta Superior Gubernativa, no las da 
ningún autor de los que sobre nuestra historia escribie- 
ron. Por Garro (Bosquejo histórico de la Universidad de 
Córdoba: Buenos Aires, 1883, pág. 521) sabemos que en 
1784 se graduó en Teología en Córdoba, y de numerosos 
documentos que he consultado en nuestro Archivo Nacio- 
nal, á costa de un ímprobo trabajo (pues ni siquiera per- 
tenecen á la sección que, más que catalogada, debiera 
llamarse caótica, porque no es tal catálogo lo que con este 
nombre tenemos allí), se desprende esto que sigue: 

En 1787 Bogarín obtuvo en propiedad la cátedra de Filo- 
sofía en el Real Seminario de San Carlos, cuyo tercero y 
último curso concluyó de explicar en 1789. En los prime- 
ros meses de este año hizo con el Dr. Francia oposición á 
la de Teología dogmático-moral, siendo vencido por su 
contrincante, lo cual no fué óbice á que, de acuerdo el 
gobernador Alós y el Obispo, nombraran á Bogarín Can- 
celario y Director de Estudios públicos y Catedrático in- 
terino de Teología de Vísperas, empleos en cuya posesión 
entró á 20 de Abril de 1790. Antes de 1793, año en que 
concluyó el cuarto curso teológico, era ya propietario 
efectivo de esta cátedra, dotada, como la de Filosofía, 
con 400 pesos anuales, y sin embargo de que había seña- 
lado separadamente sueldo para ambos cargos, «en cuyos 
exercicios, decia al gobernador en una solicitud que le 



i63 

siempre que no se dispusiera otra cosa por 
el Congreso y se ratificara por la provincia. 
Concediéronse las siguientes atribuciones á la 
Junta: señalar los sueldos de los empleados, 
así como también nombrarlos; mantener el 
ejército necesario para la defensa de la pro- 
vincia; establecer impuestos para hacer frente 
á los gastos, y designar por una sola vez los 
individuos del nuevo Cabildo, por quedar de- 
cretada la destitución de los anteriores, aun- 
que pudiendo volver á obtener estos oficios, á 
la par de cualquier otro empleo, los que fue- 
sen patricios; pero no los europeos, declarados 
cesantes en cuantos desempeñaren á la sazón, 
é inhábiles para adquirir otros en lo sucesivo, 
á menos de resolución contraria de la provin- 
cia. Se equiparaba á los naturales todo ameri- 
cano, «siempre que uniforme sus ideas con las 
de la Junta», exceptuando de estas incapaci- 
dades á Zeballos, por su reconocido patriotis- 

prcsentó en Enero de 1794^ no temo se me arguyan faltas 
con legitimidad y verdad», á Bogarín sólo se le abonaba 
uno de ellos. 

No pudo por enfermedad dictar su asignatura en el 
curso de 1794, y durante todo él le reemplazó el clérigo 
de corona D. José Baltasar Villasanti. 

En 1796 seguía aún de Cancelario y enseñando Teo- 
logía. 



164 
mo y los méritos que tenía contraídos, los cua- 
les fueron recomendados al Gobierno para que 
los premiase. Declaróse que la Junta creada 
será la autoridad suprema de la provincia, y 
su presidente suplirá las veces de Juez de Al- 
zada en las causas mercantiles; que se suspen- 
de todo reconocimiento de las cortes y conse- 
jos de regencia «y toda otra representación de 
la autoridad suprema ó superior de la na- 
ción », y que los individuos nombrados 

para componer el Gobierno, «antes de entrar 
en el ejercicio de sus oficios, harán juramento 
á continuación de la presente acta y ante es- 
cribano, de no reconocer otro Soberano que 
al Señor don Fernando Vil, de proceder fiel 
y legalmente en los cargos que se les confían, 
y de sostener los derechos, libertad, defensa y 
seguridad de la provincia». Se resolvió que 
fuese exigida responsabilidad á los cabildantes 
por una partida de yerba, del ramo de Pro- 
pios, enviada á Montevideo, si no era su valor 
satisfecho, é igualmente á D. Bernardo de Ve- 
lasco (i), su director y dependiente D. Benito 

(i) No se piense por esto que Velasco haya sido ob- 
jeto de persecuciones, venganzas ni odios. Se le acusaba 
de debilidad; pero no se puso nunca en duda su honradez 
acrisolada, y los historiadores son' unánimes en esta opi- 



i65 
Velasco y Marquina y los ministros de la Real 
Hacienda D. Pedro Oscáriz y D. José Elizalde, 
por otra de tabaco de la Real Hacienda remiti- 
da también á aquella misma ciudad. Y, final- 
mente, acordóse «que esta Provincia no sólo 
tenga amistad, buena armonía y correspon- 
dencia con la ciudad de Buenos Aires y de- 
más provincias confederadas, sino que tam- 
bién se una con ella, para el fin de formar una 
sociedad fundada en principios de justicia, de 
equidad y de igualdad», con arreglo á estas ba- 
ses aprobadas por la misma Asamblea: i.°, in- 



nión y se hacen lenguas de su bondad. Los paraguayos, 
decia Belgrano (Descripc., pág. 84), «adoran en Velasco, 
tanto que, aun conociendo que es gobernado por el so- 
brino y Elizalde, á quienes detestan, lo disculpan». En 12 
de Febrero de 1812 escribía también la Junta del Para- 
guay á la de Buenos Aires, aludiendo á Velasco, de cuyo 

extrañamiento se trataba entonces: « el Congreso no 

trató de darle mas pena, que la de removerlo, y haberlo 
responsable de las partidas de Yerva, Tabaco, y otros 
perjuicios. Pero como por su estado de insolvencia nada 
se le puede exigir, quedará expedito el resarcimiento con- 
tra sus dos fiadores, Alcaides, Regidores, y demás perso- 
nas, que con su influxo, persuasión, ó de otro modo, co- 
operaron á los daños, y cargos resultantes de dichos do- 
cumentos Su remisión se realisará asi que se nos propor- 
cione un Bote pequeño para que vaya con sus pocos mue- 
bles, y un par de Esclavos q.e tiene, cuyo auxilio le dexa- 
mos por humanidad » (MS. del Arehivo Nacional.) 



i66 
dependencia absoluta del Paraguay hasta la 
reunión del Congreso General de las Provin- 
cias Unidas; 2.% abolición del impuesto de un 
peso de plata que con el nombre de sisa y ar- 
bitrio pagaba en Buenos Aires cada tercio de 
yerba; 3.°, extinción del estanco del tabaco, 
quedando en beneficio del Paraguay el que 
hubiese en la factoría de la Asunción, com- 
prado con el dinero de la Real Hacienda; 
4.°, envío de un diputado nuestro al Congre- 
so, «en la inteligencia de que cualquier regla- 
mento, forma de gobierno ó constitución que 
se dispusiese, no deberá obligar á esta provin- 
cia, hasta tanto se ratifique en Junta General 
de sus habitantes y moradores». Esta repre- 
sentación fué concedida al Dr. Francia, ya 
electo antes por el Cabildo, « advirtiéndose 
que en este caso y por sola esta vez la Junta 
de Gobierno de esta Provincia, antes de la se- 
paración de dicho diputado, nombrará el vocal 
que deba quedar en su lugar.» (i). 



(i) MS. del Archivo Nacional: bando del 22 de Junio, 
dando cuenta de lo resuelto en el primer Congreso y de 
las primeras disposiciones de la Junta; Descripc, pág. 55; 
Poucel, ob. cit., pág. 84; El Paraguayo Independiente ^ 
tomo 1, pág, 7; Du Graty, ob. cit., pág. 65. 

Zinny (ob, cit., págs. 233 y 234) dice que las disposi- 



167 
El mismo día 20 se instaló la Junta Guber- 
nativa (i), después de haber prestado el jura- 
mento exigido por el Congreso, que fué de- 
clarado disuelto en el acto; y el 22 se expidió 
un bando, en que se comunicaban á la provin- 



ciones relativas á Buenos Aires se adoptaron, después de 
disuelto el Congreso, «por un número de ciudadanos, con- 
vocado al efecto en el palacio de gobierno», error tan 
craso como el de que ya en la misma ocasión se repudió 
la monarquía y se renegó de Fernando VII. Muy al con- 
trario de esto último, á los miembros de la Junta se les 
exigió por expresa disposición del Congreso «juramento 
de no reconocer otro soberano que al señor don Fernan- 
do VII»; y su nombre siguió siendo siempre invocado 
hasta el Congreso de 18 13, que fué quien proclamó nues- 
tra independencia absoluta. [Véase mi Comp. Elem. de 
Hht. del Parag., pág. 176.) El mismo Zinny se contradice 
al referir después (pág. 240) que el 21 de Mayo de 181 2 
se dio bando para que acompañasen todos, «so pena de 
ser tenido por infidente y sospechoso», «al Real Estan- 
darte del Señor desdichado Fernando VII», lo cual es de 
presumir que no se haría, si antes se hubiese adoptado la 
radical resolución de que nos habla. Del error de Zinny 
participa el Dr. Audibert en su Cuestión de limites, capí- 
tulo XVI. 

(i) MMSS. del Archivo Nacional: bando del 22 de Ju- 
nio y oficio cit. del 22 de Abril de 18 12 al Cabildo. 

Sin embargo, Zinny (ob. cit., pág. 233) dice que esta 
Junta fué nombrada el 22, y le siguen en este error Au- 
dibert [Cuestión de limites, cap. XVI) y Domínguez (La 
Independencia, publicación hecha en honor de los proceres, 
pág. 7). 



i68 
cia las decisiones de sus representantes y las 
primeras medidas tomadas por el Gobierno, 
que consistían en encargar al vocal Mora el 
desempeño de la Secretaría hasta tanto que se 
encontrase persona apta á quien darla en pro- 
piedad; en la formación del nuevo Cabildo, 
del cual fué electo Alcalde de primer voto Ze- 
ballos; en ordenar el juramento de obedien- 
cia, que todos los vecinos y habitantes debían 
prestar á la Junta, y en disponer los festejos 
dedicados á celebrar tan memorables y glorio- 
sos acontecimientos (i). Ocho días después 
fueron puestos en libertad los cabildantes pre- 
sos, quedándolo únicamente Velasco y su so- 
brino (2). 

Trabajosa y grande era la empresa que de- 
bía llevar á cabo la nueva Junta gubernativa, 
y miserables sus recursos, habida cuenta de la 
magnitud de aquélla. Su camino estaba sem- 
brado de escollos; empobrecida la provincia 
por la lucha contra la invasión de Belgrano; 
despojada de parte de sus rentas, de las que dis- 
pusieron para socorrer á Montevideo el último 
Gobernador español y el Cabildo; cegadas sus 



(i) MS. del Archivo Nacional. 
(2) Descripc, pág. 58. 



169 
fuentes de recursos por tantos males como la 
habían azotado; dificultado su comercio por el 
estado de guerra de Buenos Aires y sus fre- 
cuentes medidas restrictivas de la navegación; 
amenazada en lo exterior por dos potencias: 
Buenos Aires, la más temible, que así se valía 
de los halagos, como del razonamiento, de la 
amenaza y de la intriga; Portugal, que espe- 
raba el momento oportuno de hacer efectivos 
los pretendidos derechos eventuales de la prin- 
cesa Carlota, y acumulaba entre tanto sus tro • 
pas sobre nuestras fronteras; dividido en lo in- 
terior por el partido porteñista, que contaba 
de su lado á Yegros, miembro del Gobierno y 
la m.ás poderosa influencia en aquellos tiempos, 
siquiera le faltasen por fortuna energía y capa- 
cidad para llevar á ejecución sus ideas; y por el 
partido español, poderoso y firme, que no ce- 
saba en sus manejos sediciosos y en sus planes 
de reconquistar el perdido predominio: corría 
peligro, y peligro gravísimo de naufragar la na- 
ciente libertad del Paraguay en aquel agitado 
mar de dificultadesy de adversos acontecimien- 
tos, y no hubiera sido por cierto tachada de te- 
meraria la predicción de quien vaticinase que 
pronto se le vería figurar entre las provincias su- 
bordinadas á la antigua capital del Virreynato. 



170 
Pero formaba parte del Gobierno un hombre 
de voluntad inflexible, que plegaba á la suya 
y arrollaba y anonadaba todas las demás; que 
unía á su bien templado carácter, talento y 
luces superiores, que le aseguraron desde el 
primer día un ascendiente, que nadie fué osa- 
do á disputarle; que impuso respeto por su 
honradez y la severa austeridad de su vida, y 
se hizo admirar por la energía con que defen- 
dió los derechos del pueblo, proclamando prin- 
cipios de avanzada democracia. Ese hombre 
era Francia, quien comprendió que la libertad 
no debe ser conquistada á medias, una vez 
puestas mano§ á la obra, y procuró con tenaz 
empeño asegurárnosla, consagrando á tan su- 
blime propósito los recursos todos de su escla- 
recida inteligencia, que por desgracia no ha- 
bía de ser parte á impedir las crueldades que 
señalan su dilatada implacable dictadura y 
obscurecen, mas no apagan, el brillo de su 
gloria. 



APÉNDICES 



APÉNDICE A 



No se me oculta que al sostener que fué obra 
en gran parte de Francia la revolución del 14 
de Mayo, lastimo muchas arraigadas convic- 
ciones, para mal de quienes las profesan no 
tan bien fundamentadas como tenaces; pero 
si los hechos históricos hubiesen de amoldarse 
a las preocupaciones por la ignorancia ó por 
la pasión engendradas, no mereciera ia histo- 
ria el dictado de imparcial dispensadora de 
justicia, ni fuera posible que llevase á cunjpli- 
do efecto su misión de otorgar el aplauso in- 
justamente negado ó anular el elogio tributa- 
do injustamente, y antes fuera sierva de las 
prevenciones de la posteridad, que no guía y 
maestra suya, y no pudiera encauzar sus jui- 
cios cuando se descarriasen. Preciso es que la 
verdad resplandezca por encima de todas las 
cosas, y no es el menor sacrificio exigido al 
historiador éste de hacer tabla rasa de las no- 
ciones adquiridas sobre los personajes y los 
sucesos en que se ocupe, despojarse de toda 
idea preconcebida, para que más desembara- 
zadamente perciba la luz que brota de los do- 



174 

cumentos y otras fuentes y de una crítica des- 
apasionada y sana. Por eso, no obstante el 
respeto grande que me merecen todas las opi- 
niones, por escasa autoridad que tengan, y sin 
ánimo de ofender la memoria de quien goza 
de una gloria inmerecida, he de reivindicar 
para el Dr. Francia la que á mi parecer le co- 
rresponde por legítimo título; la que sus actos 
posteriores pueden haber empañado, mas no 
destruido; la que deben aplaudir todos los pa- 
raguayos, cualquiera que sea el criterio con 
que juzguen su dictadura. 

Tantos anatemas han ido acumulándose en 
el transcurso del tiempo sobre el nombre del 
Dictador celebérrimo, que ya no rigen con él 
las reglas de la crítica: todo lo malo que se le 
achaque lo creemos á pie juntillas; lo bueno 
que de él quiera decirse há menester de ir bien 
documentado, para que no lo neguemos sin 
examen. Yo no sabré explicar la razón de esta 
extraña anomalía: acaso lo cómodo que resul- 
ta adaptar los juicios á patrones ya hechos y 
conformarse con lo que se ve más repetido, 
siquiera falten pruebas que lo abonen, tenga 
muchísima parte en la unanimidad con que se 
acusa al Dr. Francia de toda especie de críme- 
nes y se le niega toda clase de virtudes. ¿Qué 
mucho entonces que nadie conceda la fe que 
se merecen á los pocos, pero autorizados tes- 
timonios, por donde consta que fué él quien 
instruyó el plan de la revolución de nuestra 
independencia, ni que el abogado porteño, 



175 
Dr. D. Pedro Somellera, bajo la sola garantía 
de su palabra, haya conseguido que todos le 
atribuyesen aquella dirección gloriosísima? 

Sin embargo del infundado acatamiento que 
á Somellera se tributa, sus aseveraciones no 
pueden ni deben tener valor excepcional, y 
mucho menos deben tenerle cuando por re- 
dundar en honor y alabanza propios, haya 
motivo para* sospechar que influyera en ellas 
la vanidad, que en varios pasajes de los escri- 
tos en que voy á ocuparme revela. Es necesa- 
rio discutirlas, hacerlas pasar por este crisol, 
para ver hasta dónde y en qué grado son dig- 
nas de crédito. 

Desde luego debe confesarse que la vida pú- 
blica de Somellera ofrece hechos, como los que 
de seguida menciono, bien distantes de ser 
honrosos. El jactarse, como se jacta él, aun- 
que falsamente, según creo, de haber traicio- 
nado la confianza de Velasco y servídose de 
ella para preparar su caída, no es una reco- 
mendación que le enaltezca ni mucho ni poco. 
La traición es siempre abominable, por santa 
que sea la causa que con ella se quiera favore- 
cer, y es más abominable cuando se comete 
al amparo de la ajena confianza y hollando 
deberes jurados solemnemente. 

Si por este lado pecó el antiguo asesor de 
infiel, por otro pecó de servil. Basta para con- 
vencerse leer la carta que en 8 de Enero de 
1 85 1 dirigió á Rosas, y que primero fué pu- 
blicada en la Gaceta Mercantil de Buenos 



176 

Aires y después en El Paraguayo Indepen- 
diente (i). En ella, entre degradantes protes- 
tas de sumisión, Somellera presenta al feroz 
tirano una réplica del Manifiesto que López 
expidió en la Villa del Pilar el 1 3 de Febrero 
de 1848 sobre los derechos del Paraguay al te- 
rritorio de la banda izquierda del Paraná (2), 
é insinúa con mucha franqueza el deseo de 
recibir una recompensa pecuniaria, deseo que 
vio realizado. 

No más gallardas prendas ha dado de su ve- 
racidad. A poco de la revolución del 14 de 
Mayo, la Junta Superior Gubernativa desmin- 
tió ya ciertas afirmaciones que sobre los bu- 
ques apresados por los paraguayos en las ex- 
pediciones contra Corrientes, hizo el Doctor 
Somellera á Belgrano, quien las repitió al Go- 
bierno Ejecutivo en informe del 24 de Diciem- 
bre de 181 1 (3). Los apuntamientos que des- 
pués compuso para el Essai historique sur la 
révolution du Paraguay et le gouvernement 
dictatorial du docteur Francia, ofrecen tam- 



il) El Parag. Indcp., tomo II, págs. 394 y 395. 

(2) Esta refutación fué publicada en la Gaceta Mer- 
cantil áú II de Febrero de 1851, núm. 817. y reprodu- 
cida en folleto en 1855 en Corrientes, Imprenta del Es- 
tado, con el título de Documento importante para la ilus- 
tración de algunas de las cuestiones de territorio entre la 
Confederación Argentina y el Paraguay, 

(3) MS. del Archivo "Nacional: oficio citado del 19 de 
Febrero de 18 12. 



177 

bien vasto campo en que espigar inexactitu- 
des, no siempre involuntarias, y con más fre- 
cuencia hijas del odio y de la niala intención, 
que no del error. Véanse algunas para mues- 
tra. Acusa al coronel D. José Antonio de Za- 
vala y Delgadillo de haber con la caballería 
paraguaya desamparado á Velasco en Para- 
guary (i); pero este militar no tuvo ningún 
mando en aquella ocasión, porque era sospe- 
choso al gobernador por venir parientes suyos 
en el ejército de Buenos Aires (2). Cuenta que 
«en Tacuary hizo Belgrano entregar al Coman- 
dante Cabanas 60 onzas de oro para socorrer 
á los prisioneros de Paraguary» (3), dinero so- 
bre cuya aplicación á ese objeto demuestra 
dudas ofensivas, desmintiendo al mismo Bel- 
grano, que en la carta de remisión, datada en 
Candelaria á i5 de Marzo, dice: «Permita Vmd. 
que corresponda por mi parte á ahviar estos 
males, auxiliando á las viudas de mis herma- 
nos los paraguayos, que han perecido en las 
acciones de Paraguary y Tacuary, con las cin- 
cuenta y ocho onzas de oro que remito por 
mano del portador don Félix Aldao.» (4). Atri- 
buye á Velasco una resistencia tenaz á aceptar 
el auxilio de los portugueses, á que le instaba 



(i) Pág. 192. 

(2) Nota de Pelliza, pág. 192 de Rengger. 

(3) Pág. 194. 

(4) Descripc, pág. 73. 

12 



178 

el Cabildo (i), siendo así que copiosos docu- 
mentos oficiales de la época prueban que el 
gobernador estaba en connivencia con Sousa 
y le había pedido fuerzas. Da como causa de 
la supuesta resistencia de Velasco, además de 
sus propias exhortaciones, que á creer en lo 
que asegura eran muy escuchadas, el haberse 
recibido un oficio del Marqués de Casa-Irujo, 
«en que el embajador encargaba al goberna- 
dor que por ningún motivo consintiese que 
tropas portuguesas pisasen en la provincia, ni 
con pretexto de sugetar á los insurgentes» (2); 
pero esa nota, que tiene la fecha del 8 de 
Abril, no llegó hasta once días después de la 
instalación de la Junta Superior Gubernati- 
va (3). Lleva á tal extremo su odio contra 
Francia, que aparte de negarle instrucción, le 
hace mulato y descendiente de un negro bra- 
sileño (4), estando probado ya en 1787, como 
no pudo ignorarlo Somellera, que fué «hijo 

(i) Pág. 202. 

(2) Pág. 203. 

(^) Descripc, pág. ^9- Que esta comunicación fué re- 
cibida ya por la Junta Superior Gubernativa, se deduce 
también de la respuesta que la dio en 26 de Septiembre 
y de estas palabras del manifiesto dirigido al público el 3 
de Julio de 181 1: « lo que en este particular ha llena- 
do de satisfacción á lajuntay debe darla á toda la Provin- 
cia, es la carta que acaba de recibir, escrita por el Exce- 
lentísimo Sr. Marqués de Casa-Irujo » [Descripc, pá- 
gina 62.) 

(4) Pág. 210. 



179 
de padres notoriamente nobles», según infor- 
maba el Cabildo en 1809 con motivo de su 
elección para candidato á diputado del Virrei- 
nato en España. Dice después: «no estaba sa- 
tisfecho Francia con la incomunicación á que 

en la cárcel estaba reducido En mediados 

de Agosto (181 i) me hizo trasladar á bordo 
de una garandumba que estaba fondeada dis- 
tante de la ribera-) (i); mas precisamente en 
este tiempo Francia no tenía ningún poder, 
pues se retiró de la Junta disgustado el i.° de 
Agosto y no volvió á incorporarse á ella hasta 
el 6 de Septiembre (2). Incrimínale también 
por la conspiración del 29 de este mismo mes, 
asegurando que «esa contrarrevolución de los 
españoles, ese movimiento del 29 de Septiem- 
bre, fué una infame trama urdida por el doc- 
tor Francia» {3), sin embargo de haber dicho 
poco antes que ccuando el doctor Francia, que 
estaba en su casa de campo, supo aquella eje- 
cución (la de los conjurados castigados con 
esta pena), voló á la ciudad y contuvo la efu- 
sión de sangre.» (4). Esto último lo escribió, 
antes que Somellera, Rengger (5), y lo repitie- 



(i) Pág. 206, nota. 

(2) Véase mi Comp. Elem. de Hist. del Parag., pági- 
nas 166 y 167. Estos hechos están probados por documen- 
tos del Archivo Nacional. 

(3) Pág. 216, nota. 
{4; Pág. 214. 

[y] Essaihist., pág. 17. 



1 8o 

ron, tomándolo de éste, Famin, Demersay, 

Zinny y copiado de Somellera, Carranza, 

Washburn ; pero no es cierto que entonces 

estuviera Francia separado del Gobierno, pues 
se le reincorporó el 6 de Septiembre y no vol- 
vió á abandonarlo hasta el 15 de Diciembre (i), 
ni es de presumir que urdiera él semejante 
conspiración en los pocos días que mediaron 
desde su regreso. Más me inclino á creer que 
ella existió realmente, fundándome, aparte 
la carta anónima del 29 de Agosto, que dio 
lugar á la deposición de Bogarín, en la otra in- 
tentona revolucionaria descubierta el 16 de 
Septiembre (2). Afirma, por fin, que «en los 
días inmediatos» al i5 de Junio, en que él fué 
preso, también lo habían sido «casi todos los 
militares que sirvieron en la revolución» (3), 
lo cual es absolutamente falso. 

Igual análisis, con idéntico resultado, pu- 
diera hacer, si fuese necesario, de su ya aludido 
contramanifiesto; pero para dar más cabal idea 
de los respetos que á la verdad guardaba So- 
mellera, mencionaré el hecho de haber negado 
categóricamente la existencia del fallo arbitral 
que en 8 de Junio de 1727 pronunciaron los Pa- 
dres José Insaurralde y Anselmo de la Mata, 
deslindando los límites de las diócesis del Pa- 
raguay y de Buenos Aires. Invocado por Ló- 

(i) Véase mi Comp., pág. 168. 

(2) Véase mi Comp., pág. 167. 

(3) Pág. 205, nota. 



i8i 

pez en justificación de nuestros derechos, So- 
mellera lo calificó de embuste; aseguró que el 
expediente de este juicio no existía, y que 
todo era una invención torpemente urdida (i). 
Sin embargo, estos documentos fueron publi- 
cados en El Paraguayo Independiente (2), 
sus originales se conservan en nuestro archi- 
vo, y su autenticidad no puede ser puesta en 
duda. 

Pues bien: este mismo Dr. Somellera, cuya 
veracidad resulta así tan sospechosa, se atribu- 
yó el papel de director del movimiento del 14 
de Mayo en el mencionado opúsculo, que es- 
cribió para rectificar ciertos pasajes de la obra 
de Rengger, opúsculo que tiene la fecha del 14 
de Septiembre de 1841 y vio la luz en Julio de 



(1) Documento importante ya citado, págs. 26 y si- 
guientes. He aquí un specimen de la argumentación de So- 
mellera: «Es táctica de todo embustero, en viéndose co- 
gido en la mentira ó temiendo serlo, echar otra y otras 
para sostener aquélla, y esto ha hecho el autor del mani- 
fiesto. Levantó un falso testimonio á los Jesuítas Inzau- 
rralde y Mata, y para sostenerlo, levanta otro á los archi- 
vos de la Asunción, diciendo que contienan auténticos do- 
cumentos en que consta su embuste. ¡Miserable! Si yo pu- 
diera disculparlo y atribuir su superchería á errores y 
equivocaciones, lo haría, como lo hice antes; pero me es 

imposible » (Pág. 28.) Y no añade nada más, ni falta 

que hace, porque ¿quién después de estas razones tan po- 
derosas se atreverá á creer en la existencia de aquellos do- 
cumentos? 

(2) Tomo I, págs. 743 y siguientes. 



1 82 

1846 en El Comercio del Plata (i), é insinuó 
igual cosa en la refutación del manifiesto de 
López, ya citada, en 1851. He aquí en qué tér- 
minos refiere su intervención en aquellos su- 
cesos: De regreso en la capital ios oficiales pa- 
raguayos, en quienes Belgrano inculcó el pen- 
samiento revolucionario, acudieron al asesor 
en busca de consejos y le hicieron director de 
la conspiración que inmediatamente se fra- 
guó. Cuando el 14 de Mayo Iturbe le comu- 
nicó que el Gobierno había descubierto sus 
planes, Somellera le dio esta heroica respues- 
ta: «Si han de ahorcarnos mañana, muramos 
hoy: dígale V. á Caballero que esta noche, 
después de la queda, hemos de tomar el cuar- 
tel.» Con efecto: el cuartel fué tomado; pero 
mediando la extraña circunstancia de que So- 
mellera, en vez de ir á desafiar á la muerte 
para escapar de la horca, se encontrase en esos 
momentos en que mayor necesidad tenían de 
sus consejos los conjurados, en el mismo pa- 
lacio del gobernador. Es más: cuando se trató 
de enviar ante los revolucionarios una persona 
que procurase inclinarlos á un pacífico aveni- 
miento y á evitar la efusión de sangre, Some- 
llera modestamente se abstuvo de ofrecerse 
para aquel encargo, que podía, sin duda algu- 
na, supuesta la autoridad que su carácter de 
director le daba, desempeñar mejor que nadie, 

( I ) Docütn. import, , pág. 36; El Parag. Indep. , tomo II , 
pág. 392. 



i83 

y renunciando á la gloria de facilitar solución 
tan humana, se contentó con ser acompañan- 
te mudo del Obispo, que fué enviado como 
parlamentario, volvió con él y siguió al lado 
de Velasco, á quien solamente abandonó, pre- 
vio su permiso, cuando Caballero le pasó una 
nota llamándole para dirigirle. 

Una vez Somellera en el cuartel, trató de or- 
ganizar el nuevo Gobierno, y consecuente con 
la generosa protección que en todo tiempo 
dispensó á Francia, logró, sin embargo de la 
negativa obstinada de los oficiales, que duda- 
ban de las ideas de éste, incluirle en el triun- 
virato, y entonces le llamó de su quinta de 
Ibyray por una esquela, que condujo D. José 
Tomás Isasi (i). Pero ingrato á este señalado 
favor, procuró y consiguió Francia, tan pron- 
to como hubo llegado, el mismo día 15, anu- 
lar completamente la influencia de Somellera, 
el respetable inspirador de cuanto se había he- 
cho; y aquel advenedizo que el día anterior no 
sabía nada de lo que se tramaba (2), convirtió- 
se en arbitro de la situación, disuadió á Gaba- 



( I ) «El comandante Caballero fué quien por una es- 
quela escrita de su propia mano llamó á Francia, y éste 
mandó echar del cuartel á Somellera.» (£/ Parag. Indep., 
tomo II, pág. 393.) 

[2] Dice Somellera: «la primera noticia que él (Fran- 
cia) tuvo de aquel gran suceso, fué la que yo le comuni- 
qué en la madrugada del 15 de Mayo, después de logra- 
do » (Rengg., pág. 209,) 



llero y á los demás de participar el triunfo á 
Buenos Aires, y un mes más tarde ordenó que 
se abrieran las puertas de la cárcel para reci- 
bir á Somellera, á su antiguo protector, al pa- 
dre de nuestra independencia, al amigo íntimo 
y consejero del poderoso Caballero, que hizo 
estérilmente inauditos esfuerzos para evitar la 
prisión y después para ponerla término (i). 

Renuncio á puntualizar las falsedades, ab- 
surdos é inverosimilitudes en que abunda el 
anterior relato, fielmente resumido. Nadie de- 
jará de maravillarse de que conjurado como 
Somellera tan comprometido y cuyas luces 
eran de casi inexcusable necesidad en el mo- 
mento más grave y decisivo de la revolución, 
en el momento en que era puesta por obra, se 
dejase estar tranquilamente y sin ningún ob- 
jeto en el palacio del gobernador, en medio de 
sus naturales enemigos y cuando cualquier 
sospecha podía costarle cara, mientras en otro 
sitio era su presencia reclamada. Nadie se ex- 
plicará tampoco satisfactoriamente la facilidad 
con que Francia se le sobrepuso, si no es re- 
conociéndole una participación anterior prin- 
cipalísima en la revolución y restringiendo 
mucho la de Somellera. 

A estas razones, que desautorizan en gran 
modo las palabras del antiguo asesor, puede 
añadirse la versión que del mismo acontecimien- 

(i) Véase la nota «al capítulo primero de la primera 
parte del Ensayo», págs. i88 y siguientes. 



i85 

to hace un personaje, que estaba preso por su 
complicidad en la causa de Domecq, cuando 
estalló la revolución, y fué puesto en libertad 
en la misma noche del 14, y presenció todas 
sus peripecias y tuvo parte activa en ellas. Alu- 
do á D. Marcelino Rodríguez, porteño tam- 
bién, como su amigo y compañero de cárcel 
Somellera, á quien no deja de mostrarse favo- 
rable; pero que narra las cosas en muy distin- 
ta forma: «Siguió, dice, todo tranquilo en la 
mañana del 1 4 de Mayo de 1 8 1 1 ; pero á eso de 
las ocho, no atinando Caballero ni los demás 
compañeros cuál sería el mejor camino á to- 
mar, mandó en busca del doctor Somellera, 
para que nos asesorase con sus luces y expe- 
riencia», y éste, «conocedor del medio en que 
se actuaba y temeroso de ulterioridades por el 
carácter susceptible de las masas, pidió que le 
hicieran llevar en calidad de preso. Entonces 
se comisionaron dos individuos, custodiado 
por los cuales se presentó en el cuartel.» (i). 
¿Son propios tales temores de quien acababa 
de cooperar eficacísimamente á la libertad de 
los paraguayos y tenía tan alto título para re- 
clamar su gratitud? ¿No significa todo esto 
que, como dice El Paraguayo Independien- 
te, «el entrometimiento de Somellera en ese 
movimiento fué muy pequeño y muy subal- 
terno?» (2). 

(1) Rev. Nac, año cit., pág. 181. 

(2) Tomo II, pág. 516, 



i86 

Bastaron, sin embargo, sus afirmaciones, 
bien que rotundas, completamente desprovis- 
tas de pruebas y no muy favorecidas de la ve- 
rosimilitud, para que las prohijasen la mayoría 
de los que sobre este acontecimiento escribie- 
ron, sin hacerse cargo de que, aun en el su- 
puesto de haberse Somellera acreditado de im- 
parcial y verídico, no debía creérsele ciega- 
mente, cuando lo que decía redundaba en su 
alabanza, máxime considerando que no era á 
ella poco inclinado, tal vez para resarcirse de 
las que los extraños le escatimaban. Pero ad- 
viértase que de todos los escritores que han 
adoptado esta opinión, los que no citan á So- 
mellera revelan en la absoluta y casi textual 
conformidad de las narraciones que en él se 
informaron (i)^ y que no hay uno solo ante- 
rior á la publicación de su opúsculo que diga 
lo mismo, dato denunciador de cómo única- 
mente la ignorancia ó la credulidad excesiva 
y mal empleada ha podido dar tan grande di- 
fusión á la fábula. 

Sobraba, pues, para destruir la aparente au- 
toridad de todos estos testimonios, que valen 
tan poco juntos como el primitivo, ya que nin- 
guno produjo la más pequeña prueba que le 
robusteciera; sobraba con el de la Descripción 
de la Provincia del Paraguay. Concurren en 

(l) En este caso se encuentran Brozard, Arcos, Peña, 

Zinny, Terán, Decoud, Domínguez Cítanle Demersay, 

Mitre, Washburn 



iB7 

esta obra circunstancias que la hacen muy ve- 
rídica: los documentos y noticias que suminis- 
tra revelan perfecta noción de los sucesos que 
empezaron á desarrollarse con la invasión de 
Belgrano, y sus airadas imprecaciones contra 
el Dictador hacen inadmisible el recelo de que 
haya querido favorecerle, achacándole mériros 
que no le pertenecen. Y la Descrijpción, que 
es de fecha anterior á los escritos de Somelle- 
ra, por más que no haya sido publicada hasta 
mucho más tarde, dice que, á falta de Yegros, 
el cual, por hallarse en Itapúa y por carecer de 
los talentos necesarios, no podía ser el director 
de la revolución, «se le habló al doctor don 
José Gaspar Francia, quien conviniendo en di- 
rigir la empresa, instruyó el plan sobre que se 
había de executar.» (i). 

En 1848 escribía también El Archivo Ame- 
ricano que «el Dr. D. Gaspar José de Francia 
era en realidad el director de este movimiento 
popular», y que el i3 de Mayo afué llamado á 
tomar abiertamente la dirección que hasta en- 
tonces había tenido secretamente^) (2); y en 
1862 decía Du Graty, que estuvo en el Para- 
guay y recogió en él los dalos con que corn- 



il) Pág. 48 de la ed. cit. Efectuar dice ésta, donde 
yo escribo executar, siguiendo el manuscrito de esta obra 
que existe en Río de Janeiro en el Archivo del Instituto 
Histórico y Geográfico del Brasil. 

(2) El Archivo Americano, tomo IV, núm. 29, pági- 
na 161, fecha 31 de Agosto de 1848. 



puso su bien informado libro: «una revolución 
pacífica, dirigida por José Gaspar de Francia 
y sostenida por las tropas que obedecían al co- 
mandante Pedro Juan Caballero, puso fin á la 
dominación española.» (i). 

Adviértase que cualquiera de estos dos ates- 
tados es más fidedigno que el de Somellera, y 
ambos posteriores á sus publicaciones y ante- 
riores á la de la Descripción^ lo cual significa 
que el papel principal que Francia desempeñó 
en el movimiento libertador, era tradición co- 
rriente en el Paraguay y en el Río de la Plata 
en los primeros cincuenta años que le siguie- 
ron, antes que escritores poco minuciosos 
otorgaran á las interesadas afirmaciones de So- 
mellera la fe del Evangelio. 

Pudiera citar todavía algunas otras autori- 
dades, más recientes que la Descripción^ aca- 
so en ella informadas, mas no por esta circuns- 
tancia menos respetables: tal, por ejemplo, 
como el erudito historiador argentino Pelliza, 
quien escribe que «los bríos desplegados por 
el ejército paraguayo dieron ocasión al doctor 
Francia para que, complotado con el coman- 
dante Caballero y algunos vecinos, depusie- 
ran al Intendente. Este plan se consumó sin 

violencia No obstante, Francia, que era 

el iniciador de este cambio, no quiso hacer- 
lo tan radical que pudiera traer alguna reac- 



(i) la Rép, du Parag.^ pág. 65. 



189 

ción de parte de los oficiales del Rey.» (i). 
Aun concediendo, y es mucho conceder, que 
cada uno de estos testimonios, en diversa fuen- 
te originados, valiese únicamente como el de 
Somellera, resultara siempre el hecho de ha- 
ber sido Francia el director de la revolución de 
nuestra independencia, mucho más abonado y 
verosímil que el de haberlo sido el antiguo ase- 
sor de Velasco. Varias poderosas consideracio- 
nes pueden agregarse á la prueba exhibida; 
pero basta con hacerse cargo de ésta: Francia, 
sobrino del P. Fernando Caballero, uno de los 
más entusiastas y respetados revolucionarios; 
primo de los Yegros, de los cuales Antonio 
Tomás, el más animoso y el que en mayor 
grado contribuyó á la revolución, tenía en él 
ciega confianza y adhesión completa (2); ami- 

(i ) Véase la Introducción de Rengger, ed. castell, c¡t., 
pág. 12. 

{2) En la carta que en 3 de Agosto de 181 1 escribió á 
Francia, incitándole á reincorporarse á la Junta, le dice en- 
tre otras protestas de afecto y de adhesión: «Yo en todo 
caso estoy pronto á hacer lo q.e Vm. me diga p.« todavía 
me mantengo, y espero continuar, lo mismo q.e aquel mo- 
mento q.e nos abrasamos en señal de unión en el Quartel, 

y no sea Vm. el primero q.e me abandona Viendo q.e 

sin Vm. no ha de haver cosa con cosa en Govierno y menos 
me he de yo sostener no he podido menos q.e hacer lo 
q.e hize confiado en q.e Vm. me dará el mejor corte como 
igual Amador á la Patria p.'la q.e siempre deseo morir en 

defenza de la libertad bajo sus sabias direcc.» » (MS. 

del Arch. Nac.: autógrafo.) 



igo 

go querido de Pedro Juan Caballero; persona- 
je conspicuo por los cargos importantísimos 
que había desempeñado; caudillo prestigioso 
por la independencia y el patriotismo que en 
ellos acreditó y por el celo con que defendió 
los intereses de los naturales contra los opues- 
tos intereses de los españoles peninsulares; tri- 
buno valiente que en la asamblea del 24 de Ju- 
lio osó proclamar antes que nadie la caducidad 
del Gobierno español: Francia, por tantos y 
tan elocuentes conceptos señalado comoel más 
inteligente, atrevido, prestigioso y respetable 
partidario de las nuevas ideas, ¿había de ser 
hecho á un lado por los que maquinaban la 
revolución, cualesquiera que fuesen los parti- 
culares sentimientos que hacia él abrigaran los 
jefes de la conjura? ¿Yes creíble que siendo 
esos jefes deudos y amigos suyos y conocedo- 
res de su modo de pensar, le postergaran en 
vez de buscarle y sacar partido de las cualida- 
des que en él concurrían? ¿No parece absurdo 
que los mismos que dicen que Francia no supo 
nada de la revolución hasta después de haber 
triunfado por completo, añadan á renglón se- 
guido que apenas llegó al-cuartel en que esta- 
ban los conjurados, tuvo fuerza bastante para 
arrollar al que fué, según ellos, el alma de la 
conspiración, áSomellera, y despojarle en ab- 
soluto de influencia, sin embargo de que Ca- 
ballero, á fiar en lo que cuenta el mismo inte- 
resado, le distinguía con su ilimitada confian- 
za y sentía por él grande afecto? 



igi 

No significa nada en contra de la tesis el que 
Francia se hallase fuera de la ciudad el 14 y no 
regresara á ella hasta la mañana del i5, con- 
curriendo al llamamiento de Caballero, pues 
como la toma del cuartel fué acordada el 14, 
ya por la tarde seguramente, para las primeras 
horas de esa misma noche, es de presumir que 
no se pudo ó no se quiso avisarle para no sus- 
citar con tanta agitación sospechas más vehe- 
mentes de las que ya tenía el Gobierno; pero 
luego que desapareció este motivo de temor, 
Caballero se apresuró á escribirle á Francia 
que viniera á la capital y le dio el elevado pues- 
to que le correspondía. 

Y si esta convicción surge, á poco que en 
ellas se ahonde, de las escasas noticias que se 
tienen de aquella transformación política me- 
morable, es de esperar que á medida que to- 
men entre nosotros mayor incremento los es- 
tudios históricos, más copiosas han de ser las 
pruebas que vayan encontrándose. Las que si- 
guen proceden de los más conspicuos revolu- 
cionarios, y paréceme que después de leídas no 
habrá nadie que vacile en reconocer una ver- 
dad tan abonada. 

El P. Fr. Fernando Caballero, tío de Fran- 
cia, le escribía el 3 de Agosto de 181 1 con oca- 
sión de su primer retirada de la Junta: </ del 

juicio, y talento de Vmd. no puedo persuadir- 
me, q.e quiera abandonar los asuntos públi- 
cos, é interesantes á nra. Patria, q.e pendían 
de su buena dirección en sus principios, y mu- 



192 

cho mas dependen de Vmd. p.^ su felis con- 
clus.n » (i). 

D. Antonio Tomás Yegros le decía en la 
misma fecha: «Digame Pariente p.r Dios como 
nos hemos de componer, mire q.e (Vm. sabe 
mejor) en quatro dias se pierde nra. gran 
obra, y p.r consiguiente nra. Patria con las re- 
sultas q.e amenazan ya ésta commoc.n » (2). 

Sus colegas de la Junta le decían por su par- 
te el 6: «Nos lisongeamos no mirar con indi- 
ferencia una obligación, de que ninguno está 
exeptuado en suplicar, rogar é instar á Vmd., 
á fin de que (pospuesto todo resentimiento) 
sigamos nuestra grande obra. i (3). 

Pero quien es más explícito que nadie y re- 
suelve definitivamente toda cuestión, si alguna 
cabe todavía, es D. Pedro Juan Caballero, con 
la carta que dirigió á Francia el 10 de Agosto. 
Por su grande importancia la transcribo ín- 
tegra: 

«Estimadísimo dueño, y compañero: su reti- 
rada á esa su chacra me ha llenado de senti- 
miento, asi por el afecto particular que le pro- 
feso, como p.r q.e las grandes obras interesan- 
tes á ntra. patria, y bien publico, q.e se han 
enpesado á estableser con su particular influ- 
xo, y dirección^ tal vez no se podran llevar á 

( 1 ) MS. del Arch. Nac. 

(2) Autógrafo cit. (MS. del Arch. Nac,) 

(3) MS. del Arch. Nac. Fírmanlo Yegros, Caballero y 
Mora. 



193 

su perfección; ó de tal modo se entorpeseran, 
q.e apenas podremos ver su conclucion. Y asi 
he de mereser á Vmd. no me pribe de sus ve- 
llos, y asertados ynfluxos, con q.e hasta aquí 
ha dirigido los asuntos comunes de esta ntra. 
provincia, q.e nunca mas q.e ahora nesecita 
de la común cooperación de sus hijos, para 
fixar su felicidad. 

>A ntra. vista espero desinprecionarle de mi 
conducta en Ord.n á su particular; no obstan- 
te ser manifiesta mi adhecion á Vmd., y mi re- 
conosimiento a su buena, y asertada direg- 
cion en las arduas en presas, q,^ hemos tenido 
entre manos. D (i). 

(i) MS. del Arch. Nac: autógrafo. 



13 



APÉNDICE B (I) 

Es grande la diversidad de opiniones que 
acerca de la limpieza de linaje del Dr. Fran- 
cia se profesan, y aun parece que sobre su 
verdadero nombre hubiera dudas, pues en el 
Clamor de un Paraguayo, publicado á gui- 
sa de apéndice de la Descripción de la Pro- 
vincia del Paraguay y atribuido á Molas, se 
le llama ((Gaspar García Francia (y ahora Ro- 
dríguez de Francia)» (2), confusión ésta deri- 
vada de tomar por otro apellido el nombre de 
pila de su padre. 

Rengger (3) le da abolengo francés, aaun- 

(ij Los datos que aqui consigno, en gran parte nue- 
vos, están entresacados de una pequeña monografía pu- 
blicada, con el titulo de Breves noticias sobre el Dr, Frait' 
cía antes de 1811, en La Opinión, núms. 358 y 359 (12 y 
13 de Febrero de 1896). 

(2) Descripc, pág. 108. 

(3) Essaihist. cit., pág. 7, De esta opinión de Reng- 
ger participan Mantegazza [Rio de la Plata e Tenerife, pá- 
gina 188), Mastermann [Siete años de aventuras en el Pa- 
raguay^ pág. 30), el insubstancial, farragoso y pedante 
Tobal [El Dictador Francia ante Carlile, pág. 42) y algún 
otro de tan escasísima autoridad como los citados. 



igb 

que generalmente se le cree de origen portu- 
gués» (i); paraEyzaguirre(2)es «hijo de un ita- 
liano, vecino y comerciante de Asunción»; y 
Carlile (3) vacila entre declarar á su padre 
oriundo de Portugal ó de Francia, y sólo sabe 
de su madre que debió existir, porque tenía 
que nacer necesariamente de mujer. 

La legión de los que le hacen descendiente 
de García Rodríguez Franca, natural del Bra- 
sil, apodado Carioca por ser originario de 
Río de Janeiro, y mayordomo de la fábrica de 
tabaco torcido de Yaguarón, es numerosísi- 
ma. El más genuino representante de tan ex- 
traviada tendencia es el porteño Somellera (4), 
cuyas aseveraciones tocan en las lindes de lo 
incaliñcable, pues habiendo sido él asesor del 
Gobierno del Paraguay precisamente en una 
época en que en razón de su empleo era for- 
zoso que conociese los antecedentes de D. Gar- 
cía, ya que no por los nada antiguos copiosos 
documentos en que ellos constan, siquiera por 
tradición de las personas con quienes estuvo 
en contacto, el desfigurarlos aparece por modo 
clarísimo como obra de una pasión insana y 



(I) Ob. cit., pág. 8. 

(2j Los intereses católicos en América, tomo 1, pági- 
na 1S6. 

(3) El Dr. Francia, trad. de L. M. Drago, publicada 
en el año II, núm. 10 de la Revista del Paraguay. Véase 
la pág. 454. 

(4) Ilotas á Rengger, págs 209 y siguientes. 



197 

de un rencor que no tiene asomos de nobleza. 
Contribuyeron á difundir esta herejía, con gra- 
ve menoscabo de la verdad histórica, la Des- 
cripción de la Provincia del Paraguay (i), 
Demersay (2), Washburn (3), Zinny (4), Ar- 
cos (5), Ramos Mejía (6), Carranza (7), y aun 
el Dr. Báez (8), que, sin embargo, abjuró lue- 
go de ella (9), gracias al erudito historiador 
argentino Sr. Pelliza, que en 1883 (10) protestó 

(i) Edic. cit. , pág. 18. 

(2) Hist. du Parag., tomo II, pág. 349; Le Dr. Fran- 
cia, pág. 3. 

(3) Ob. cit., pág. 564. 

(4) Ob. cit., págs. 1797275. 

(5) La Plata, pág. 545. 

(6) Las neurosis de los hombres célebres, segunda par- 
te, pág. II. 

(7) Nota á la Descripc, pág. 32. 

(8) El Dictador Francia, artículo publicado en La Ilus- 
tración Paraguaya, núm. 16. 

(9) Datos biográficos del Dr. Francia, artículo publi- 
cado en La Democracia, núm. 3.089, del día 9 de Octu- 
bre de 1891. Debemos advertir, á pesar de lo dicho, que 
el Dr. Báez fué entre nosotros el primero que se sustrajo 
á las estrecheces de criterio con que se suele apreciar la 
vida política del Dr. Francia, y señaló á la gratitud pú- 
blica los méritos que tiene contraídos con la patria. Aun- 
que el Dr. Báez ha tenido precursores en algunos escrito- 
res extranjeros, su feliz y justa iniciativa es digna de elo- 
gio, como tendente á introducir la imparcialidad históri- 
ca, que hartas quejas tiene de los pseudo-liberales que no 
creen que un tirano sea capaz de pensar ni hacer nada bueno. 

(10) Introducción del Ensayo Histórico cit. 



198 

contra la inexactitud de todas estas aserciones, 
que me toca rectificar de manera más cumpli- 
da é incontrovertible, con documentos que 
hacen plena luz en la materia y constituyen 
pruebas que no pueden ser argüidas de sospe- 
chosas. 

En el informe que el 18 de Agosto de 1809 
dirigió el Cabildo de la Asunción al Virrey de 
Buenos Aires con motivo de la elección del 
Dr. Francia para representar al Paraguay en 
el sorteo del diputado que lo sería del Virrey- 
nato en las Cortes españolas, se le declara 
«hijo legitimo de Padres notoriamente nobles, 
que lo fueron Don Garcia Rodríguez de Fran- 
cia, antiguo Capitán Comandante de Milicias 
de Artillería de esta Provincia, y Doña Maria 
Josefa de Velazco.» (i). Fué D. García natural 
de Oporto (Portugal) é hijo de teniente de ar- 
tilleros (2), y entró en el ejército real de Espa- 
ña en muy temprana edad, el año de 1758 (3). 
Ascendido por el Gobernador D. Agustín Fer- 

( 1 ) MS. del Archivo Nacional, en parte publicado con 
bastante fidelidad en la citada introducción de Pelliza 
(véanse las págs. 30 y 31). 

(2) MMSS. del Arch. Nac: hoja de servicios de Don 
Garcia, certificada por el Gobernador Alós el 3 de Enero 
de 1787; testamento de Doña Petrona Regalada Rodrí- 
guez de Francia, otorgado ante el alcalde primer juez or- 
dinario de la Asunción, D. Hermenegildo Quiñones, 
en 1842. 

(3) MS. del Arch. Nac: certificado del Gobernador 
Pinedo expedido en 3 de Enero de 1778. 



199 
nando de Pinedo á alférez el 20 de Diciembre 
de 1771 (i), después de haber servido tá su cos- 
ta en las continuas fatigas, como en varias co- 
rrerlas, y assalto de los Enemigos Infieles» (2], 
pasó de las Milicias de infantería en que hasta 
entonces estuvo alistado, al regimiento de Ar- 
tilleros Provinciales, de que era jefe D. León 
de Altolaguirre y Pando, y pronto obtuvo su 
promoción á teniente (17 de Enero de 1774) y 
luego (30 de Agosto de 1776) á capitán (3), 
quedando desde esta última fecha con el man- 
do de la compañía por la retirada de Altola- 
guirre al Perú. En 1777 se le envió á inspec- 
cionar la posición de los portugueses en las 
márgenes del río Ygatymí, como á 140 leguas 
de la Asunción, y por «caminos fragosos, y 
envadidos de Infieles, acompañado con solo 
un Desertor de dha. nación entró á todo riesgo 
en dha. Plaza al silencio de la noche por dos 
ocasiones, y observó con toda exactitud sus 
fortificación. s, y situación. s, trayendo de todo 
noticia individual por plano; assi mismo seña- 
ló la situación, y construió el fuerte con la de- 
nominac.on de S.n Carlos al frente de la refe- 
rida Plaza siéndome— dice el gobernador 

Pinedo (4)— el referido Plano, y fuerte mui 



( I ) MS. del Arch. Nac. : despacho original de este grado. 
{2) Cert. 3 de Enero de 1778 ya cit. 
13) MMSS. del Arch. Nac: despachos originales de 
estos grados. 

'4) Certificado de Pinedo en 1778 ya mencionado. 



200 

Útil, y favorable quando pasé al ataque, y ren- 
dim.to de la dha. Plaza». Desempeñó distintas 
delicadas comisiones, que se le confiaron en 
varias épocas, especialmente para alistamien- 
to de tropas y revista de fuertes y presidios; y 
el 1 8 de Mayo de 1796 la autoridad superior 
de Buenos Aires le confirmó en su grado de 
capitán de la compañía de milicias de artille- 
ría de la ciudad de la Asunción (i), de la cual 
se le separó el 14 de Abril de 1806 (2) para ser 
en virtud de superior orden agregado al pri- 
mer regimiento de caballería de Costa Aba- 
jo (3), y en 14 de Octubre al primer regimien- 
to de milicias de caballería de la provincia (4). 
Ninguno de los gobernadores bajo cuya mano 
sirvió, se ha mostrado parco en alabanzas de 
su valor, fidelidad y abnegación ejemplares (5), 

Alós, en el suyo, de 1787, refiere también que este plano 
iisirvio de modelo p.* el ataque, y rendición, q.e de orn. 
del Rey se hizo á la dha. Plaza; Hasi mismo construio un 
Fuerte de Palo á pique, frente de la Guard.' que los Ene- 
migos tenian sobre el Puerto.» 

(i) MS. del j4rch. Nac,: providencia recaída en una 
solicitud de D. García. 

(2) MS. del Arch. Nac: instancia de D. García pi- 
diendo certificación de sus servicios. 

(3) MS. del y^rch. Nac.: decreto del Gobernador que 
asi lo manda. 

(4) MS. del Arch. Nac: decreto también del Gober- 
nador. 

(5) Véanse especialmente los despachos de promoción 
y los certificados de Pinedo y Alós. 



201 

y D. Lázaro de Ribera dio fe de «su constante 
aplicación, celo, y amor singular al Real Ser- 
vicio de S. M., cuyas buenas circunstancias- 
añade— tiene acreditadas con el honor, inteli- 
gencia y desinterez que há desempeñado á su 
costa y con abandono de su casa y Familia to- 
das las comisiones que le há confiado este Go- 
vierno.» (i). 

Casó D. García con Doña María Josefa Fa- 
biana de Velasco y Yegros, hija de D. Mateo 
Félix de Velasco y de Doña María Josefa de 
Yegros (2), por donde vino á ser tío abuelo del 
Dr. Francia el antiguo Gobernador y Capitán 
General de la provincia, D. Fulgencio de Ye- 
gros y Ledesma (3). Frutos de este matrimonio 
fueron cinco hijos: Doña Lorenza, casada con 
el alférez del primer regimiento de milicias de 
Costa Abajo, D. José Francisco Maréeos y Va- 
llejos, y de cuya descendencia conocemos, 
aparte de varias hembras, á D. José Antonio 
Maréeos y Francia y á D. José María, que en 
18 í4 eran teniente y alférez respectivamente (4); 

(1) MS. del Arch, Nac: providencia que sigue á una 
solicitud de D. García, que pide á Ribera certificación de 
sus méritos. 

(2) MS. del Arch. Nac: véase el escrito que en 28 de 
Enero de 1803 presentó el Dr. Francia en el pleito contra 
Doña María Josefa Zavala sobre la intentada posesión de 
un solar contiguo á la heredad de aquél. 

(3 ) Informe cit. del Cabildo. 

(4) MS. del Arch. Nac: «y.* compañía.— Pie de lista 
de revista de los Oficiales, Sargtos., Tambores, Cavos, y 



202 

Doña Petrona Regalada, única que sobrevivió 
al Dictador, y cuyo esposo, D. Mariano Larios 
Galván, de quien se divorció por sentencia de 
juez competente á principios de siglo, sin ha- 
ber tenido hijos (i), fué secretario de la Junta 
Superior Gubernativa, pasó largos años carga- 
do de hierros encerrado en los calabozos de su 
hermano político (2), y murió en la Asunción 
en Febrero de 1847 (3); D. José Gaspar, Don 
Juan José y D. Pedro, que casó con la hija de 
D. Juan Manuel Granee y Ferreira y padeció 
de enajenación mental (4). 



soldados que se hallan aquarteladosá sueldo hoy d¡a de la 
fha. Quartel del Colegio 15 de Noviembre de 18 14.» 

( 1 ) Testamento de Doña Petrona Regalada de Francia 
ya citado. 

(2) Clamor de un paraguayo, en la Descripc. Prov. Pa- 

r^g-y P%- "5- 

(3) Demersay, ob. cit., tomo I, pág, 392. De Doña 
Petrona dice Demersay que tenia todas las facciones de 
D. Gaspar, y que no hay ejemplo, según lo que le conta- 
ron, de más exacto parecido. 

(4) Extraigo todos estos datos de un expediente del 
Archivo Nacional, formado en l8lo para la partición ex- 
trajudicial de la herencia dejada por los padres del Doctor 
Francia, y que alcanzó, según el justiprecio délos suceso- 
res, á 9.290 pesos, es decir, 1.838 pesos para cada uno. 
El orden en que hago la enumeración de los hijos de Don 
García es el que se siguió para la formación de las hijue- 
las el 31 de Mayo de 18 10, y me parece el más probable 
por esta circunstancia y las presunciones que se despren- 
den de los otros documentos. 



203 

D. José Gaspar nació en la capital (i), en fe- 
cha hasta hoy muy debatida, pues unos creen 
que fué el 6 de Enero de 1756, otros igual día 
de 1758 y otros el 6 de Octubre de 176^, sin 
que ninguno de estos asertos se funde en la 
más ligera prueba. Me inclino, pues, mejor á 
aceptar el testimonio del Cabildo de la Asun- 
ción, que en su ya varias veces aludido infor- 
me, seguramente hecho en este particular con 
noticias suministradas por Francia, afirma ser 
su edad la de cuarenta y tres años en aquél de 
1809, de manera que habría nacido por 1766. 

Hizo sus primeros estudios en la ciudad na- 
tal, en los malos colegios religiosos de la épo- 
ca (2), y no en el Real Seminario de San Car- 
los, como muchos afirman, pues fundado éste 
en 1783 (3) y habiéndose graduado Francia á 
principios de 1785 (4), después de cursos que 
debieron costarle algunos años, hay material 
imposibilidad de que hiciera los preparatorios 
en el Seminario (5). Enviado á la Universidad 

(i) Informe cit. del Cabildo. 
{2J Rengger, ob. cit., pág 8. 

(3) Rengger, ob. cit., págs. 8 (nota) y 169. 

(4) Garro, Bosq. Hist. de la Univers. de Córdoba, pá- 
gina 521; Carta de Francia á su apoderado en 26 de Mayo 
de 1783, publicada en la introducción de Pelliza, pág. 20. 

(5) El grado de Maestro en Filosofía ó Artes constaba 
de tres cursos y dos años de pasantía (Const. 17 de la 
Universidad de Córdoba: Garro, ob. cit., pág, 406), y 
quien quiera recibirse de Bachiller en Teología «hade ser 
primero maestro en artes, ó probará sus tres cursos i se 



204 

de Córdoba, los prosiguió «con manifiestas 
ventajas» (i), y en 1785 recibió, expedido por 
el limo. Obispo Fr. José Antonio de San Al- 
berto, después Arzobispo de Charcas, su título 
de Doctor en Sagrada Teología, el cual supo- 
nía los de Bachiller, Licenciado y Maestro en 
Filosofía y de Bachiller y Licenciado en Teo- 
logía (2), únicos que en aquel entonces conce- 
día la Universidad, pues la enseñanza del De- 
recho es de institución posterior (3). Vuelto á 

examinará de suficiencia en ellos» (Const. ^^), necesi- 
tándose aún dos años de pasantía para optar al Doctorado. 
«Los cursos se probarán al fin de cada un año», dice la 
constitución 15, y aunque sean aplicables á este precep- 
to (no lo es ajuicio mío) la advertencia hecha por Garro 
(pág. 60, nota) y la constitución 28, sobre que en mate- 
ria de grados, «curso^ año de estudios, año de pasantía i 
demás expresiones equivalentes, significan en el lenguaje 
de las Constituciones la duración de tiempo que corres- 
ponde á seis meses i un día», siempre vendremos á parar 
en que, á pesar de prescindir de lo que se invirtiera en 
plazos para exámenes, matrículas y vacaciones, Francia 
tuvo que estar estudiando en Córdoba mucho antes de 
1783, en que se fundó el Real Colegio Seminario de San 
Carlos en la Asunción. 
(i) Inf. cit. del Cabildo. 

(2) Véanse las Constituciones de la Universidad pu- 
blicadas en Garro, ob. cit.; otro escrito de Francia en el 
pleito con la Zavala, y el informe del Cabildo ya mencio- 
nado, (MMSS. del archivo Nacional.) 

(3) El Virrey Arredondo, por auto de 26 de Febrero 
de 1 79 1, creó una cátedra de Instituta en la Universidad 
de Córdoba, con cargo de que en su enseñanza se hicieran 



205 

su patria el Dr. Francia y vacante en 1786 la 
cátedra de Latinidad en el Real Seminario, en 
circunstancias en que no se hallaba persona 
que la regentara, le fué confiada y la «desem- 
peñó cavalmente con su exemplo, aplicación, 
y adelantara. to de los alumnos del expresado 
Seminario, y demás concurrentes de fuera», 
sin percibir sueldo alguno en los siete meses 
que la tuvo á su cargo (i). El 24 de Febrero de 
1787, á causa de la renuncia del catedrático de 
Vísperas de Teología dogmático-moral. Doctor 
D. Alonso Báez, y «siendo notoria la buena 
conducta, y literatura del D.r D.n Josef Gaspar 
Francia y Velasco), le nombró en su reemplazo 
el gobernador D. Pedro Meló de Portugal (2). 

notar «de paso las concordancias ó discordancias que ten- 
ga con nuestro derecho real, para que desde luego vayan 
los estudiantes instruyéndose en éste». Once fueron los 
primeros alumnos de jurisprudencia, cuyo estudio comen- 
zó á fines de Junio del mismo año. Por auto de 15 de Ju- 
nio de 1793 Arredondo estableció otra cátedra más de 
Instituta, y á sus gestiones debió la Universidad de Cór- 
doba la facultad de conferir grados en derecho civil, que 
se le otorgó por Real cédula de 20 de Septiembre de 
1795, fecha en San Ildefonso. El primero que obtuvo el 
doctorado fué D, Pedro Alcántara de Somellera, el 9 de 
Octubre de 1797, y el quinto D. José Manuel Báez, para- 
guayo, en 1802. [Véase Garro, ob. cit., cap. XI.) 

(i) MS. del Archivo Nacional: certificado que el 21 de 
Febrero de 1789 expidió al Dr. Francia el Cancelario 
Dr. D. Antonio de la Peña. 

(2) MS. del Archivo Nacional: decreto original del 
nombramiento. 



206 

Pero la independencia en el pensar del joven 
maestro parece que no fué del gusto del Vi- 
cario general (i), quien á fin de hostilizarle 
puso á concurso la provisión de esta cátedra 
por cuatro meses (13 de Octubre de 1788 á 13 
de Febrero de 1789). Dos únicos aspirantes se 
presentaron: el Dr. D. Francisco Javier Boga- 
rín, que entonces enseñaba Filosofía, y el Doc- 
tor Francia, cuyo fué el triunfo, siendo el 25 
de Marzo de 1789 propuesto por el Obispo 
Fr. Luis de Velasco y Maeda, y nuevamente 
nombrado el 27 por el gobernador Alós (2). 
Tomó posesión solemne de la cátedra bajo ju- 
ramento al día siguiente (3) y la dictó hasta la 
renuncia voluntaria que de ella hizo (4). 

(íHá tenido particular aplicación al estudio 
del Derecho, en cuyas materias ha manifestado 
á satisfacción del Publico, y de los Magistra- 
dos suficiente capacidad, y extensión de cono- 
cimientos en los varios encargos del Foro que 
se le han confiado, como han sido los de De- 
fensor de Capellanías, y Obras Pias y de Pro- 
motor Fiscal de Real Hacienda, asi como en 
las Causas de Pobres que se le han encomen- 



(1) Pelliza, Introd. al Ensayo histórico, pág. 19, 

(2) MS. del Archivo Nacional: decreto de este nom- 
bramiento. 

(3) MS. del Archivo Nacional: diligencia de la pose- 
sión. 

(4) MS. del Archivo Nacional: escrito de Francia en el 
pleito con la Zavala. 



207 

dado, conduciéndose siempre con honor, y 
rectitud. 

))Por su reputación y buen nombre fué elec- 
to el año de mil ochocientos ocho Alcalde Or- 
dinario de primer Voto de esta Ciudad, cuyo 
cargo desempeñó cumplidamente, asi como el 
de Diputado interino del Real Consulado que 
exerció por la mitad de su año á falta del 
Proprietario, y ñnalmente en el presente que 
corre (1809) fué electo Sindico Procurador 
general, que es el oficio en que actualmente 
se halla. )^ (1). 

Dotado de relevantes prendas, fueron gran- 
des la influencia y el respeto que le rodeaban, 
y bien manifiestos aparecen al tratarse de dar 
cumplimiento á la Real orden de 22 de Enero 
de 1809. «Considerando que los vastos, y pre- 
ciosos Dominios que España posee en las In- 
dias no son propiamente Colonias, ó Factorías 
como las de otras Naciones, sino una parte 
esencial, é integrante de la Monarquía Espa- 
ñola, y deseando estrechar de un modo indi- 
soluble los sagrados vínculos que unen unos, 
y otros Dominios, como asi mismo correspon- 
der á la heroyca lealtad, y patriotismo de que 
acaban de dar tan decisiva prueba á la España 
en la coyuntura mas critica que se ha visto 
hasta ahora Nación alguna»; les acordó Su 
Majestad el derecho de «tener representación 

(i) MS. del Archivo Nacional: Informe cit. del Ca- 
bildo. 



208 

Nacional inmediata á su Real Persona, y cons- 
tituir parte de la Junta Central Gubernativa 
del Reyno por medio de sus correspondientes 
Diputados». Competía al Virreynato de Bue- 
nos Aires el nombramiento de uno, para lo 
cual los Ayuntamientos de las capitales cabe- 
zas de partido elegirían á «tres individuos de 
notoria providad, talento, é instrucción exen- 
tos de toda nota que pueda menoscabar su opi- 
nión Publica con las calidades que consti- 
tuyen un buen Ciudadano, y zeloso Patricio». 
Sorteado uno de éstos, concurriría á Buenos 
Aires, en donde, hecho el sorteo definitivo con 
los demás de su clase, quedaría así designado 
el representante del Virreynato. En sesión del 
17 de Julio fijó el Ayuntamiento de la Asun- 
ción el día 31 para elegir los tres diputados, 
lo que no se llevó á cabo por indisposición 
del alcalde provincial, D. Manuel Juan Múji- 
ca, hasta el 4 de Agosto, que en Cabildo ex- 
traordinario fueron nombrados unánimemente 
el Gobernador Velasco, el Dr. Francia y el 
Teniente Coronel D. José Antonio de Zavala 
y Delgadillo, y de éstos sorteado Francia por 
mano del niño español Manuel García Diez, 
jurando en consecuencia el cargo. El Virrey 
aprobó su elección el 17 de Septiembre (i). 



( I ) La Real Orden de 22 de Enero de 1 809 y todas las 
diligencias de esta elección se hallan en una copia legali- 
zada por el escribano público y de gobierno D. Jacinto 
Ruiz y dada á Francia á petición suya. Figura este expe- 



209 

El temple de su alma privilegiada lo demos- 
tró Francia desde muy joven en su contienda 
con el Vicario general, que le despojó injusta- 
mente de la cátedra que dictaba, contienda 
en que no cejó hasta obtener cumplida repa- 
ración (i), y más tarde con su proceder en los 
cargos públicos. «Un hombre de su carácter, 
dice Rengger (2), tenía que ser también inde- 
pendiente en los empleos, y lo fué tanto en 
su vida pública, como lo había sido en la pri- 
vada. No procurando agradar ni al gobernador 
ni á los españoles, defendiendo á su país con- 
tra las pretensiones de la metrópoli, se mostró 
juez tan incorruptible como fué íntegro abo- 
gado. Esta conducta le valió la estimación y el 
aprecio de sus compatriotas.» (3). 

diente, por rara casualidad, en la defectuosisima catalo- 
gación del Archivo; pero se había perdido ó extraviado y 
no teniamos de él más noticias que las suministradas por 
Pelliza en la Introducción de Rengger, tomadas de otro 
igual que existe en Buenos Aires, enviado en 1809 para 
la aprobación del Virrey, hasta que encontré yo la copia 
auténtica á que me refiero en un legajo de manuscritos, 
intitulado Papeles sueltos inútiles. 

(i) Pelliza, Introd. Rengger, pág. 19. 

(2) Essai historiqíie , pág. ii. 

(3) Concuerdan con esta opinión de Rengger, Famin, 
ob. cit., pág. 41; Demersay, Hist. du Parag., tomo II, 
pág. 351; Zinny, ob. cit., pág. 278, etc., sin que nadie la 
haya contradicho hasta hoy. 

FIN 



índice 

CAPÍTULO PRIMERO 

REVOLUCIÓN DE BUENOS AIRES 



Págs. 



Situación crítica de España.— Noticia que de ella 
se tiene en el Río de la Plata.— El Virrey Cisne- 
ros: su manifiesto del l8 de Mayo.— Agitación 
pública.— Convocación del Cabildo abierto del 
22: deposición del Virrey é institución de una 
Junta de Gobierno por él presidida. — Descon- 
tento con que se la recibe.— El Cabildo la exhor- 
ta á que mantenga su autoridad. — Definitiva des- 
titución del Virrey: establecimiento de la Junta 
Provisional Gubernativa 

CAPÍTULO 11 

RESISTENCIA DEL PARAGUAY CONTRA 
LA JUNTA PROVISIONAL 

Resistencia opuesta por algunas provincias al re- 
conocimiento de la Junta Provisional de Buenos 
Aires. — Actitud hostil del Paraguay: misión de 



212 

Págs. 

Espinóla: odiosidad de este personaje: su torpe- 
za: su fracaso.— Convocación y reunión de la 
Junta General de la Provincia: sus acuerdos: co- 
municación hecha de ellos á la Junta Provisional. 
—Preparativos bélicos del Gobernador del Para- 
guay.— Tentativas é intimaciones de la Junta de 
Buenos Aires para hacerle acatar su autoridad. 
— Supremacía del Cabildo de la Asunción. — Dis- 
posiciones de resistencia contra Buenos Aires.— 
Negativa de reconocimiento de la Junta Provi- 
sional por parte del Perú 17 

CAPÍTULO III 

EXPEDICIÓN DE BELGRANO 

Descontento de los aporteñados del Paraguay pro- 
vocado por las disposiciones de Velasco.— Hon- 
rosa resistencia de éste. — La Junta Provisional 
encomienda á Belgrano la conquista del Para- 
guay. — Tentativas de la Junta para prestigiar su 
causa en esta Provincia. — Belgrano inicia su cam- 
paña. — Proclama á los pueblos de Misiones.— 
Invasión de nuestro territorio.— Plan y medidas 
de resistencia de Velasco. — Avístanse ambos 
ejércitos: fuerzas y condiciones de uno y otro. . 45 

CAPÍTULO IV 

DERROTA DE BELGRANO 

Ineficaces tentativas de Belgrano para atraerse á 
los paraguayos.— Situación de nuestro ejército 



2í3 

Pá?s. 

en Paraguary. — Batalla del 19 de Enero: sus pe- 
ripecias: cobardía de Velasco: victoria alcanzada 
por los paraguayos: alarma en la capital.— Re- 
tirada de Belgrano: es perseguido: fuerte posi- 
ción, en que se coloca, sobre el Tacuary: batalla 
del 9 de Marzo: sus accidentes: capitulación y 
retirada de Belgrano: sus incitaciones revolucio- 
narias. —Daños causados á la Provincia por esta 
expedición 77 

CAPÍTULO V 

LA GÉNESIS REVOI.UCIONAUIA 

Nuevas medidas preventivas del Gobierno. —Ingra- 
titud de Velasco hacia el ejército. —Empréstito 
patriótico. — Remisión de los prisioneros á Mon- 
tevideo. -Ocupación de Corrientes por el Para- 
guay.— Fermento revolucionario: conspiraciones 
fracasadas: terreno propicio que encuentran las 
nuevas ideas en esta Provincia.— Opiniones fa- 
vorables á la anexión á Buenos Aires 105 

CAPÍTULO VI 

EL 14 DE MAYO 

Progresos que hace la revolución: circunstancias 
que la favorecen, — La conspiración dirigida por 
Francia. — El 14 de Mayo.— Sometimiento de 
Velasco.— Modificación que se introduce en el 
gobierno. — Medidas tomadas por el triunvirato. 
— Esfuerzos de Francia por nuestra total inde- 
pendencia.— Evacuación de Corrientes 125 



2 14 

CAPÍTULO Vil 

EL 9 Y EL 17 DE JUNIO 



Págs. 



Contrarrevolución meditada por los españoles.— 
Relaciones de Velasco y los portugueses. — Des- 
cubrimiento de estos planes: prisión del Gober- 
nador y de los cabildantes el 9 de Junio.— Reu- 
nión del Congreso General de la Provincia el 17 
de Junio: establecimiento de la Junta Superior 
Gubernativa: bases para la alianza con Buenos 
Aires: otros acuerdos. — Inauguración del nuevo 
Gobierno 131 

Apéndice A 173 

Apéndice B 195 



> 



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en Madrid^ en casa de 

la Viuda e Hijos de 

M. Tello, el 1 8 de 

Mar {O de 

,897. 



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BINDING LIS 



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